En el nombre del valor, la mercancía, el dinero

Posted on marzo 29, 2016

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Ave, mercancía purísima.

Las relaciones sociales de mercancía crean la necesidad del dinero para dar fluidez a la circulación. La creación social del dinero dinamiza la relación social de mercancía. El dinero también refuerza potencias sociales, como la acumulación. La consolidación de la actitud acumulativa en la sociedad diviniza al dinero, que desplaza a los viejos dioses, como los dioses monoteístas desplazaron milenios atrás a los dioses politeístas.

El Dios de los cristianos era un creador y un juez. Prometía el paraíso después de la muerte a los que llegaran puros o purificados al Juicio Final. El Dios Dinero es una mercancía distinguida sobre cualquier otra. Asegura a sus poseedores el paraíso terrenal, en forma de comodidad, bienestar, consumo, lujo. Así, no es extraño que los hombres prefirieran el pájaro en mano a la eternidad volando y la religiosidad de la resignación cediera el altar a la religiosidad de la complacencia.

La Iglesia era la comunidad de creyentes propia de la sociedad campesina y la explotación-dominación señorial, en la que señores (laicos o religiosos, simples o nobles) obtienen prestaciones personales, rentas en especie, diezmos y otras servidumbres. Su organización en parroquias, abadías, diócesis, órdenes, congregaciones, cofradías se edifica en iglesias y las catedrales, en conventos y monasterios (que se conservan mejor que otras construcciones de los poderes señoriales, como los castillos, porque “los caballeros de industria lograron desalojar a los caballeros de espada”, pero las deidades son creaciones fuertemente incrustadas en la sociedad y se abren paso en la sociedad siguiente, hasta que la otra deidad la desplaza). Papa, cardenales, obispos, sacerdotes, monj*s, una gran organización. La feligresía al final.

Una fe escrita en los libros, unos ritos compuestos de misas, procesiones, fiestas, …

En cambio, la comunidad de creyentes de la Santísima Trinidad del valor, la mercancía y el dinero tiene esa organización dispersa, líquida, imperceptible y ligera de las instituciones modernas, propia para la conurbaciones y la sociedad del salario. La producción en la era de la acumulación de dinero es más compleja y también la obtención de la felicidad en la tierra.

Fe:

  • Tres comidas al día, azucaradas para que el paraíso sea más dulce. Mucho postre y poca verdura triste.
  • Treinta mudas de vestido en el armario, hiladas, tejidas y cosidas por ángeles.
  • Comunicación con brillo, aunque el receptor esté lejos y el cercano esté omitido.
  • Lo mismo, al menos, que el vecino.
  • Velocidad del automóvil, el AVE o el avión frente a la lentitud del burro.
  • Luz en las noches de la ciudades.
  • Calor en el crudo invierno, frescor en el sofoco o en el bochorno del estío.
  • Alivio farmacológico en el dolor.
  • Progreso, crecimiento.
  • Porque yo lo valgo.
  • Sentimiento de que todo mal es conjurable, nada de renuncia.
  • Sentimiento de omnipotencia, autovalencia e innecesidad de instancias trascendentales.

Demos gracias a la mercancía.

Las tiendas son templos de la nueva religión, como las fábricas son los campos de la nueva producción, aunque estén deslocalizadas en la China. La concentración de capitales marca el rito (Zara, El Corte Inglés, McDonall y otros santos).

Navidad ya no es el momento a partir del cual el día crece ni la fecha en la que se convemora el nacimiento del Redentor, sino la fiesta del regalo y la gula, hasta para los que viven en los portales, que reciben una limosna extra, aunque nadie los invite a una cena como en Plácido.

Las imágenes de las catedrales y los sermones de misa son sustituídos por la prensa del XIX, la radio, el cine, la televisión y la publicidad del XX y el internet del XXI. La transmisión de la representación de la sociedad cada vez es más ubícua, cada vez es más cómoda, el smartphone y las redes sociales felizmente llevan la fe hasta el último poro del tiempo.

Pero hay un infierno más acá y global para miles de millones. El explotado en la fábrica asiática o el excluído en los campos de desplazados africanos, la familia sin salario con el que pagar Techo y comida (título de una reciente película, la misma asfixia económica que se puede ver en La inluencia, Dos días, una noche, Hermosa juventud, La lección) en los países occidentales, los Joad de la Uvas de la ira en la década de los treinta. Por no decir que el cielo está empedrado de insatisfacciones, depresiones, ansiedades, comidas tóxicas que enferman, … Para todo eso la nueva religión no ofrece falso consuelo; en los países absorbentes mágicamente del valor algunos remedios para ir tirando, mucho discurso de emprendimiento o de empleabilidad.

No hay que olvidar que somos siervos del capital, no necesite o prescinda de nuestros servicios. Muchos serán los llamados, pero pocos, los elegidos, a la mesa del Señor.

Perdonen lo que pueda ser blasfemia.

Les dejo con la palabra de Dios.

Amén.

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