La construcción de un capitalismo más excluyente, vista desde las Administraciones Públicas

Posted on abril 18, 2012

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Introducción.

Antes de empezar, insisto en que la época actual no es una crisis, ni una estafa. Se trata en mi manera de ver el relato, de una reorganización del sistema. En esa reorganización, la parte de la riqueza que se desviaba a las clases trabajadoras y populares de occidente es absorbida y concentrada por los grandes capitales y los grandes patrimonios, a partir de la nueva relación de fuerzas en las sociedad: clases trabajadoras desideologizadas, desorganizadas, acomodadas; concentración y globalización de las grandes empresas.

En la situación previa era importante el reparto de rentas a las clases trabajadoras con unos salarios de dignidad o consumismo y una fiscalidad progresiva capaz de obtener ingresos públicos suficientes para sostener el Estado del Bienestar, que actuaba como segundo flujo de rentas a las clases trabajadoras. El Estado Antipático que defendía la propiedad y la producción del liberalismo se convirtió en un Estado de Rostro más Amable, que regulaba el trabajo para proveer a los trabajadores de unas condiciones dignas de vida, que educaba a los niños del obrero, que curaba a la viuda enferma o le pagaba una pensión al viejo. Con su evolución se alcanzó el pico en el que con endeudamiento familiar muchas familias podían permitirse un consumismo enfermizo.

Ahora el Estado abandona el papel amable que habían impuesto las movilizaciones populares. Avanza hacia una naturaleza antipática, recupera el carácter de instrumento para la dominación, una carácter que estuvo en un segundo plano en los tiempos en los que la población estuvo más ensimismada con sus estrenos, sus regalos, sus modas, sus viajes.

Desarrollo. Servicios generales.

Quería en esta reflexión mostrar cómo se ve la crisis/estafa/reorganización-del-capitalismo desde las Administraciones Públicas, desde mi rinconcito laboral en este universo decadente.

Como todos saben, las personas que trabajan en las Administraciones Públicas vivimos con la misma ansiedad de recortes. Muchos compañeros interinos y laborales temporales viven con la inquietud de que no les prorroguen sus nombramiento y contratos; otros ya se han ido; con las Ofertas Públicas de Empleo casi trancadas no llega nadie. Igualmente, son constantes los rumores de que nos bajan las retribuciones o los derechos: durante las vacas gordas la retribución crecía por debajo del IPC; Zapatero bajó el 5% de media; desde entonces vivimos a cero grados con las congelaciones. Además de la disminución de las plantillas y los tijeretazos en las nóminas, muchas veces se observa que el colectivo no tiene mucha ilusión y es consciente con tristeza de que la sociedad en lugar de apuntar contra los más ricos apunta muchos de sus dardos contra los empleados públicos.

Últimamente, también hemos visto como se eliminan alquileres de edificios, para reducir gastos. Como anécdota de los derroches de épocas pasadas puedo contar como se mantuvieron desaprovechadas dos plantas de un enorme edificio de oficinas. Eso ahora sería menos posible, aunque con la calidad del liderazgo en algunas Administraciones Públicas no es descabellado.

En la prestación de servicios internos por empresas se ve como se reducen los presupuestos. Hoy me dijeron que una Administración está pensando en acabar con los históricos contratos de seguridad de los edificios, atribuyendo esa responsabilidad a los subalternos de la administración. Ya será difícil encontrar contratos sin retorno, como algunos contratos informáticos en los que parece que se compró humo.

En 2007 las Administraciones Públicas iniciaron un empujón para subirse al carro de la sociedad de la información y la comunicación. Fue llamado esfuerzo de modernización. Igual que la sociedad se informa y se comunica a través de Internet, el móvil, las redes sociales, la blogosfera, … Igual que la sociedad hace gestiones económicas con su banco o con compañías aéreas con medios electrónicos… Las Administraciones Públicas se embarcaron en una reorganización para dar servicio con esas tecnologías. En muchas Administraciones Públicas se enredaron sin muchos avances. Ahora, con precariedad de recursos, ese esfuerzo cuenta con un aliento más débil.

La dimensión externa.

El ciudadano no ve esos aspectos internos de los que he hablado. Le interesa más bien que le autoricen una construcción, que le den una ayuda, que le escolaricen al niño. En estos aspectos es donde el ciudadano comprobará el transcurrir cangrejo de los tiempos de ahora.

Dentro del Estado Social era muy importante la provisión de servicios. Así las Administraciones Públicas curaban, formaban, cuidaban en centros para la atención a personas dependientes, daban servicio de biblioteca, museo o archivo, … Antes de los recortes en sanidad y educación de abril de 2012, estos servicios se habían resentido con la disminución de presupuestos, la no realización de sustituciones, la falta de inversión para la creación de centros de atención a personas con dependencia, la eliminación o reducción de partidas para la adquisión de materiales para bibliotecas. En cada uno de estos servicios pueden encontrar muchos casos de cómo ha afectado allí la crisis.

