Al principio fue el grito

Posted on marzo 25, 2013

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1. En una sociedad en la que se abrió una brecha secular, enorme y rígida entre los que están arriba y jamás tendrán que invertir salud en procurarse lo que anhelan (como decía Silvio en aquella mágica Canción de Navidad) y quienes están abajo del todo y con condena a exclusión, explotación y mala vida… es necesario que los pisoteados por la infernalidad del sistema griten (el grito es el origen de todo, nos explica Holloway).

Demasiadas veces hemos gritado sin que nos escuche nadie fuera del nosotras que grita, ni los destinatarios del grito, ni la sociedad sorda. Oirnos nosotras es una evolución sobre el silencio total, pero es insuficiente. Siempre nos escuchan algunos exteriores que se burlan, que se irritan, que no se inmutan, que miran, que asienten y también que se unen. Sentimos que es algo bueno.

En esta sociedad, la lógica del sistema pone a unas personas y a unos grupos arriba con mayor poder de corregir pero con menos sensación de la necesidad del cambio, con menos empatía hacia los damnificados de esta máquina que tritura carne humana, con ninguna voluntad de reconocer la locura cruel de la organización social en la que ellos viven en sus palacios de cristal lejos de cualquier grito, sin sentimiento ni padecimiento, en residenciales exclusivos para los de arriba.

A empresarios y políticos va dirigido el grito que la calle emite contra edificios vacíos. La ira choca contra sus paredes sin provocar un eco que moleste a los moradores a otras horas de esos edificios, cómodamente alejados e instalados en sus residenciales, en hoteles, en sus casas oficiales, en sus yates, en sus campos de golf.

Arriba quieren silencio o la armonía de la música clásica de los teatros pagados con dinero público a los que casi sólo van ellos y en los que ellos ocupan lugares preferentes, porque la distinción es gala suya. No quieren enterarse de las penas de los que están fuera y quieren expresar su descontento.

Las de abajo deberían aprender la manera de molestar. Afear a quienes están arriba porque están cómodos en un arriba inconcebible sin un abajo. Protestar contra los que están arriba porque en la inercia alimentada por su insensibilidad y su comportamiento aumenta el abismo que separa a unos y otros. Abuchear contra los de arriba incluso sin una idea clara del rumbo bueno, porque lo innegable es que el actual nos lleva la agravación de lo que conocemos, a la quiebra social y ecológica.

Mas no sólo hay que aprender a gritar, hay que aprender a romper con la pauta que reproduce el sistema social, hay que crear lazos contra la tendencia del sistema de impedirlos, hay que evitar los gobiernos conocidos como malos, …

2. La construcción de la teoría del entorno de ETA fue realizada durante décadas por el bipartidismo, con las connivencias y las tolerancias de otros. Se les impedía la participación política, se les perseguía policialmente, se les juzgaba excepcionalmente, se les condenaba. Ahí están el régimen de detención especial, la Ley de Partidos, los autos de Garzón, la doctrina Parot, la guerra sucia, los indultos a Barrionuevo y semejantes de Aznar, los ascensos a Galindo de González, …

Me lastima que tras la acusación de la Cifuentes a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en la defensa principalmente se haya negado las relaciones con el entorno “terrorista” y no se haya negado lo suficiente la criminalización que se ha hecho de esa parte de la sociedad vasca que promueve su autodeterminación y un proyecto más socialista. La comparación concreta la hace una política del PP, pero el término de comparación lo establece el régimen entero.

A veces es interesante escuchar a los de arriba. Quizá Cifuentes tenga razón al quejarse de que la presión social de la PAH se dirige sólo al PP. No es entendible que el otro gran partido, que estaría regateando la Iniciativa Legislativa Popular si estuviera en el gobierno, contemple con regocijo la tensión entre sociedad y gobierno.

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Posted in: Política