El precio del azúcar y la explotación de los países empobrecidos

Posted on octubre 24, 2012

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Eduardo Galeano nos dice permanentemente que en el reparto internacional del capitalismo global, que se acerca a su techo después de décadas de extensión e intensificación, a los países latinoamericanos les había tocado poner el postre, ya que a la agroindustria de ese continente las fuerzas impersonales del capital le han encomendado la tarea de producir azúcar, cacao, café, frutas que nos comemos al final.

En ese capitalismo global empobrece pueblos para sostener las plusvalías de la maquinaria del capital y los precios bajos que nos hacen felices a los consumidores de los países empobrecedores, ya que nos permiten adquirir más. Se imponen cultivos extensos para la exportación en terrenos dedicados anteriormente a cultivos de apaño, con fertilizantes, pesticidas, explotación del trabajo, agotamiento, envenenamiento y erosión del suelo y de los productos, viajes kilométricos, … Después esas cosechas son transformadas y envasadas también en las condiciones que aseguren competencia en precio y plusvalías.

En este artículo hago comparación del precio de un kilogramo de azúcar en una gran superficie, de cuyo nombre no quiero acordarme, y el precio de un kilo de azúcar de una cooperativa dedicada al comercio justo. En la gran superficie un kilogramo de azúcar moreno cuesta 1,78 euros. En la cooperativa, un saco de 25 kilogramos de azúcar cuesta 6o euros, o sea, el kilo sale a 2,64. Más caro aunque se compre en gran cantidad.

El servicio de atención al cliente, después de hacer una investigación con su proveedor me ha informado de que el azúcar moreno se produce en países como Malaui, Suráfrica, Guinea. Se traslada a Londres. Allí se vende al por mayor. Una envasadora canaria importó y embolsó el azúcar que venden en mi zona. Tuve que pedir esta información porque el paquete guarda un opaco silencio, como si los productos no viniesen de ninguna parte. Las condiciones ecológicas y sociales de producción y transformación son un misterio no revelable.

En cambio, las bolsas de azúcar moreno de la cooperativa son orgullosamente transparentes. Este azúcar se produce con métodos ecológicos y justos en Pichincha, Ecuador, y también fue empanelado allí. Tiene sus certificaciones.

En su nebulosa, el mercado diluye las relaciones sociales y el producto aparece en las estanterías con una fuerte despersonalización. En esa alienación como consumidores desconocemos la trascendencia de nuestros actos de consumo. Parece que ninguna relación hay entre nuestro comportamiento, que aspira a maximizar nuestro ridículo patrimonio, con la configuración del mundo. Magnificamos nuestros males y minusvaloramos los ajenos (lejanos, de los países empobrecidos) mientras atribuímos la causa de nuestros pesares (sólo los nuestros) en exclusiva a los grandes responsables (los banqueros, los políticos, …) sin encontrar nunca en el modo de vida medio occidental parte del sustrato de lo tremebundo de la humanidad.

Seguramente no sabemos vivir de otra forma ni sabemos identificar nuestra contribución al caos ni encontramos el camino hacia un impacto social y ecológico menos gravoso… Muchas veces somos esclavos incluso de nuestra condición servil y no somos capaces de descubrir un pensamiento libre y responsable porque la servidumbre y la irresponsabilidad es una rutina con su inercia, sin resquicios de autocrítica. Al menos deberíamos marcarnos la tarea de reprogramarnos al ritmo que nos sea posible para ser menos inmorales.

 

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Posted in: Ética, Economía