La salud del capitalismo

Posted on marzo 31, 2015

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La salud del capitalismo

En la conversación librada en la anterior entrada, el atento comentarista Jesús expone desde su conocimiento y dominio de diversas líneas de reflexión crítica, como el capitalismo está en crisis permanente, deduciendo esta idea de la teoría marxista de la contradicción interna del capital o la bajada tendencial de la tasa de ganancia. Mi observación y mi opinión es diferente. Como la reflexión de estas semanas tocaba este punto, intento formalizar aquí esa opinión.

Desde luego, cuando intento exponer una tesis sobre la salud del capitalismo, me alejo del análisis común del capitalismo como escenario histórico de la lucha de clases entre burguesía (con sus instituciones renovadas: grandes corporaciones internacionales, que organizan una tupida red en la que se difumina su identidad) (en sus instituciones: nación, democracia representativa) y proletariado (con sus instituciones: sindicatos, partidos) (con sus métodos: elecciones, movilización de protesta). En la caverna de la conciencia en la que habitamos y de la que somos víctimas confundimos esas sombras con la realidad. En épocas de encantamiento, como la década larga de 1996-2008, parece que no hay tensión dramática en ese teatro. En épocas de desencanto, como la actual, el escenario se vuelve a llenar de actores y de énfasis.

El capitalismo es un sistema biocida (arrasando con su racionalidad homogeneizadora la diversidad de vidas que se enredan para crear sistemas complejos y resilentes (adaptativos)), homicida (condenando a pueblos periféricos y a clases e individuos en el centro a una obsolescencia, una inutilidad, un abandono, hambre, frío, calor y muerte modernos), genocida (eliminando por expulsión o por asimilación la diversidad cultural creada por la humanidad para adaptarse a los muchos sitios en los que estableció su hogar). Esta declaración debe formularse antes de empezar, porque el diagnóstico de salud del sistema no significa la aprobación moral del sistema, por supuesto. Con todo, teniendo en cuenta la consistencia y la terquedad de las fuerzas sociales que alimentan al sistema social, parece que poco puede el esfuerzo de comprensión del sistema por unos pocas personas con esta inquietud.

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Jesús, como Jonh Holloway (de forma diferente), considera que la crisis del capitalismo se produce en la crisis del trabajo abstracto. Marx considera que la carrera del capital por la reducción de la importancia del factor trabajo en el proceso productivo (para el aumento de la plusvalía de forma relativa), por medio de la mejora de la organización del trabajo y de la tecnología, lleva pareja una carrera hacia la reducción del capital. En esa doble carrera decrece el trabajo abstracto puesto en funcionamiento para la obtención del objetivo de acumulación, en contexto de competencia. En el plano teórico, el capital, para mantenerse en vida, crea una lógica tendente a su liquidación.

En el plano real, se puede considerar que el proceso teorizado es causa de procesos históricos como la concentración del capital en la selva de la competencia (la expropiación de capitalistas espabilados de los capitalistas atrasados) o, en el reverso, como el progresivo aumento de la población desempleada porque la técnica los hace prescindibles. El dinamismo del capital produce una expansión de su lógica por el espacio (en los tiempos actuales se observa como se recoloniza el mundo para extraer las últimas gotas de energías fósil o para producir los alimentos de las naciones centrales) y por los sectores económicos (hemos visto como la lógica de la mercancía ha invadido hasta los cuidados personales), buscando el aumento de la masa de plusvalía, disminuída en los sectores de más antiguo asentamiento. Otras formas de huir de la predicción es la financiarización (cuando el capital dinero no sabe retornar para al proceso productivo para acceder a plusvalías ya que la sociedad está saturada de mercancías que no se pueden adquirir, el dinero busca su acrecimiento en la especulación con acciones, materias primas o lo que sea).

La concentración de capital, el desempleo, la economía de escalas, la mercantilización de todo, la financiarización son procesos derivados del desarrollo de la lógica del capital, del capitalismo, que acompañan a este en su senda hacia la reducción del trabajo abstracto y del valor.

Si llevamos la teoría hasta el final nos encontraríamos en un absurdo en el que ya no es necesario ningún trabajo porque la tecnología lo hace innecesario, el capital se concentra en una unidad de valor, la capacidad productiva de valores de uso es infinita, la sociedad es totalmente inútil y excluída de los medios de subsistencia o de satisfacción de cualquier necesidad o deseo.

Sin embargo la Historia pone límite infranqueables para el desarrollo de estas premoniciones. Desde la formulación de esta ley de tendencia, se expresaron varias contratendencias que retrasan el momento crítico en el que alcanzamos la distopía perfecta. Con la visión histórica de un siglo y medio hemos visto como el capitalismo ha tenido su mayor aproximación hacia ese límite por medio de su etapa fosilista, que dura ya un par de siglos y todavía promete aguantar algunas décadas o algún siglo más, ahora recorriendo la vertiente descendente (y pestilente) y la disminución de la composición orgánica del capital, con su consecuencia de recuperación de la necesidad de trabajo.

En este pronóstico de agotamiento del capitalismo no puedo diagnosticar una crisis del capitalismo. El capitalismo puede encontrar con su capacidad para adaptarse las formas de dominar a su creador.

Por su parte, Jonh Holloway considera que la crisis del trabajo abstracto ocurre en las infinitas e infinitésimas resistencias que la sociedad y las personas oponen a la lógica de la mercancía, del salario, del dinero, del capital. El festeja las grandes grietas, rebeldías, dignidades como la que abre el zapatismo (quizá la sociedad del Kurdistán), pero también la multitud de pequeñas grietas que se abren en el tejido social que ha formado la lógica del capital.

Es positivo pensar que bajo la triste apariencia de hegemonía de la relación de mercancía en las sociedades late una amenaza. Ciertamente la lógica de la mercantilización de las relaciones sociales no tiene la suficiente capacidad de invasión total ni con ayuda de la lógica con cara amable del estado, bajo su forma de estado del bienestar. Ni siquiera en esta época del capitalismo fosilista en las naciones enriquecidas, en cuyas sociedades la mercantilización se expandió al máximo y el estado cubrió caritativamente las necesidades de la población expulsada de los circuitos de salario y beneficios.

Sin embargo, en mi observación pesimista del mundo encuentro una multitud de psicologías sujetas a la lógica y grandes aparatos de poder creados por esta lógica infernal devastando el mundo. Las relaciones sociales liberadas apenas tienen aliento en esta parte del milenio para desembarazarse. El fetiche de la mercancía más sus creaciones en un ahora que probablemente dure siglos tiene demasiada fuerza, lo que no quiere decir que no debamos hacer la revolución aquí y ahora en los microcosmos en los que veamos la oportunidad.

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