República y comuna

Posted on abril 2, 2013

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Se acerca una fecha de adoración para mucha gente amante de la libertad, la justicia y la igualdad. El 14 de abril de 1931 muchas fuerzas de emancipación se libraban por segunda vez en la Historia de España de la Corona y se proclamaba una república en la que el republicanismo progresista, el socialismo reformista, el laicismo y el nacionalismo periférico tenían una oportunidad. En un artículo alrededor del 25S escribí más sobre aquel proceso constituyente. Pero las fuerzas sociales que habían mantenido históricamente la oligarquía con elecciones controladas, la explotación en el campo, las minas y la reducida industria, la dominación católica de las mentalidades y la imposición de la indisolubilidad de la nación hispana se reorganizaron para la resistencia dentro de la república durante dos años y para derribarla por la gracia de Dios y de los cañones.

Sin embargo, no estoy reflexionando sobre este hecho histórico. Más bien me interesa una aproximación comparativa y de antropología política a la república y a la comuna. No muy extensa ni profunda, porque no hay ni tiempo ni conocimiento para tanto.

Muchos amantes de la emancipación miran con cariño hacia la república y con añoranza hacia la Segunda República. La República con Democracia debe ser la mejor forma de organizar los estados nación, un invento de la lógica del capital, que precisaba de mercados-nación (sin barreras internas y protegidos del exterior) y estados-nación (disciplinadores en el interior y defensores de intereses oligárquicos en el exterior, conquistas, colonizaciones, guerras).

La República y la Democracia son conceptos de larga trayectoria desde las sociedades grecorromanas, aunque adaptados en las sociedades capitalistas de los siglos XVII, XIX y XX, en los países occidentales, tomaron la forma de parlamentarismo, elecciones, representación, delegación con resabios de las sociedades feudales (monarcas aferrados a su poder, cámaras de representación de las clases caídas en desdicha por el ascenso de la burguesía, …).

En estos siglos, la diversidad de formas nacionales de los dos conceptos se encierra en un esquema muy similar en el que la ciudadanía casi no cuenta en la deliberación y decisión pública, donde los medios de comunicación y otras instituciones de control social ejercen un influjo estable para el ejercicio en la práctica de gobiernos oligárquicos, salvo en los lapsos en los que la ciudadanía (algunas personas prefieren referirse siempre a la clase trabajadora, al proletariado, valga) consiga armarse de conciencia.

Mucho empeño emancipador ha chocado contra la solidez y adaptabilidad de una realidad (urdida con muchos tientos) de conservación de la jerarquía. A menudo pienso que en estas sociedades nacionalizándose, nacionalizadas, globalizándose pocas oportunidades había de triunfar para la emancipación. La nacionalización, el estado-nación, la guerra de naciones, la débil armazón de un estado-mundo son escenarios donde el poder se crece, se complica, multipenetra. Me temo que no es totalmente acertado el llamamiento o el anhelo de constituir grandes actores emancipadores para esos escenarios (nacional y global) donde la inercia de concentración del capital se encuentra cómoda y donde la organización emancipadora se desmorona, por efímera, frágil.

Es inevitable afrontar esas luchas nacionales y globales, pero son muchas las experiencias y las razones para pensar con pesimismo en esos superámbitos.

Si seguimos a Pierre Clastres, el comunismo (lo común, lo igualitario) era más propio de sociedades donde la territorialidad y la población no era tan inmensa y desbordada. Hay como una ley inserta en las sociedades: cuanto más extensión tiene la entidad mayor desigualdad (económica, política) existe entre sus miembros. En una comunidad pequeña, la igualdad y la proximidad entre sus miembros destaca como la abismal distancia entre un africano separado de cualquier medio de subsistencia y Amancio Ortega, dentro de una sociedad globalizándose.

Esta es una de las razones que me llevan a pensar que mientras la lógica profunda de la acumulación, la concentración y la globalización tengan fuerza, difícil será la organización de las comunidades más igualitarias. Para muchas personas es evidente que la humanidad alcanza el pico de la “evolución” capitalista y que las décadas y los siglos traerán una desglobalización, una nacionalidad a duras penas. Ahí se entablarán nuevas tensiones entre la dominación que quiere sostener la explotación y la acumulación de algo que decrece y la emancipación.

Muchos echan de menos la evolución de los trabajos de Marx en su programa sobre El Capital, pues dejó inescrito el capítulo sobre el Estado. Yo no soy un marxista de los que conocen de memoria cada uno de los párrafos de la obra publicada e inédita del intelectual alemán y no sé qué papel juega en lo mucho que dijera al respecto, pero recuerdo la forma en la que en la Guerra Civil en Francia describe sucintamente la Comuna de París. En ese pasaje y en otros parece que la sociedad de comunas, comunismo, no sólo era una aspiración final dentro de la construcción fundacional del pensamiento marxista sino también un medio importante durante la fase de socialismo.

Ahora bien, parece que los partidos, los sindicatos, los consejos de obreros pueden mantener un papel importante en el juego seguramente necesario del poder en el estado-nación, pero no creo que se puedan escatimar otros esfuerzos que se hacen para crear comunidades en lo local, en la proximidad de personas, incluso cuando los trabajos de estas comunidades en construcción tengan en el presente un viso transformador tan insuficiente como el los trabajos de organización para una futura toma del poder. Un comunismo originado en una miríada de miniaturas sociales (municipalidades, cooperativas, escuelas libres, reuniones ciudadanas, …) que aprenden a construir relaciones sociales anticapitalistas, antipatriarcales, directas sería siempre más sólido que otro en el que una vanguardia alcanza el poder en esas Repúblicas y desde allí reparte bienes, sin desdeñar tampoco esos esfuerzos.

¡Salud y comuna!

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Posted in: Política