El reto de una agricultura ecológica y libre

Posted on agosto 14, 2012

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A veces pienso que nuestros anhelos por acudir a un mundo más integrador de generaciones, pueblos, géneros y personas tienen todas las puertas cerradas y casi trancadas. A la vida llegué cargado con este pesimismo. En los últimos días he encadenado tres conversaciones que me han traído de vuelta a él.

Alguien me planteaba que la agricultura ecológica podría matarnos de hambre. Era una persona que procura pensar con autonomía. Aunque es verdad que muchas veces esos intentos solo nos llevan a otras conclusiones que el sistema pone por ahí para los inquietos que no se contentan con las soluciones más fáciles.

Al día siguiente, una pareja que intenta abrirse una posibilidad existencial en ese modo de vida agroecológico con la mayor independencia de las redes productoras y distribuidoras del capitalismo me reconocía que lo que se puede producir con la tierra y lo que se puede convertir en moneda, incluso adquiriendo servicios complementarios en un banco de tiempo, no alcanza.  Me hacían ver que en su situación se hacen necesarias algunas rentas del sistema.

Por último, una amiga ecologista me explicaba la trampa de la agricultura industrial, de la que casi todos sacamos buena parte de nuestro ingesta, aunque intentemos escapar; explicaba perfectamente Samir Amin como en la fase actual del capitalismo casi todo está pisado por el caballo de Atila, de una o de otra forma.

La agroindustria está envenenando la tierra con los fertilizantes y los antisecticidas. Se reduce la tierra limpia. Se ocupan tierras antes forestales. Como he expresado de mi pueblo, se extrae el agua atesorada sabiamente por los milenios en las profundidades. Se llenan los campos con el plástico de los invernaderos. Se le roban fosfatos al Sahara Occidental para abonar la tierra o se colonizan tierras fértiles en África para llevar allí la producción, después de la estrategia imperial anterior de los planes de ajuste estructural de exigirles la exportación. Se le sacan ayudas a la Unión Europea para competir con las importaciones de países a los que se les obliga a exportar eso. Se gasta mucha energía fósil en producir, almacenar, refrigerar, transportar, … A los trabajadores se les somete a condiciones de precariedad y dominación, como se cuenta en este vídeo de Arístides Moreno.

A la larga las tierras y las aguas envenenadas, el agotamiento de éstas, la falta de energías fósiles para hacer la labor de la cadena nos situarán en una situación catastrófica. No habrá capacidad para sostener la agricultura que alimenta con una calidad dudosa a los millones de occidentales que se han acostumbrado a la dieta omnívora, con un gran peso de carnes, glúcidos, grasas.

Por ahora las inercias sociales no arrastran hacia ese abismo. Así como en la cuestión del agotamiento de las energías fósiles sí he leído que ya en las próximas décadas apreciaremos la elevación inverosímil de los precios, no he encontrado una previsión sobre la duración de la salubridad de suficientes tierras y aguas para mantener parámetros de cantidad y calidad mínimos por la agricultura industrial, para alimentarnos,vestirnos o para engordar al ganado cuya carne también llega a nuestros platos. No sé si es tan acuciante.

Si lográsemos ver la evasiva a esa crónica, no estoy convencido de la capacidad de la agricultura ecológica para sustituir gradualmente a la ecología industrial con la cantidad de millones de seres humanos en aumento, sobre todo los egoístas occidentales. Yo viví en el campo protocapitalista y entiendo que no era capaz de alimentar con aquellos métodos a la población que por número de hectáreas le correspondería. Como en el caso de las energías renovables, todo indica que no sólo debemos hacer un cambio en la producción sino también en los modos y las cantidades de consumo.

Por ahora el retorno al campo, la recuperación de tierras abandonadas por un capitalismo diseñado para la acumulación de unos pocos y no para la cobertura de necesidades de todos, la agricultura ecológica, la reducción del tamaño de las unidades de explotación, la producción directa, la sobriedad en el consumo, el consumo local y directo, es un proyecto minoritario que ha crecido en estos tiempo de exclusión del sistema. Pero si la hipótesis de la reducción de tierras válidas para la agricultura intensiva es cierta sería interesante estudiar la capacidad de albergue de una agricultura ecológica que combine los antiguos saberes, respetuosos con el medio natural, con los nuevos saberes, que permitan una suficiencia con la elevada población existente. Es preciso encontrar una agricultura que nos libre de las hambrunas de la premodernidad y que no caiga en el derroche occidental de la modernidad que en unas pocas generaciones se tragó los recursos respetados por las anteriores generaciones y dejará a las futuras generaciones un mundo inhabitable, para la acumulación de unos poquísimos (las oligarquías) y la comodidad de unos pocos (los occidentales de estás décadas).

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Posted in: Ética, Economía