La energía social del 29M

Posted on abril 1, 2012

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Este principio de siglo desprende confusión, impotencia, resignación, desconfianza, individualismo. Atrás quedó la ilusión colectiva y convencida de vencer las resistencias al progreso comunitario. En sus mejor edad, esa ilusión pretérita fue capaz de echar un pulso a las fuerzas históricas de la quietud de la dominación, conquistando avances con su fuerza ascendente. Ahora las actualizadas fuerzas de la dominación social empujan a la Historia por el callejón oscuro donde son birlados los derechos antaño arañados con sudor y sangre, sin oposición de la ilusión desvaneciéndose. El abandono del cultivo de esa esperanza colectiva dura ya bastante décadas; en el erial que ha quedado después del descuido ya no brotan la utopías que iluminen el camino.

Cuando la debilidad de los impulsores del progreso no puede ni siquiera sostenerlo en el asedio recibido, cuando sólo pueden lastimarse ante el retroceso apisonador, mientras la fuerza del retroceso hace una liquidación acelerada de lo adelantos sociales… Aparecen momentos en los que el núcleo central de los herederos de las ideas de progreso hacen esfuerzos por movilizar a la sociedad contra los atropellos. En la Historia quedarán anotados esos esfuerzos rituales como el testimonio de que hubo una queja social en el momento en el que los trituradores de los derechos sociales pusieron su máquina al máximo rendimiento.

El 29 de marzo  fue uno de esos momentos. Por la mañana se vislumbraba la confusión, la impotencia, la resignación, la desconfianza o el individualismo en una huelga no querida por demasiados trabajadores ocupados. Por la tarde, se apuntó masivamente el lamento por la renuncia constante a la protección de los más débiles.

Las últimas dos huelgas generales (2010 y 2012) han sido similares en su desarrollo: seguimiento lejos de la altura idónea en proporción con la gravedad del cambio de paradigma del capitalismo y grandes manifestaciones indicadoras de un descontento social que no encuentra la forma de exigir al sistema una moratoria en el ajuste del sistema mientras pensamos el tipo de sistema que a la comunidad le interesa. Ya no son ni siquiera las huelgas generales de 1988 o de 2002 que conseguían frenar reformas concretas en medio de una remodelación imparable hacia los retrocesos.
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Mi generación, nacida en democracia, recibió un patrimonio de avances y lo disfrutó sin la conciencia de que no eran unos bienes imperecederos, sino un caudal que requería conservación, mantenimiento, reforma y mejora. La sacrificada generación anterior construyó en los setenta una sociedad más libre e igualitaria que la que recibieron, fueron dignos sucesores de quienes fueron derrotados por los militares, la Iglesia, el fascismo en los años treinta. Hubo un relevo defectuoso de la misión de continuar la obra común.

El 15 de mayo o el 29 de marzo pueden ser dos certificados del sollozo, como se consideró antes. Pero también pueden ser dos agitaciones para sacar a la sociedad de su actual marasmo. Habría que contribuir precisamente a que sirvan para esto último.

No se trata por lo tanto de afrontar desde la debilidad el antagonismo hacia el programa retrocesor de los gobiernos del bipartidismo. En la medida en que se pueda, también hay que oponer. Pero lo más importante es el fortalecimiento progresivo de la sociedad crítica y solidaria. La energía de estas fechas, o la del próximo 1 de mayo o la del próximo 12 de mayo, debería servir precisamente para seguir construyendo ilusión, con conciencia, organización y acción. Por eso, habría que huir en la medida que pudiésemos influir de dos riesgos: la dilución de la energía que se ha desatado en un nilihismo que se decepciona y la canalización de esa energía hacia una cambio del partido en el gobierno, pero con programa idéntico.

En esta tarea es necesaria la colaboración de la izquierda tradicional que no ha vendido su alma al capitalismo y la izquierda que nace en las asambleas del movimiento 15M. La tarea de construir el sujeto histórico es inmensa, pero necesaria. Quizá esta generación no sea la más apropiada para hacerlo, pero desde luego tiene el deber de hacer esfuerzos preparatorios o iniciales.

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Posted in: Historia, Política