Descifrando al enemigo: la gran empresa

Posted on abril 21, 2012

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Muchas veces intento avistar al sujeto que de verdad se confronte al plan en desarrollo de desmontar el Estado del Bienestar en una sociedad como la nuestra, pero también en los otros países occidentales, a ritmos diferentes. Sin embargo, no recuerdo haberme detenido en la identificación precisamente del sujeto que impone esa senda de retroceso, el enemigo.

En el siglo XIX, el opresor era más definido, encarnado en el terrateniente y sus capataces, corporizado en la burguesía industrial o financiera con sus cadenas de mando. Era una clase dominante apegada todavía a la economía real. En aquella época la clase explotadora era local en procesos de nacionalización. Fue un enemigo del progreso que exigía el socialismo en auge en las fábricas, las minas, los latifundios.

Dentro de las sociedades complejas en las que vivimos, el principal militante y dirigente  del partido que ahora promueve un capitalismo más excluyente es la gran empresa.  Frente a la definición del opresor del siglo XIX, ahora se trata de un sujeto sin rostro, anónimo, transnacional, muy financiarizado. Es cierto que quedan grandes empresas más personales, más locales, que intentan dominar a los poderes públicos locales y regionales de forma parecida a como lo hacen las grandes empresas en organizaciones internacionales o poderes nacionales. Aunque, según el Directorio central de empresas del INE, en 2011 sólo 107 empresas de los más de tres millones tenían contratados a más de 5 mil trabajadores, la influencia de estas empresas sobre los poderes públicos es muy grande. El tamaño de las 35 empresas del IBEX equivale a un tercio del PIB anual de España, más de 300 mil millones de euros.

En su estructura de propiedad vemos que gran parte de las acciones de cada gran empresa le pertenece a otra gran empresa o a sí misma, con la autocartera. La propiedad de las personas y familias que están por detrás de estas empresas casi siempre están muy escondidas. Aunque asociémos a la familia Botín con el Banco Santander, nadie de esa familia aparece con participaciones superiores al 3%, a pesar de que hay tres miembros de esta familia dentro del Consejo de Administración, de 18. Otro ejemplo es el de Inditex, que tiene una estructura de propiedad muy concentrada, pero no parecen nombres de personas o apellidos de familias, sino unas sociedades limitadas, detrás de las cuales lógicamente estarán Amancio Ortega y su esposa.

Sería muy interesante que alguien se animara a investigar qué parte de los dividendos van a parar a otras grandes empresas o a sus filiales y qué parte alcanza a los destinatarios personales y familiares, en esos circuitos de la opacidad. Si se identificaran estas personas y familia daríamos con los rostros que están detrás del decorado abstracto. Muchos de ellos se delatan con su pertenencia a los Consejos de Administración de esas grandes empresas, donde cobran parte de su retribución. Sería igualmente interesante la investigación de qué parte de la renta de estas grandes fortunas pertenecen a rentas del trabajo (entre comillas) y qué parte de sus rentas proceden de fuentes mobiliarias e inmobiliarias de capital (se adjunta la lista de los 16 milmillonarios españoles identificados por Forbes, lista en la que seguramente se sienten muy orgullosos los que de otra forma no facilitan que se conozcan sus patrimonios). Como también sería sugerente el estudio de las formas en la que hacen opaca la propiedad de esos patrimonios y de las rentas que reciben.

En un ejercicio de identificación de políticos de alto nivel (presidentes de gobierno o ministros), salieron sin mucho esfuerzo una treintena de ellos (generalmente hombres) que dieron el salto de la política a la gran empresa, para trabajar directamente a su servicio o para mantener unas rentas propias de las altas esferas. Políticos de los grandes partidos (PP, PSOE, CiU, PNV, …). Esto fue como la evidencia de los estrechos lazos entre las grandes empresas y la política que actualmente nos legisla y gobierna, un gobierno plutocrático más que democrático, sin que las mayorías sociales sean críticas contra esa situación, más bien al contrario, participan esas mayorías sociales en el sostenimiento de esos gobiernos, al servicio de las grandes empresas y grandes patrimonios personales escondidas en su trasera, dando su apoyo a los partidos que sigilosamente gobiernan para esas grandes empresas.

Por si fuera poca la capacidad de influir a las buenas en las instituciones públicas, colocando a sus intermediarios, cuentan con mecanismos para extorsión. Ahora que el gobierno argentino ha molestado a una de esas grandes empresas, vemos como el gobierno que privatizó a la gran empresa incordiada, la oposición del país de origen de la gran empresa enojada, los grandes sindicatos (CCOOUGT), el Banco Mundial, el G-20, la Unión Europea, el Parlamento Europeo hacen gestos de condena y represalia. Gran parte de la mala prensa de algunos liderazgos populares en Latinoamérica (con su defectos) han sido ridiculizados y satanizados precisamente por mostrar hostilidad hacia esos grandes negocios imperialistas. Estas grandes empresas sin tener que recurrir a la acción de protección de sus gobiernos favorables tienen siempre cargada el arma de la deslocalización, por ejemplo, si fuese menester.

De esa forma, las grandes empresas y las familias que hay detrás han conseguido durante estas décadas todas las golosinas que se les han antojado: las reformas laborales, las reducción de la progresividad fiscal y la permisividad de su fraude, las privatizaciones, la liberalización irracional de los mercados financieros, el adelgazamiento del estado del bienestar, las presiones y guerras contra los países objeto de la reconquista… aspectos integrados en un programa global y coherente.

También controlan el poder mediático directamente, con su propiedad, o indirectamente, con la influencia que les da la publicidad sobre los medios que son propiedad de otros capitalistas.  Si al poder político institucional lo tienen bastante contento en los abrevaderos, al poder político popular de emancipación consiguen debilitarlo con el bombardeo permanente de las mentiras que se convierten en verdad a base de repetirla por doquier. Entre tanta mentira instalada es difícil formar a personas en el pensamiento crítico y tejer una red de movimientos que sea capaces de poner en jaque al sistema plutocrático.

Esta es la pieza central del sistema de dominación al que se tendrá que enfrentar el sujeto histórico que esperamos como a un mesías del pueblo.

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Posted in: Política