Consumir de otra forma

Posted on julio 7, 2012

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En el desarrollo de este blog ha sido central la reflexión sobre el uso del poder político para la reproducción social. En la tesis vertebral se ha mantenido que la organización popular se ha desarticulado en las últimas décadas, desenpoderando a la sociedad. Los mecanismos de representación han creado instituciones donde se evidencia la somnolencia popular. Los supuestos representantes, libres de un mandato vigilado del pueblo, con una sociedad sin determinación, se han puesto al servicio de quienes nunca descansan en su ambición de ser más ricos y más poderosos. Ellos han propiciado la narcolepsia societaria y le han marcado la ruta a los gobiernos legitimados en unas urnas llenas de bostezos. Los gobiernos representativos han obedecido la voz metálica (el tintineo de las monedas) de su amo, que compensa la disciplina. El pueblo en algún instante de desvelo ha hecho algún amago de lamento, pero la rebelión está lejos.

Una gran cuestión atendida en estos artículos ha sido en todo momento cómo extender la actitud de pensar, hablar, compartir, organizar, exigir con autonomía. Con la percepción del presente, parece que no se han encontrado muchas fórmulas de evasión del engaño, la distracción, la cortedad, la pereza, la resignación, … pues las fuerzas históricas gravitan en contra de ese sentido.

Está claro que el empeño de reflexionar sobre el camino que nos trajo aquí, sobre las trampas del presente y sobre las hendiduras por las que escapar a un mejor futuro, por las vías de la siembra de la verdad crítica, de la recuperación del tejido social corroído, de la participación y de la vehiculación de demandas por medio de representantes ungidos de lealtad… Continuará.

Pero las personas no somos sólo receptores de información, reflexionadores, conversadores sobre el bien común, asociativos, protestantes y proponentes. Tenemos esa compleja naturaleza con diversidad de papeles: somos la persona que se relaciona con la persona amada, la persona que trabaja, la persona que se viste y que se alimenta, la persona que cultiva inquietudes.

También esos territorios reciben la invasión de la convención del modo de vida. También hay quienes combaten en ellos contra el canon y quienes han exorcizado los modelos convencionales de sus pautas.

Cantaba Silvio Rodríguez Domínguez y ahora me viene a la cabeza que la “la libertad es visible sólo para quien la labra”. Es obvio que el esfuerzo personal de emancipación para la vida propia y la común contribuye a adivinar más opciones a la persona que se dedica a cultivar esa autonomía. Esa inquietud contribuye a identificar más prisiones del alma (siguiendo con ideas del cantautor cubano) y a abrir agujeros en sus paredes, de modo que tan hermosa es la libertad obtenida como la liberación realizada.

Desde hace tiempo me propongo ajustar patrones vitales en órbitas diferentes a la dimensión que con más frecuencia traigo a este sitio. Se trata de mejorar con las limitaciones que uno tenga la persona que uno es dentro del mundo en el que a uno le tocó vivir.

La pregunta que me formulo es qué hacer cuando consumo. Consumimos tantas cosas y los tentáculos del capitalismo de predador son tan ubicuos y adhesivos que resulta difícil establecer y asumir reglas. No obstante, se progresa algo.

En algunos sectores casi no hay vida fuera del capital monopolítistico. En energía eléctrica, abastecimientos de agua, telecomunicaciones, es casi imposible escapar a sus redes en las ciudades, a no ser que se renuncie ya de una forma más extrema al modo moderno de vida. En otros sectores tengo serios problemas para atisbar una alternativa. Aunque no sean sectores tan cerrados, es muy difícil encontrar posibililidades. Me refiero a aspectos tan normales como la ropa o el calzado o la higiene. Incluso sectores tan básicos como la alimentación, (el cultivo, la agro-industria y la distribución) han caído en manos de capitales cada vez mayores.

Muchas veces he escuchado cierto desprecio hacia estas iniciativas de personas que piensan que el buen rumbo pasa por coger el timón del barco estatal. Yo siempre me he considerado un socialdemócrata revisionista, que iría mucho más allá que la socialdemocracia clásica hacia la integración de pueblos, generaciones y personas en un planeta que debería ser sacralizado (como sabrán algunos, pienso que los gestores del proyecto socialdemócrata de los cuarenta-setenta lo dejaron abandonado en los ochenta; década a partir de la cual el proyecto fue acogido por los partidos comunistas). Uno de los puntos de mi revisionismo ha consistido precisamente en valorar muy positivamente las iniciativas populares que no confiaran al Estado el progreso, poniendo la fe en la acción directa popular. Esta serie de trabajos se mueve en ese plano.

Creo que son dos caminos complementarios. Por lo menos yo me siento hermano ambos. A veces cualquiera de ellos le reprocha al otro sus fracasos. Considero que los fracasos más se han debido a la dificultad de conseguir mayorías constantes que se muevan en este sentido que a la debilidad de los planteamientos. Por ello, sin mucha esperanza en la humanidad en el corto plazo, como los grandes anarquistas, pienso que hay que luchar por la libertad y la igualdad aunque no la vayamos a ver nosotros. También lo cantaba Labordeta.

Pues en lo sucesivo, quiero hacer reflexiones sobre todos esos sectores en los que consumimos, esperando contar con la participación de quien amablemente esto lea para darnos ideas. Esta entrada se convertirá en página y de ella colgarán páginas secundarias, dedicadas particularmente a los sectores: alimentación, textil, finanzas, energía, telecomunicaciones, información, … En ocasiones pienso que este Manual del Buen Consumidor se me viene grande pero con el caminar avanzaremos en la clarificación de un consumo justo o solidario entre pueblos, ecológico y respetuoso con el medioambiente, anticapitalista porque rompen vínculos con el monstruo, responsable, ético, austero, …

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