La ocupación del Congreso el 25 de septiembre 25S: amenaza u oportunidad

Publicado en agosto 4, 2012

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1. Falta más de un mes para la iniciativa Ocupa El Congreso o más bien de ” rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de Las Cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva Constitución, esta vez sí, la de un estado democrático”. En estos 53 días se hablará bastante de la iniciativa. En realidad, ya se ha escrito mucho al respecto.

Por ejemplo, ya ha salido una parte de la izquierda con el discurso de desconfianza extrema hacia la iniciativa. Adivinan en ella la mano negra de la extrema derecha o la repetición de episodios fascistas como la marcha de Mussolini sobre Roma en 1922 o la ocupación de Tejero del Congreso de Diputados en 1981, como lo puede leerse en el blog de Marat. En un artículo  de Pedro A. García Bilbao, usa la imagen de “pollo sin cabeza que corre” para describir a la iniciativa. Hasta Juan Torres López se ha desmarcado de la iniciativa, negando que fueran suyos unos correos que tomaban su nombre para apoyar la acción.

Inscriben por lo general a la iniciativa en una estrategia de la extrema derecha por conquistar el descontento social que los recortes producen, atribuyen a la acción un movimiento sin rumbo o consideran que la iniciativa no tiene legitimidad suficiente para las exigencias que formula.

El pensamiento y la expresión son libres. Por eso me parece normal que cada movimiento sea mirado con ilusión, con recelos, … En la presente sólamente intento formar mi opinión.

2. Creo ver parecidas sospechas a las que nunca han dejado de gravitar sobre el 15M en algunas personas y sectores de la izquierda. Sobre este fenómeno ya medité en otra ocasión. Mostré mi pesar porque la vieja izquierda no haya sabido reconocer a una hermana en los movimientos integrados en el 15M.

Da la sensación de que personas muy críticas hacia el orden actual de la sociedad, como Marat o García Bilbao, no admiten ningún club en el que ellos no quieran ser miembros, parafraseando al otro Marx. La crítica que ellos realizan a diario sería calificada por muchos sectores sociales como una deslegitimación de las instituciones, pero la crítica de muchas iniciativas populares como la de ocupar el Congreso es considerada por Marat como deslegitimadora del sistema (que tanto critica, con general acierto) para propiciar la llegada por las urnas de un Hitler, tras la desacreditación de la República de Weimar.

Es curioso que sólo relacionen la palabra “toma” con acciones fascistas y no con la “toma de la Bastilla” o el “asalto al Palacio de Invierno” puestos a buscar usos históricos de las palabras “ocupar”, “tomar”. De alguna forma, supone un desconocimiento de que la palabra “toma” ha sido muy utilizada en las acciones emprendidas dentro del movimiento 15M: “Toma la calle”, “Toma la Plaza”, “Toma Bankia”, Occupy Wall Street.

Es innegable que haya riesgos de que el descontento y el desafecto social adopten el camino en el que el extranjero, el gitano, el diferente sean apuntados como chivo expiatorio. Ese riesgo no es desdeñable. Pero el tiempo presente difiere en algo fundamental con el tiempo pasado en el que los fascismos crecieron. Aquellos brotaron también como reacción a proyectos socialistas/comunistas/anarquistas de confrontación con el capitalismo en auge. Actualmente los herederos del movimiento obrero están muy debilitados (como es el caso de la CNT) o están muy distorsionados (como es el caso del PSOE, dentro del núcleo del sistema; del PCE, adoptando un papel de socialdemocracia clásica, o de los sindicatos mayoritarios, burocratizados y consensuando los recortes; ninguno de ellos encabeza con determinación movimientos verdaderos hacia un socialismo, una república, una sociedad laica, una economía decrecida).

Da la impresión de que los dueños de la sociedad no necesitan actualmente de una excepción o del autoritarismo represivo, porque la ordinariedad todavía les funciona bastante bien y guardan en la reserva la represión dentro de este régimen. De otra forma no se explicaría que los últimos gobiernos hayan hecho las reformas laborales, la nacionalización de las pérdidas de los bancos o los recortes en derechos sociales con un nivel tan bajo de protesta.

Ni siquiera la aceleración de medidas regresivas en el último año por el agravamiento de los problemas del sistema (endeudamiento privado de bancos, aumento de la deuda pública, desempleo de una cuarta parte de la población activa) han creado una reacción social pareja y los niveles de uso de la fuerza represiva con el actual Ministro de Interior  se mantienen por ahora en niveles semejantes (expulsión el 16 de mayo de Sol, desalojo de la plaza de Catalunya, cierre de Sol en agosto, represión en Valencia, siempre en acciones espontáneas) a los que practicaron Rubalcaba y Camacho.

