Después de la hojarasca

Posted on septiembre 6, 2012

8



En La Hojarasca de Gabriel García Márquez encontramos este párrafo:

Para entonces, la compañía bananera había acabado de exprimirnos, y se había ido de Mando con los desperdicios de los desperdicios que nos había traído. Y con ellos se había ido la hojarasca, los últimos rastros de lo que fue el próspero Macondo de 1915. Aquí quedaba una aldea arruinada, con cuatro almacenes pobres y oscuros; ocupada por gente cesante y rencorosa, a quien atormentaban el recuerdo de un pasado próspero y la amargura de un presenté agobiado y estático. Nada había entonces en el porvenir salvo un tenebroso y calmante domingo electoral.

Últimamente tengo mayor apetito de lectura y de reflexión silenciosa que de reflexión escrita. Pero hace unas semanas, cuando leía el libro del sabio colombiano, que tanto me enseña en sus páginas de realismo mágico o de realismo melancólico como el de este libro, encontraba en cada descripción de la hojarasca a la insensatez del capitalismo.

Cuando siglos atrás se formó la mentalidad capitalista se liberó la enorme avaricia que el ser humano tiene dentro. Los emprendedores descubrían un recurso, como las propiedad de las tierras y las aguas de Macondo para el cultivo del plátano, y se lanzaban hacia ese recurso para explotarlo y exprimirlo hasta el final. Ese esfuerzo se hacía y hace siempre con una inconciencia de las repercusiones negativas que ese afán tiene: expulsar de sus tierras a los que cultivaban tradicionalmente la tierra, enfocar toda el esfuerzo social y los recursos hacia el monocultivo bananero, atraer una población suficiente para hacer todo el trabajo, explotar a los trabajadores, destruir un hábitat, gastar la tierra, … Beneficios para unos pocos hoy, hambre para los muchos el resto del tiempo.

Esa ambición de acumulación se dotó de unas fuerzas productoras tremendas. Se atribuye a Marx una admiración del capitalismo por la capacidad que tenía de desarrollar las fuerzas productivas. Un siglo y medio después da la sensación de que el capitalismo no sólo ha sido insensato sino que también ha tenido un éxito basado de forma muy importante en los motores (la del vapor, la de los cuatro tiempos, …) que convertían energías fósiles en capacidades inmensas de transformación.

De esta forma, a un ser insensato se le otorga una herramienta que se le viene grande. Mientras careció de esas aplicaciones tecnológicas, la especie estaba integrada dentro de los equilibrios de la naturaleza. Hace días volvía a ver La Balada de Narayama. Es maravillosa la forma en que retrata el Japón de los campesinos tradicionales. Con su agricultura no conseguían la abundancia actual (para una parte de la humanidad), pero la aldea que protagoniza la película conocía sus límites. Por eso incluso practicaba el infanticidio o el gerontocidio. De ninguna manera, quiero decir que fuesen sociedades sin contradicción y desvalores.

Sin embargo, las sociedades del capitalismo y de las energías fósiles se metieron en una maquinaria infernal de crecimiento, dominación, explotación, imperialismo, … Hemos pertenecido a generaciones que se creyeron dueñas del planeta, excluyendo a pueblos exprimidos, mujeres, generaciones futuras. No hemos sabido respetar los equilibrios que la sabia Historia había ajustado con sumo cuidado durante años, décadas, siglos y milenios. El inventario de vuelcos contra la naturaleza sería muy extenso y estaría lleno de importantísimas agresiones.

Pero, como en el relato del querido Nobel, la hojarasca se irá y quedará un mundo menos vertiginoso, menos materialista, … Es muy importante aprender a organizarnos para que esa transición que se anuncia sea lo menos traumática posible y el mundo resultante esté más libre de dominaciones.

Anuncios
Posted in: Ética, Derecho