Introspección y declaración personal sobre política

Posted on marzo 22, 2013

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Esta semana he terminado los ejercicios de un curso, del que sólo me falta presentar un proyecto. Parte de mis ganas escribidoras estuvieron desplazadas en esos ejercicios durante los últimos seis meses. Además, en estos meses las ganas lectoras le ganaron a las ganas escribidoras, incluso a las ganas actoras. Me mantengo en esa preferencia por el estudio, pero quizá encuentre más predisposición.

En estos meses mi forma de pensar ha cambiado mucho. Toda mi vida me consideré un socialdemócrata simpatizante con el eurocomunismo, que descartaba al pesoísmo (neoliberalismo con remordimientos de consciencia) porque la realidad de sus gobiernos desmentían las promesas de corto vuelo. Quien haya leído algo en el blog habrá comprobado esa especial animadversión hacia ese esquema.

El eterno estudiante que complementaba su actividad formativa con la actividad laboral, el cuidado de la casa y el ocio de alguna forma delegaba su deber social y comunitario en una formación política, votando y defendiéndola. Además, aquel estudiante participaba en la manifestaciones propias de la forma de pensar del simpatizante medio.

Desde que terminé mis estudios de Derecho, he podido dedicar el tiempo que antes absorbían los exámenes al estudio de los textos originales. A estas altura de alguna forma agradezco la formación histórica, pedagógica, documental y jurídica de la academia, pero ese agradecimiento se ve superado por un lamento por haberle robado tiempo al autodidactismo que me ha empujado en estos dos últimos años. He disfrutado desde entonces con los clásicos de la literatura (a los que siempre leí en los pequeños huecos de la ajetreada vida moderna) y la política. He iniciado la cimentación de un pensamiento propio que se construye con las ideas que allí se guardan como tesoros y con los debates con unas pocas personas que también exploran esos universos intelectuales.

Ha sido una fase personal de liberación. La delegación casi ciega ha avanzado hasta una independencia en progreso. Ahora miro hacia el eurocomunismo con bastante recelo. El pacto en Andalucía con el pesoísmo más instalado, la distancia entre su “rebelión” de campaña y su gris actividad de gobierno, sus convivencias con el PSOE en la Cumbre Social y en algunos recursos de inconstitucionalidad, sus coqueteos con el rubalcabismo, su hermandad con unos sindicatos burocratizados y de pacificación social sin rumbo hacia alguna sociedad parecida a algún tipo de socialismo, la atracción que ejerce una figura como la de Baltasar Garzón, la profesionalidad de algunos líderes, los pecados de la transición, los tránsfugas hacia el PSOE empezando por Santiago Carrillo y terminando en Rosa Aguilar, … Hay dentro personas con las que se podría compartir un viaje hacia intentos de transformación, pero hay demasiados Valderas ahí; como ocurrió con el PSOE, es bastante probable que un felipismo se imponga a una izquierda socialista y que esta acabe diluída, marginal y devaluada al son institucional.

En la sociedad hay muchos inhibidores del pensamiento crítico. Incluso en la fase actual de deslegitimación de los partidos en el poder, estos cuentan con gran probabilidad de mantener el régimen político en el corto plazo. Si el régimen de la Restauración se descompuso a principios del siglo XX, había en la base social una alternativa nunca antes probada, aunque quizá la complejidad social y la perspectiva no daban oportunidad para ir muy lejos; el fascismo vino precisamente a tumbar aquella alternativa. En ese modelo de transformación desde el poder actualmente no se ve alternativa con capacidad.

Lo lamentable de esta falta de referente histórico es el contexto. Seguramente llegamos en orfandad a una época histórica crucial, con un planeta con graves problemas de contaminación y destrucción, con una energía fósil escaseando y encareciendo, con guerras para el control de esos recursos, con un modo de producción que  excluye a multitudes, con la explotación de los no excluídos, con una desigualdad y una dominación en aumento, con un modelo español sin una de sus patas (la construcción) y otra en peligro (el turismo), …

Caben los riesgos de que el régimen político del bipartidismo neoliberal (más que un bipartidismo, como decía Gore Vidal, se trata de un monopartidismo con dos derechas) como expresión de la dominación política por las oligarquías económicas sea sustituído por un régimen indeseable de un populismo de cara nueva y de promesas inonexas con la práctica o de autoritarismo siempre gravitan.

Sin embargo, en esta situación histórica los planteamientos de economías industriales y postindustriales (turismo, contenidos digitales, servicios, …) que sostienen un idílico estado del bienestar no me parecen muy conscientes de la gran transformación que se aproxima, ni siquiera en el supuesto caso de que al arribo al poder apliquen lo que tanto se ha predicado en la oposición. Por eso, una evasión del régimen político actual dentro del modo de producción capitalista en los epílogos de su fase de las energías fósiles por esa vía del eurocomunismo ya no me parece una solución adecuada.  Las respuestas habrá que buscarlas en otras proposiciones.

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Posted in: Política