Saber arrogante [Olvidado]

Posted on julio 26, 2017

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La modernidad seguramente ha sido la ignorancia más atrevida que hubo y habrá. Estaba convencida de que su ciencia sería capaz de comprender la realidad, desde las partículas subatómicas hasta el universo, pasando por el átomo, la molécula, la célula, el cuerpo, la sociedad, y su tecnología liberaría a la Humanidad de la condena bíblica de ganarse el pan con el sudor de la frente propia, hasta volver a la Tierra Prometida.
No es un saber mejor, sino más arrogante. Es también un saber impulsor de fuerzas con reacciones desconocidas (destructivas) que se vuelven contra el sabedor inconsciente, más contra la parte expulsada que no supo armarse de arrogancia y poder.
Marx consideró que en la sociedad mercantil, monetarizada y de revalorización incesante el valor se esconde detrás de la mercancía con vida propia. Pero el fetichismo o la inconsciencia son omnipresentes. No permiten ver más allá de una apariencia y una parcialidad que poco explican. En el mundo que escapa a los sentidos se esconde un ser esquivo y devorador de humanidad.
Lejos de ese optimismo cognitivo y tecnológico, henos aquí, en un mundo en el que unos pueblos posan su bienestar sobre la explotación a otros pueblos o sobre la expropiación de su hábitat o en el que todo se ha envenenado (el agua, la tierra, el fuego y el aire, también el pensamiento), por citar sólo dos de las consecuencias de la desatación de fuerzas infinitesimales y gigantescas por la modernidad. Dichosos y orgullosos en este mundo porque unos pocos millones tenemos coches, ordenadores, móviles, medicamentos, hospitales y escuelas.
Cantaba Silvio Rodríguez que, para pretender, el mundo es largo y para conformarse se ha inventado el jamás. Para quienes desean la comprensión del mundo con la intención de soñar mundos mejores y traerlos al reino de la realidad esta sentencia es una pesada losa. Porque la complejidad de la realidad y la pobreza intelectual humana son impedimento para alcanzar su aspiración. El cuervo del poema Poe sigue advirtiendo a los mejores pretendientes con el mismo pesimismo cuando repite el desangelador “nunca más”.
Parece que los movimientos correctores comparten con los supuestos directores de la sociedad durante esta etapa de luz y velocidad el mismo optimismo, sustentado otra vez sobre la ciencia, el conocimiento y el poder centralizado. Pero ese poder, en manos de tirios o de troyanos, es tonto, torpe, flojo, crédulo con la posibilidad de que los agentes de la corrosión pueden convertirse en remedio de sanción, incapaz para crear el nuevo hombre y la nueva mujer a partir de la humanidad erosionada, …
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