La muerte y la pena

Posted on marzo 6, 2013

2



Recuerdo el dolor de Unamuno por España y siento pena por la Humanidad.

Hemos construido unas sociedades tan incorregibles (por lo menos en la perspectiva de los años, las décadas, posiblemente los siglos, quizá la eternidad) que nos aferramos a liderazgos personalistas, providenciales, cristianísimos, … que no llegan muy lejos aun con honestos empeños.

Me cae peor que mal la demonización de quienes promueven por el otro lado a los representantes de los intereses económicos que quieren acumular sin pesadumbre por las consecuencias . O de quienes creyeron en esos mensajes bombardeados con constancia y los repitieron con la convicción del pensamiento secuestrado en terreno abonado, contribuyendo a su propagación. Especialmente me irritaba que los habitantes de una sociedad española donde los medios de comunicación propiedad del capital son tan omnipresentes y los medios de comunicación de propiedad pública son tan similares y gubernamentales, sin espacio para medios de comunicación popular o comunitaria, expresaran que no se respetaba la libertad de expresión, cuando el pensamiento y la expresión están colonizados por aquellos medios y sus dueños. O también la acusación de dictadura para un liderazgo avalado a la manera occidental de las elecciones y los referéndum en una infinidad de ocasiones, acusación hecha por quienes apoyaron un golpe de estado contra un presidente popularmente electo.

No desmerezco los sinceros avances en la denuncia de los actos del imperialismo otanista, la integración y la solidaridad de países empobrecidos desde una entente de estados más sensibles hacia la explotación de sus pueblos, la nacionalización de empresas en manos de la mezquindad sin igual y hasta criminal de las grandes corporaciones, los programas de atención estatal a los más vulnerables, el camino recto por las democracias representativas de los estados nación… Es posible que las sociedades (articuladas en una infinidad de piezas de todos los tamaños, cotidianos y noticiados) actuales no puedan ir más lejos, porque las macrológicas, las lógicas y las micrológicas del sistema tienen una senda invariable y un punto de partida lleno de lastres.

Sin embargo, en estas sociedades complejas, con grandes actores todopoderosos y dominadas por la codicia intersticial, parece que no hay alternativa real y profunda que sepa arrancar desde una red infinita de anonimatos, renunciar gradualmente al petróleo y al oropel desarrollista que propicia; que convierta lo local en el centro de gravedad de la vida; que desmilitarice la sociedad; que diluya los protagonismos personales en la acción comunitaria orgullosamente soberana; que rebaje al que los criterios de la sociedades desiguales permitieron una elevación socialmente insana, …

A mi compañera de trabajo recientemente fallecida y a su sonrisa en medio del dolor, a Mapy.

Anuncios
Etiquetado:
Posted in: Política