El techo del capitalismo

Posted on octubre 8, 2013

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Desde hace unos siglos, las relaciones de capital se han extendido a casi toda la economía y la actividad humana, más para quienes vemos el mundo desde los desmemoriados ojos europeos. En la extensión de esas relaciones, muchas personas desposeídas de medios, propios, cedidos o arrendados, para satisfacer sus necesidades básicas han tenido que aceptar relaciones de explotación (de largas jornadas, de ambiente tóxico, de actividades peligrosas, lejos de su residencia; en occidente más cómoda) para obtener un cachito de la hiperproducción social, en forma de salario versátil en el mercado. Peor aún, un número creciente de personas han terminado excluídas de esas relaciones de explotación y por supuesto de otras formas autónomas de obtener medios con los que organizar sus vidas.

En paralelo, muchos medios progresivamente más productivos han acabado en la propiedad de un número descendente de personas (socializadas y difusas), que compiten sin descanso, entre sí y en la selva del mercado en el que aquel que se atrasa perece y que han acumulado al mismo tiempo un poder enorme para la dominación de quienes no tienen timón.

Por medio de la visualización social del salario como única vía de obtener los medios de subsistencia y el eclipse de toda forma autónoma de organización de la vida, a través de la coacción del sistema con la amenaza constante de la expulsión de los puestos de trabajo y consecuentemente de la participación en el reparto de la renta a veces mísera, de la dependencia especialmente de grandes empresas y el estado para cubrir como consumidores las necesidades básicas, las modeladas y las creadas, de los medios de educación, de los medios de comunicación, del control social con la tecnología, de las instituciones de orden público del Estado, … las mayorías estamos atadas a la megamáquina… de la misma forma que las oligarquías se amarran a un modo de vida esclavo, al estrés, a la ambición que no permite la paz, a cambio de salarios de privilegio, poder, acumulación de patrimonios personales, lujos, distinción, comandando las corporaciones que componen la megamáquina.

Las lógicas del despojo, la explotación, la exclusión; la competencia, la concentración y la acumulación han conducido la expansión apisonadora hacia territorios libres de esa multilógica sistémica.

Estas relaciones de capital han exterminado una gran diversidad de relaciones sociales previas y simultáneas donde imperaban otras lógicas, tampoco idealizables. Muchos pequeños productores han sucumbido ante la competencia con los grandes y otros pequeños actores han sido absorbidos como asalariados manifiestos o encubiertos (como el agricultor que compra sus semillas a una multinacional, los pesticidas y fertilizantes a otra multinacional, que vende su cosecha a otra multinacional de la distribución). A muchas comunidades se les ha destruído el  hábitat donde organizaban su vida colectivamente, por la maldición de asentarse sobre un suelo que ofreciera interés (petróleo, litio, posibilidades de almacenamiento de agua para la construcción de una presa de energía hidraúlica, vientos para instalar turbinas, fertilidad agrícola) a algún actor fuerte de la lógica (una de las corporaciones invencibles).  También la explotación ha sido relocalizada al menos temporalmente en países a los que no había llegado en los primeros tiempos de esta conquista de todo espacio, de toda actividad para evitar las resistencias creadas en los países de origen.

Para la conquista de toda esfera humana (desde la fabricación de las piezas necesarias para el montaje de una fábrica hasta los cuidados de los niños en guarderías llamadas escuelas infantiles, porque los padres tienen el impulso de abandonar esos cuidados para obtener salarios) el sistema ha usado la fuerza, como la expulsión del pequeño productor incompetitivo, como el expolio con los cuerpos y fuerzas de seguridad o con los ejércitos de comunidades que han defendido la tierra que les había acogido desde tiempos inmemoriales, como la guerra, …; pero también la seducción de un salario hipnotizante que engancha al individuo con una megamáquina mucho más potente y prometedora de la felicidad material que la herramienta sencilla de las personas y comunidades que han renunciado alguna vez a su incorporación a la megamáquina.

El universo que escapa a esa lógica ha disminuído porque la megamáquina ha colonizado mentes proletarias (la servidumbre voluntaria se pactó a cambio de la sociedad de consumo o de bienestar o la resignación), territorios (durante siglos de conquistas, de guerras imperialistas que nunca terminarán, con el neocolonialismo de grandes empresas con mano libre contra los pueblos por la complicidad de sus oligarquías y gobiernos,incluso en países gobernados por una idealizada izquierda), actividades (se ha extendido desde algunos bienes como las herramientas manuales de trabajo en la Edad Media hasta la mercantilización de los juegos de los niños, del cuidado de niños, dependientes y ancianos, de la muerte), …

La megamáquina ha arrollado mucho de lo que ha interpuesto en su camino con su seducción dorada o su fuerza oscura. La historia de esta sociedad imbatible y arrogante ha coincidido con la historia de la ciencia y la tecnología que han sabido despertar la enorme fuerza durmiente (el carbón, el petróleo, el gas natural, el uranio) bajo la tierra y bajo el mar y armado ese gigante torpe con cantidades gigantescas de minerales, provocando enormes heridas en la tierra en forma de minas y construído fábricas, nodos de distribución, aviones y aeropuertos, barcos y puertos, trenes de alta velocidad, autovías, hospitales, macroescuelas, cárceles, residencias de cemento, hoteles para la residencia vacacional, … Seguramente el titánico monstruo que agota su alimento y lo destruye todo (la tierra desdiversificada, sellada con cemento, envenenada con tóxicos; el aire saturado de gases nocivos; el agua de los vertidos urbanos e industriales, la limpieza de los buques) en su ciego andar haya alcanzado durante estos lustros la plenitud de su vida destructiva.

Las personas excluídas, las personas explotadas, las personas acomodadas, las personas encumbradas, … generalmente nos movemos por una rutina inspirada por un miedo

En mi vida he escuchado mucho discurso satisfactorio por los logros de ese monstruo impulsado por los watios de la combustión y la ambición agregada de unos pocos que tienen mucho y de otros muchos que tienen poco contra los que no tienen nada o casi no lo tienen, contra las posibilidades de supervivencia de otras especies y de futuras generaciones. La esperanza de vida, la vida cómoda, … También he escuchado mucho discurso ilusionado con domesticar al monstruo que lo devora y destruye todo. Pero el monstruo lo ha consumido todo y sólo le que el atragantamiento al autofagiarse, haciéndose daños en las partes que se mantienen lejos de la cabeza.

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