Como quiera que desde 2009 hasta ahora el déficit no se redujo en los términos que los gobiernos se habían planteado, no es difícil adivinar que en el paradigma de transformación del sistema todos estos servicios (que suponen los mayores gastos junto con las pensiones) sufrirán una degradación gravísima. Aparecerán por supuesto los llamados copagos, se deteriorarán estos servicios. Una mala provisión de estos servicios por los poderes públicos da la posibilidad a los intereses privados para extender sus sistemas entre la población que pueda permitírselo y prefiera huir de los erosionados sistemas públicos.

Además del deterioro de los servicios públicos, la transformación del Estado en el contexto de la construcción de un capitalismo más excluyente también pasa por la aligeración de las líneas de subvención y ayuda. En la anterior etapa histórica, al Estado se le asignó la misión de proveer los servicios básicos del párrafo anterior, pero también se le atribuyó la tarea de fomentar determinadas conductas entre los particulares y de proteger a las personas en situación más vulnerable. Últimamente asistimos a una carrera de cambios normativos para borrar del mapa estos instrumentos de conducir por el buen camino (a veces las subvenciones servían para otras cosas) o para aliviar la situación de los que peor están en la sociedad. Son muy famosas la eliminación de Zapatero de su cheque-bebé de quita y pon o la no renovación de Rajoy del cheque-alquiler para jóvenes. Pero junto a estas figuras, se han ido hundiendo silenciosamente muchas subvenciones y ayudas en muchas materias. Al contrario, vemos en la actualidad como se ponen de moda unos expedientes de reintegro de subvenciones y ayudas, que antes de esta conversión del Estado era una figura de la Ley de Subvenciones que casi no se usaba. Es otra forma de recaudación.

Dentro de la teoría de los administrativistas sobre la actividad de las Administraciones Públicas, parece que en la época que se avecina tampoco espera una intensa ordenación de las actividades de los particulares para evitar que lesionen el interés público. La administración ni ayudará, ni subvencionará a quien ayude, ni prestará servicios. También se desinfla a la hora de hacer controles (previos como la autorización o la concesión, o durante la duración de la actividad privada como la inspección). La Directiva Bolkestein también procura darle rienda suelta a los actores. En la reforma laboral vemos como los ERES ya tienen menos intervención arbitral de la autoridad Laboral. En casi todas las materias se ha puesto de moda la liberalización.

Se trata de una dejación pública de los objetivos asumidos durante los años del Estado de derecho, del Bienestar, democrático. Ni promueve, ni presta, ni vigila. Todo se ha acompañado de lo que el profesor de Derecho Administrativo Ramón Parada Vázquez llamó la desbandada del Derecho Público hacia el privado: privatizaciones de empresas, conversión de órganos administrativos en órganismos autónomos o empresas públicas con menos controles.

Parece que al Estado en ciernes se le va a encomiendan sólo la protección del orden público y la propiedad privada. En ese aspecto, no se observa el encogimiento, sino lo contrario. Las Ofertas Públicas de Empleo están congeladas, pero en el caso de la polícía se hace excepción. Es como el aviso de que esta reducción del Estado que tenía una vertiente de actividad para el interés general no afectará a la represión de la protesta que el descontento social producirá.

¿Aceptarlo?.


En lo que a las Admnistraciones Públicas se refiere, tenemos que pretender unas Administraciones Públicas tributarias que persiga mejor el gran fraude. Desde luego, habría que recuperar la progresividad perdida en los impuestos, lo que no incumbe a la Administración Pública, sino al legislador tributario. Luego habría que atacar el verdadero gasto inútil de subvenciones a amiguetes, asesores, obras faraónicas en tiempo de crisis, instituciones-comedero, … Habría que definir el núcleo central de servicios intocables por la sucias manos de los que quieren convertir derechos en mercancías y sus serviles gobiernos. Para reorientar es necesario que haya quien exija esa reconducción.

Es feo el futuro que se ve por delante. Durante muchos años, el capital y sus gobiernos (PPSOE, CiU, PNV, Coalición Canaria) ajustaron el sistema de una forma que nos ataron las manos. Para salir del circuito es necesaria una rebelión que, en mi pesimista pronóstico, está lejos de las capacidades actuales de las clases populares. Me llama al esfuerzo rebelde la moral. Algunos fenómenos como el 15M pueden ser el augurio de futuras reanimaciones, que pudieran romper con este pesimismo necesitado de esperanzas. Cuanto más nos animemos y antes lo hagamos, antes recuperaremos las riendas del mundo, conducido por los peores intereses.

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