3. En una sociedad en la que el acomodamiento, la anestesia, el shock han funcionado muy bien, hay amplios sectores de población que se han visto desamparados por partidos de izquierda, sindicatos mayoritarios e instituciones cuando han llegado los recortes. Es normal que ocurra. Por eso, es igualmente comprensible que sin origen en la extrema derecha aparezcan acciones de protesta desde los titubeos de los desheredados. O también es explicable que personas y grupos críticos con el modelo social y críticos con los actores-que-representan-el-papel-de-críticos-en-la-escena estén explorando el modo de organizar una crítica nueva y ajena a la protesta institucionalizada. Son dos formas de autogestión popular de la crítica sin el paraguas de las viejas marcas de confianza (CCOO, UGT, PCE, IU) para mucha gente.

Insisto. Puede ser que tengan razón Marat cuando piensa que detrás de todo esto haya también un anhelo de colarse de la extrema derecha muy bien organizada (también lo hay en el uso de la efeméride del 15S) o García Bilbao cuando expresa que estos que protestan no saben. Sin embargo mi percepción es diferente, con posibilidad de que el error sea mío. La iniciatiativa parece venir de grupos hipercríticos (en sentido positivo) que rebasan los planteamientos pacatos de sindicatos mayoritarios o de grupos con menor formación ideológica pero huérfanos de defensores, que ven en iniciativas de este tipo una verdadera trascendencia, se acercan y aprenden en ellas. En cuanto a lo que plantea García Bilbao, tristemente constato que en la actualidad ni la protesta ritual que articulan los viejos actores ni la protesta que intentan alumbran sectores desvinculados de aquella obtiene muchos logros, por lo que parece una arrogancia perdonable despreciar las acciones de otros grupos.

Como sea, la naturaleza de la acción no será la de los promotores sino la del día de la consumación, que posiblemente se oriente hacia uno de estos dos perfiles.

4. Diferente de la cuestión de su origen, seguramente saludable, es la posibilidad de obtener sus objetivos de forzar una disolución de Las Cortes y de abrir un proceso constituyente. Si en la cuestión anterior me arriesgo a pensar que no hay razón para tanto alarmismo, aunque sea positiva la vigilancia del creciente peligro fascista, en la valoración de las posibilidades de derribar un régimen monárquico, oligárquico, imperialista, machista, confesional, insostenible, son escasas. La sociedad actual, a pesar de que el descontento haga albergar vanas ilusiones (a veces se confunde el enorme descontento con las necesarias conciencia, organización y voluntad de trasformación), no me parece capaz de caminar hacia una reconstitución social más progresista.

La iniciativa desde luego promete ser más incómoda para el sistema que las acciones típicas de sindicatos y partidos de la izquierda. El sistema ha mostrado públicamente que no se siente cómodo con este nuevo actor en escena porque no sigue el guión de los actores languidecidos por el transcurso de las décadas. Con total seguridad, la reacción ante las miles de personas que paseen por las próximidades del Congreso de Diputados no será asertiva. En este sentido, quizá sea positivo pensar una forma inteligente de desactivar la iniciativa si no tiene fuerza, para que no se alargue innecesariamente. Con todo, serán los protagonistas del evento los propietarios de los designios.

Digo esto sin esperanza de llevarme una sorpresa, pero no le cierro la puerta (nunca lo hago) a la esperanza de que salte una chispa como la del 15M y se produzca un efecto llamada capaz de dar más proyección al movimiento de ajedrez. No hace falta esmerarse mucho en las predicciones ya que la Historia de Ese Día se escribirá en ese momento, como diría Michael Ende.

Desde luego, mi ánimo está más con los que lo intentan y se esfuerzan en la transformación de avance en la incertidumbre que entre los que dirigen el retroceso o quienes deseaban mantener el mundo aberrante de 2005 y se lamentan ahora (no por la injusticia del capitalismo contra generaciones, pueblos, géneros y personas excluídas) porque ellos pueden formar parte de la humanidad maltratada. Desde hace tiempo tengo más simpatía con los espontaneísmos que García Bilbao rechaza que en las protestas rituales y ceremoniosas de un rato, la tarde de algún jueves, dos veces al año.

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