El mejor bufón del reino es el Rey

Posted on agosto 4, 2012

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La Monarquía se ha convertido en un hazmereir del pueblo. No creo que sea un gran avance hacia una república de gobierno popular (un pueblo consciente), pero estamos en este aspecto un poquito mejor que cuando el Guey (según lo imitan, parece que padece de ratonismo) era algo intocable (no olviden el blindaje que le hacen en el Código Penal de 2005), pero campechano.

¿Se acuerdan por ejemplo de la química entre Su Mediocridad y el Gran (para mí más bien Bobo) Wyoming en el CQC, el superprogre que ante una misma puñalada a los derechos del pueblo calla si la hacen los que le dan programas en la RTVE o le dan cadenas a quienes le contratan y adopta un discurso hiperradical en contra si la hacen los que lo cesan?. El hecho de que un millonario de la farándula al servicio de uno de los dos lados del bipartidismo siga cayendo en gracia para mí es un indicador de que en este carnaval todavía hay mucho antifaz. Lo traigo a colación porque cómicos como él deberán estar preocupados por el intrusismo que Juan Carlos hace.

Para quienes no sepan de que va todo estos, les cuento que después de su caída se han volcado en la red infinidad de montajes fotográficos. Mi favorito es uno en el que está en el suelo y los antidisturbios lo apalean, pues es una doble crítica a una institución no democrática y a una violencia policial criminal. Pienso que si un día el Rey va a una manifestación (reclamando la III República por ejemplo) y los antidisturbios lo tratan así, seguramente alguien se tomaría en serio algo tan grave como los protocolos de actuación en las manifestaciones, las detenciones, la identificación. Otra muy acertada asocia la monarquía al espectáculo taurino y el Rey, como diría Jesulín, es como un toro que intenta clavar sus cuernos al torero, que le tira la estocada. Además, ha habido otras en la que un elefante le hace un traspiés o un jugador le hace una zancadilla.

No se lo digan a nadie, pero sin caerse ya me provoca la risa la pinta. Me recuerda a Alfredo Landa en “Un cateto a babor”.

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La monarquía fue junto con la amnesia de los crímenes de franquismo, los privilegios a la Iglesia, la unidad indisoluble del reino, las cortapisas a la democracia directa, … los consensos de la Transición. La presión popular de los años setenta consiguió arrancar un par de conquistas, como una legislación laboral más protectora para los trabajadores o una fiscalidad más progresiva. Sin embargo, ya desde los años ochenta se mostraron los otros consensos postransicionales que atacaban a los logros de las personas más humildes: en el modelo económico (cada vez menos productivo, cada vez más dependiente; haciendo las infinitas reformas laborales, las incontables reformas tributarias regresivas, las innumerables privatizaciones, las incalculables inversiones sin interés general; permitiendo que camparan a sus anchas los especuladores inmobiliarios y financieros y permitiendo sus fraudes fiscales) y en la sumisión imperial (con la entrada en la OTAN, con la permanencia en la OTAN, con la participación en guerras, con su implicación en aumento).

El hecho de que estén muy extendidas las burlas ante cualquier tropiezo del sucesor de Franco en la Jefatura de Estado es también una muestra de que los consensos y los símbolos se están desgastando. A pesar de los esfuerzo de los monárquicos y juancarlistas (¿cuando se muera o abdique éste (no hay mal que cien años dure) los juancarlistas volverán al republicanismo militante?) hay muchas personas que se suman al escarnio y otras que sin participar muestran su desprecio o su poca estimación por la institución monárquica y por su titular. Tengo la esperanza de que las nuevas generaciones profundicen en el sentimiento de incredulidad por la continuidad de un adorno obsoleto.

Sin embargo, haría un trato con el Diablo. Cien años más de Monarquía por implantar desde ahora un modelo económico en el que se recupere la producción agrícola, se desurbanicen las ciudades, se desarrollen las energías renovables, se establezca unos impuestos hiperprogresivos para devolver al pueblo las plusvalías acumuladas por ladrones de traje y corbata durante los años de malos gobiernos para el pueblo, se persiga el fraude hasta parecer un acoso a la riqueza, de planifique la inserción de las muchas personas expulsadas por las fuerzas de un sistema social inclemente y se imponga el tercermundismo como valor superior a la altura que “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Ya que no podemos disfrutar de la república (por ahora), riámonos a gusto con los pocos deslices borbónicos de los que nos enteramos, que se convierten en sainete del inteligente humor popular. Pero no olvidemos que un mundo mejor espera a que alguien lo levante.

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Posted in: Política