Los documentos a los inversores de los Gobiernos

Posted on julio 16, 2012

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En una democracia representativa, los ciudadanos no deberíamos elegir partidos que acepten el encargo de gobernar a cambio de cheques en blanco, sino partidos que digan a las claras las líneas de su acción. En esa democracia representativa, los gobiernos estarían sujetos a los compromisos adquiridos en sus programas.

Sin embargo, en la democracia corrompida en la que vivimos en noviembre el 73% del sufragio expresado dio su voto a dos fuerzas políticas que ocultaban sus planes: la que tenía más posibilidades despejaba los llamamientos a la aclaración; la que gobernaba y estaba desgastada tampoco se sinceraba, esforzándose más bien en destapar el programa de su antagonista que en explicar el suyo. En esta democracia corrompida, los gobiernos elegidos se alejan de lo poco que manifiestan los programas, como demostró el Gobierno de Zapatero de la novena legislatura o como constata el Gobierno de Rajoy en la décima.

En la deudocracia, los Gobiernos son sumisos ante unos acreedores a los que han entregado las armas para la legítima defensa. Con esos acreedores o con sus representantes en La Tierra, sí se asumen inflexibles compromisos como los Planes Económicos y Financieros por Déficit Excesivo o Deuda Excesiva (Maastricht) o los Memorandos de los préstamos de los fondos o mecanismos europeos de estabilidad. También se hacen anuncios de grandes sacrificios populares o reformas constitucionales que den la señal de que el principal objetivo de la sociedad comandada por el Gobierno es el pago de la deuda, sea legítima o ilegítima. Igualmente hacia el seguimiento de esos programas es bastante riguroso, con el visado de los tecnócratas de la Comisión o de los hombres de negro de los fondos y mecanismo. Para los acreedores los Gobiernos preparan informes en los que se presume de los recortes que se harán en el gasto social para priorizar el pago de la deuda, mientras se ocultan al pueblo para no exasperarlo.

La opacidad (antes, durante y después) contra el pueblo y la transparencia con los acreedores no es algo nuevo. Desde que somos acuciados por los depredadores, que se aprovechan de la debilidad de nuestra economía superendeudada y del déficit desatado de nuestras Administraciones Públicas, el Gobierno de España tiene abierta una página de información a los inversores en inglés, sin versión en castellano aunque sea una lengua muy generalizada en el mundo y se trate del Gobierno de España. Allí cuelgan documentos en los que hablan en el lenguaje que los acreedores entienden, con muchos números, con poca empatía.

Es sorprendente que grandes periodistas como Joaquín Estefanía y otros magnificadores de las faltas peperas a la vez que indulgentes con los pecados sociatas no lo sepan. Hasta su compañera en el grupo PRISA, Lucía Abellán, lo encontró en 2011 con motivo de la contrarreforma de las pensiones. Comparando el trato que se dan a dos acciones similares de dos gobiernos diferentes, descubrimos otro episodio de doble rasero informativo. Las ocultaciones del amigo son informadas relajadamente, mientras las del adversario son calificadas de lo peor; los desvíos del programa son un golpe de estado o una mera anécdota que se justifica por la excepcionalidad de los hechos, según el comisor sea o no amigo.

Así, estos medios contribuyen a crear esa falsa sensación de buenos y malos. Detrás del tinglado, como se ha expuesto en este blog (reformas tributarias, laborales, privatizaciones, tolerancia de la corrupción o de la manga ancha para los bancos, privilegios a la Iglesia, identificación con la monarquía, ley electoral, …), hay más de lo mismo. En transparencia y honestidad con el pueblo, igual.

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Posted in: Política