La segunda transición de Paulino Rivero y la transformación que pide la calle

Posted on febrero 10, 2013

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Paulino Rivero ha escrito un artículo demandando una segunda transición en su blog. Pide una acción contra la corrupción, una mejora en derechos sociales, medio ambiente y autonomía. Por supuesto, su artículo me parece un brindis hueco al sol.  Pero le escribí un comentario, que no sé si aprobaré.  Lo he copiado y pegado el contenido aquí.

Uno de los cambios necesarios en la transformación que pide la calle es precisamente evitar lo que expone el señor Arencibia Marcos, un comentarista del artículo que alaba al autor, políticos profesionales con carreras de más de treinta años. Al señor Rivero no le han imputado delitos, como indica el comentarista, pero en su lista al Parlamento de Canarias de 2011 compartía honor con el señor Zerolo, al que pronto dieron billete al Senado para cambiarle el fuero. Recordaremos también su posición en los casos que afectan a personas condenadas de su partido como González Reverón o Bethencourt.

Para mejorar la transparencia no hace falta una segunda transición sino una voluntad que cabe en el actual marco, pues sólo precisa una legislación de transparencia que privilegie el acceso a la información frente a los frenos. Por supuesto esta ley está fuera de las pretensiones de quienes presumen mucho y hacen lo contrario a lo presumido, porque hay mucho que esconder.

La calle pide radicalidad democrática. Nunca olvidaremos lo que Coalición Canaria ha hecho con la iniciativas legislativas populares, mostrando su fe en la democracia participativa. Desde luego, su aferramiento a la ley electoral canaria de las barreras más elevadas del mundo occidental o el reparto de escaños desigual entre islas es otro de los aspectos que la calle pide a gritos y ante los que Coalición Canaria permanece sorda.

La calle también pide que el dinero regalado a los empresarios con artificios del REF sea recuperado para los poderes públicos. Seguramente tampoco esto forma parte de la segunda transición de Paulino Rivero.

La calle no quiere segundas transiciones para aumentarle la autonomía y el negocio regional a partidos como Coalición Canaria y su turnante compañero. Una parte de la calle apuesta por la autodeterminación, pero jamás para mantener un sistema político en el que los grandes partidos sirven fielmente a los grandes empresarios.

Es incompatible presumir de protector del medio ambiente cuando frente a la demanda ecologista de parar los grandes proyectos de trenes, puertos, pistas de aeropuertos, construcción alocada se actúa incluso con trampas como el (des)Catálogo de Especies. Su fe en las energía renovables se demuestra en el retroceso que esas energías han experimentado en Canarias mientras se apunta a las gasificadoras como último descubrimientos. La financiación en Parques Nacionales también muestra la verdadera sensibilidad, más allá de palabras grandielocuentes.

Asímismo, es lamentable que se hable de nuevos derechos sociales cuando la gestión de los derechos asumidos se atienden tan mal en esta región, donde Coalición Canaria lleva algunos lustros de responsabilidad. La tasa de desempleo precisaría una nueva visión. Los indicadores de sanidad y educación evaluados con la estadística del sistema siempre obtienen una mala nota. La gestión de los derechos de la ley de dependencia eran calamitosos antes de que desapareciera esta ley. La política de vivienda siempre fue una colección de promesas incumplidas y ahora es un alma en pena.

Decía Pío Moa que Franco había traído (generosamente) la democracia a España. Vincenç Navarro decía que Franco había muerto en la cama pero el franquismo en la calle. Últimamente creo que la calle que protesta le da la razón más al revisionista de la caverna que al socialdemócrata. El fanquismo no murió en la calle, aunque parte de los avances producidos fueron consecuencia de las luchas sociales en los años setenta, sino que trajo una democracia pobre. Desde entonces la sociedad ha desactivado muchos de los mecanismos de conciencia, organización y lucha. Dentro del margen escaso que daba el ordenamiento jurídico los movimientos sociales han perdido posiciones y los poderes económicos las han ganado.

La calle que se manifiesta críticamente no será mayoritaria pero tiene claro que la transformación necesaria (no una segunda transición) tendría que partir de la misma calle y no de las instituciones secuestradas por las personas elegidas en un contexto en el que los medios de comunicación (propiedad de los dueños de las políticas) hacen una terrible presión para dirigir la orientación del voto. Si esa calle se hiciera realmente soberana las propuestas de segunda transición como la del señor Rivero y otras que vienen desde la instituciones (con corto vuelo), en nombre de sus mayorías silenciosas cada vez más desencantadas, serían desechadas a las primeras de cambio por ser otro barniz en las estrategias de mantener el estatus quo.

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Posted in: Política