Chovinismo en el Estado del Bienestar

Posted on diciembre 20, 2012

13



Hace tiempo que pienso que nuestras luchas sociales por defender nuestro estado del bienestar son luchas con bastante miopía moral, aunque tengan el prestigio de ser el progreso, el socialismo, la izquierda. No cabe duda de que es mejor una distribución de la renta entre burguesía y trabajadores que una concentración de la renta sólo para la burguesía con condiciones penosas de vida para proletarios que trabajan o que permanecen en el desempleo, aunque el objetivo para el socialismo más convencido era el cumplimiento de una ley histórica y la eliminación de las clases sociales, más que el reparto más equitativo de unas rentas.

Sin embargo, la distribución de la renta del consenso del estado del bienestar posterior a la Segunda Guerra Mundial no era ni siquiera una distribución de la renta entre clases sino el precio con el que la burguesía pagó la paz social en sus países de origen, en el occidente. Separó una nimia parte de la renta colonial y neocolonial para apaciguar el descontento organizado dentro del movimiento obrero, con la moneda del desarrollo de unos derechos sociales, a la par que ensanchaba la base del consumo para contribuir a sostener el sistema.

“El socialchovinismo, que defiende de hecho los privilegios, las ventajas, el saqueo y la violencia de “su” burguesía imperialista (o de toda burguesía en general), constituye una traición absoluta a todas las ideas socialistas y a la resolución del Congreso Socialista Internacional de Basilea”.

“La base económica del oportunismo y del socialchovinismo es la misma: los intereses de una capa ínfima de obreros privilegiados y de la pequeña burguesía, que defienden su situación excepcional y su “derecho” a recibir unas migajas de los beneficios que obtiene “su” burguesía nacional del saqueo de otras naciones, de las ventajas que le da su situación de gran potencia, etc”.

Lenin: El socialismo y la Guerra.

Cuando leí en esa obra de Lenin la identificación del <<derecho” a recibir unas migajas de los beneficios que obtiene “su” burguesía nacional del saqueo de otras naciones, de las ventajas que le da su situación de gran potencia>> me estremecí al encontrar casi literalmente una frase que repito en mis pensamientos y conversaciones. Con todo, da la sensación de que la izquierda de ahora renunció a la herencia conceptual y teórica de aquellos autores, que han sido sustituidos en los mejores casos por Vicenç Navarro, Juan Torres López, … cuando no por personalidades de los mass media (Ana Pastor, Iñaki Gabilondo, Jordi Évole, Gran Wyoming, …).

Pensamientos semejantes encontramos en la acervo anarquista. Por ejemplo, traigo un párrafo de Rudof Rocker:

Es indudable que algunas pequeñas comodidades caen a veces en el lote de los trabajadores, si los burgueses de su país logran alguna ventaja sobre los de otro; pero esto siempre lo obtienen a costa de su propia libertad. El trabajador en Inglaterra, Francia, Holanda, etc., participa hasta cierto punto de los beneficios que, sin esfuerzo suyo, fueron a caer en el seno de la burguesía de su país, procedentes de la explotación sin trabas de los pueblos coloniales; pero, tarde o temprano, llegará el día que esos pueblos abran también los ojos, y entonces tendrá que pagar de la manera más cara las pequeñas ventajas de que disfrutó antes.

En la mayor parte del planteamiento de protesta y de proposición de nuestras calles encontramos la añoranza de la sociedad de hiperconsumo de Lipovetski, de la que nos alejamos  durante el consenso neoliberal, con la reconquista del capital de esa renta prestada al trabajo. Me parece razonable que una sociedad pretenda mejoras (a veces malentendidas) en la educación, la sanidad, la seguridad social, …  y que se queje cuando observa sus deterioros. Pero juzgo como un error moral (el marxismo lo consideraría un error científico) no hacer jamás desde esa sociedad un cuestionamiento creíble del chovinismo que supone la ignorancia de las consecuencias de este modo de organización de la humanidad (en proceso “todavía” (por la tesis de Fernández Durán) de globalización) o una evaluación del sustento que nuestro estado de bienestar y consumismo hace sobre el expolio de los recursos en aquellos países y la explotación de aquellas personas.

A veces pienso que nuestro discurso de nuestra izquierda es bien fácil (más fácil aún es el de las personas que pretenden recibir sin ni siquiera pedir, los gorrones de toda comunidad, quienes esperan que sus problemas se resuelvan solos mientras disfrutan del gol cien de Messi, que sólo cobra 16 millones, sólo de salario). Le suplicamos a nuestro paternal gobierno que con fiscalidad progresiva y con persecución del fraude obtenga suficiente ingreso fiscal para sostener nuestros derechos sociales. El esfuerzo volcado en esto multiplica varias veces el esfuerzo para desentrañar los muchos espacios en los que tenemos algún margen de autonomía para desactivar mecanismos de expolio y explotación hacia otros pueblos.

Igual que la burguesía considera indiscutible su derecho de propiedad sobre medios de producción y plusvalor del trabajo, las personas que salimos a las calles de nuestras “desarrolladas ciudades” consideramos inalienables, imprescriptibles e inembargables nuestros derechos a las muchas medicinas, las operaciones de una sanidad de tecnología, las pensiones de 2500 euros, el móvil de última generación, el viaje a la Luna, la ropa más fashion, … Silvio Rodríguez decía que los que no tienen nada quieren algo y lo que tienen algo quieren todavía más y Wallerstein nos apuntaba que los proletarizados quieren trabajo para obtener un salario con el que adquirir medios de vida, luego para permitirse algunas comodidades y luego para apropiarse de pequeños capitales con los que obtener rentas sin trabajo. Sólo los que sólo tienen cadenas ven “todo un mundo entero por ganar”.

Un ejemplo. Desde los noventa hay un movimiento pidiendo la abolición de la deuda externa de los países del tercer mundo (los CADTM), deuda externa que ha asfixiado a esos pueblos como ahora empieza a angustiarnos a nosotros (que antes éramos acreedores indiferentes). Lo mejor que pudieron hicieron su trabajo de concienciación en medio de una sordera social en nuestras sociedades. Sin embargo, ahora la sociedad española empiezan a usar sus conceptos (deuda odiosa, ilegítima, abolición, moratoria, auditoría, …) para beneficio nuestro. En estos momentos sí se le presta atención a la iniciativa.

Otro ejemplo. La silenciosa disminución de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 2010 al lado de las protestas por la reducción de pagas extras, etcétera. El 0,7% con el que lavábamos nuestras conciencias tiende ser nada.

Otro ejemplo. La minoritaria protesta contra la guerra del control del petróleo de Libia, los abusos israelíes sobre Palestina o la continuación de la ocupación marroquí sobre el Sahara cuando se convocan acciones.

Otro ejemplo. La reacción de sindicatos mayoritarios en el caso de la nacionalización de YPF por el gobierno argentino, poniéndose de parte de la multinacional Repsol.

Otro ejemplo. El desconocimiento de lo que hacen las multinacionales españolas en Latinoamérica, actuaciones que no permitiríamos en nuestra sociedad.

Otro ejemplo. La diferencia entre el recibimiento de las inversiones de multinacionales extranjeras como en “Bienvenido Mr. Marshall” y el recibimiento con la Guardia Civil a los inmigrantes. O la diferencia entre la despedida con lágrimas por la destrucción de empleo de las desinversiones de multinacionales y la despedida con Haloperidol a inmigrantes que eran un problema.

Anuncios
Posted in: Política