La sed en las cuentas públicas

Posted on junio 1, 2012

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En el blog se ha intentado realizar una serie de estudios sobre las principales figuras del sistema tributario español para comprobar como las reforma tributarias durante el periodo democrático han tenido un cariz regresivo y una consecuente insuficiencia de los ingresos para sostener un gasto social bastante reducido en comparación con otros países europero. Los tres impuestos más importantes de nuestro sistema por su volumen de recaudación son el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) que en Canarias es sustituído por el Impuesto General Indirecto Canario (IGIC) y el Impuesto de Sociedades. Las conclusiones de los estudios realizados hasta ahora son claros. Se ha disminuído la tributación a los rentistas más importantes con una merma de la progresividad, se ha castigado las rentas del trabajo sobre las rentas del capital, se ha impuesto mayor carga al consumo general frente al consumo de lujo.

Secundariamente se ha estudiado las hipocresías fiscales del PSOE cuando habla de progresividad fiscal, pues, con los hechos en la mano, es el partido que más ha deteriorado los principios de progresividad y suficiencia del sistema tributario. Los devotos de este partido, los que tengan fe en su discurso fariseo tienen ahí los datos y enlaces para estudiarlo por sí mismos. Mientras ha degenerado tanto el sistema tributario, se llena la boca con el discurso hueco de progresismo fiscal al hacer una proposición no de ley sobre un Impuesto sobre las Grandes Fortunas (con una recaudación y un corrección de la progresividad ridículas con respecto a la pérdida de recaudación y de progresividad producida por sus medidas de los noventa, de 2006 y de 2009) o su moción en los ayuntamientos para que el Gobierno cambie la Ley de Haciendas Locales y denuncie los Acuerdos con la Santa Sede (sic) para cobrar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI)  a la Iglesia, cuando, en el Gobierno, fue el partido que estableció el sistema de ayudas a la Iglesia en los ochenta y lo mejoró en 2006.

Finalmente en la Historia de los Impuestos en estos treinta años de democracia formal y desmovilización social también son importantes dos episodios en otros dos impuestos de segunda línea, el Impuesto de Patrimonio y el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. El primero fue eliminado en 2008 y recuperado temporalmente hasta 2013 por el PSOE en 2011 y el segundo fue prácticamente desactivado en muchas Comunidades Autónomas de mayoría del PP.

Además de la regulación (que debería estar y no está comprometida con los principios de obtener suficientes recursos para sostener los servicios públicos y de reparto equitativo del esfuerzo fiscal), que es lo que se ha estudiado en los anteriores artículos y se estudiará en el actual, es preciso clarificar que que hay dos fenómenos tan importantes como la corrección de la regulación para implantar un sistema fiscal más justo. Uno es la permisividad del fraude fiscal, que los Técnicos de Hacienda calculan en varias decenas de miles de millones. El otro son las amnistías que los dos grandes partidos han realizado.

Aunque el Impuesto de Sociedades (IS) es una figura vital en el sistema tributario español, se trata de un impuesto bastante complejo, mejor conocido por quienes buscan en él los recovecos para contribuir menos. Por eso, se ha quedado rezagado en estos estudios. Quienes opinan de él con conocimiento subrayan la importancia que juegan las deducciones, con lo que se consigue que los tipos legales queden muy rebajados en la efectividad. Otra de las primeras conclusiones que se obtienen en el análisis es como el texto de la ley que regula el impuesto se ha ido complicando hasta hacerlo farragoso en extremo.

En 1978, durante la etapa de construcción del modelo tributario español, con una fuerte movilización social detrás, el tipo de gravamen se estableció en 33% en general y con un 18% para Cajas de Ahorro, Cajas Rurales, Mutuas de Seguro y Cooperativa. Había otras excepciones menores.

La segunda ley, de 1995, marca el camino de retroceso para el futuro. El impuesto se empieza a complicar. El tipo general se eleva a 35% y se crea un tipo superior de 40% para sociedades dedicadas a la investigación y explotación de hidrocarburos. Se eleva al 20% o al 25% la tributación de cooperativas y de otras sociedades con interés social. Pero… Lo más resaltable es la reducción del tipo de gravamen al 1% o al 0% a muchas modalidades de sociedad de inversión financiera, fondos de inversión de capital variable o inmobiliario, planes de pensiones, sociedades de inversión colectiva. Esto les sonará porque es el inicio de la tributación privilegiada para las SICAVs y fondos, proceso que se consolida en 2003 con una renovación de la regulación de estas instituciones. Esto también lo pueden relacionar como una de las medidas que desbocaron el crédito, la especulación bursátil e inmobiliaria a partir de 1995.

Más o menos esa es la situación del tipo de gravamen que nos encontramos en 2004, cuando se aprueba el actual texto refundido de la ley de 1995 y no fue modificada sustancialmente con posterioridad, hasta el año 2006, cuando se baja el tipo general del 35% al 30%. Además lo hace con una técnica legislativa muy confusa, añadiendo disposiciones adicionales a la ley reguladora, en lugar de modificar el artículo correspondiente sobre el tipo de gravamen.

En el estudio de este otro impuesto vuelve a observarse como la mayor agresión al sostenimiento de las cargas es realizado por el partido que presume de defender la progresividad fiscal y los servicios públicos, en cada oportunidad que desean aparentar que PP y PSOE no son iguales y que ellos son más sociales. Deteriorando el sistema de financiación de las administraciones públicas es muy difícil después poder levantar sistemas LOGSE de Educación o sistemas de atención a la dependencia. No se puede contentar a los ricos perdonándoles impuestos y a los pobres dispensando buenos servicios públicos si no hay plata para sostenerlos. Hay que elegir. Los dos partidos han elegido claramente. Uno baja los impuestos y el otro recorta con más intensidad los servicios; los dos privatizan; los dos hacen reformas laborales de abaratamiento del despido, precarización de las relaciones laborales; los dos hacen guerras imperialistas; …

Los impuestos, son muy importantes en la gestión más civilizada del capitalismo o en ciertos planteamientos de transformación del capitalismo en socialismo. Lo ocurrido con esta institución en estos treinta años de gobiernos p”socialistas” y p”populares” nos ha distanciado mucho de planteamientos mínimamente aceptables. La redefinición de esos impuestos ha aumentado la desigualdad social, ha deteriorado lo público y ha contribuido al calentamiento de las finanzas, lo que con la desregulación bancaria y de los movimientos especulativos nos ha colocado en la trampa histórica que ahora vivimos.

Si sumamos a todo esto que el Estado asume las infinitas deudas del sector bancario superprivado (creadas por gestores enriquecidos por conducir irresponsablemente sus entidades) y ayudas a los propietarios de otras grandes empresas privadas, estamos ante la constatación de que el Estado ha sido en estos treinta años un claro instrumento de reproducción de una maquinaria que tritura carne humana.

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Posted in: Economía, Política