Tenerife no tiene tren, pero sí tiene tranvía

Posted on julio 4, 2012

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No pensaba escribir sobre estas cosas. Tengo otro plan (más libertario). Ya lo desarrollaré a partir de mañana. Pero… Hoy nos enteramos de que Ricardo Melchor, presidente del Cabildo de Tenerife, le pedirá 2 mil millones al Banco Central Europeo para sacar adelante unos de esos proyectos megalómanos que no se les quita de la cabeza al algunos políticos ni en época de crisis.

Para comprender la cifra la relaciono con otras. Esa cantidad triplica por tres el presupuesto del Cabildo. Es como si el Gobierno de Canarias se pidiera al BCE 18 mil millones para hacer un macropuente entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. O como el Gobierno de España al BCE pidiera 300 mil millones para hacer un AVE submarino de Cádiz a Las Palmas de Gran Canaria (o a Santa Cruz, ¡menudo pleito insular!).

Ya que vamos sobrados, con la sanidad peor valorada por los impacientes, con el mayor fracaso escolar, con el peor cumplimiento de la ley de dependencia, con la pensiones más famélicas, la segunda tasa regional de desempleo de toda Europa (con el gobierno de estos nacionaleros, sociatas y peperos [sacado de la RAE]), … Nos podemos permitir esos tres proyectos de tren al Sur por 2 mil millones, de puente LP-SC, el AVE submarino de conexión con la península.

En el artículo sobre el privilegio a las oligarquías que esconde el victimismo nacionalista estudiaba las lamentaciones de Ana Oramas sólo porque las islas perdían millones para grandes obras en los Presupuestos Generales del Estado. Lo del señor Melchor es más de lo mismo. Pedir millones para traer a la realidad un proyecto ideado en los años de la opulencia. Seguramente en el planteamiento de esta familia está endosarle la factura a España y a Europa, ya que poco les importa que el ganadero de Cantabria esté contribuyendo IVA al 18% o el portuario de Rotterdam tribute en un IRPF más alto que el de los grandes empresarios de la construcción de estas islas (RIC) para pagar las obras de construcción de un tren sin sentido, que destruirá más el territorio, que derrochará ingentes cantidades de dinero…

Los fieles de esta Iglesia de las Grandes Obras nos reprochan un episodio reciente a quienes pensamos que en estas islas sobran cemento, autovías, puertos de Granadilla, pistas aéreas, … y falta voluntad de integración social. Nos dicen que estamos en contra del desarrollo los responsables de la dirección política que nos ha llevado a los indicadores económicos más descalificantes por si solos. El episodio reciente que confirma para ellos la superioridad de su proyecto desarrollista es el tranvía de Tenerife. Para ellos es un éxito sin sombras. Los 14 millones de viajeros en 2011 lo atestiguan.

Sin embargo, esa maravilla tuvo un coste de inversión en obras y adquisición de vehículos por encima de los 400 millones (en 2001 las obras las presupuestaban en 120 millones y salieron por 300). Supongo que la parroquia está orgullosa de sus trenes con estética flamante, ¿pero se imaginan esas personas lo que se podía hacer con 400 millones destinados a la mejora del servicio público de guagua, con la incorporación también de unas 200 personas?. Claro que se mejoró el servicio. Estaría bueno que con una inversión que multiplica por cuatro el presupuesto de TITSA para toda la isla (incluyendo la nómina de sus 2 mil trabajadores) no lo consiguiera. Lo inteligente sería preguntarse si esos 400 millones se podrían haber usado mejor, coste de oportunidad.

Si crean el tren ultramegasuperrápido al Sur seguro que todos (los que se puedan permitir los billetes) preferirán el vehículo del futuro a la austera guagua, pero esos millones de viajeros se habrán hecho un gasto imperdonable. Seríamos como la pobre familia que casi no tiene para comer, que vive apretada en la casa de los abuelos, que no tienen para pagar el material escolar a los niños, pero los domingo van orgullosos a la masificada playa en su Mercedes. Eso sí, con lo rápido que va la bala, no se verán las barriadas de chabolismo ni la destrucción de paísajes ya castigados antes del tren.

En Gran Canaria Román Rodríguez y José Miguel Pérez también querían un tren. Lo que me hace preguntarme si en la práctica, más allá de la representación de discrepancia hay hondas diferencias entre los partidos que han privatizado el poder en una democracia en la que la sociedad ha delegado.

La sabiduría de mi abuela se preguntaría: “¿Para qué quieren viajar tanto estas generaciones (del consumismo irresponsable)?”.

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Posted in: Ética, Política