Los modos de vida de los esclavos

Posted on marzo 27, 2012

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Una esclavitud sumisa y aceptada en época de vacas gordas.

Durante los años de la burbuja financiera e inmobiliaria y el endeudamiento ilimitado de empresas y familias, en nuestra occidental sociedad, estaba vigente el modo de vida ansioso de tener. Muchos trabajadores anhelaban un trueque absurdo: horas extraordinarias de la vida propia por dinero, juegos con el bebé por mayores posibilidades de consumo, cultura mayor por posibilidades de ahorro, … Ese trabajador era feliz con su creciente tener, aunque le faltara el tiempo para disfrutar de lo que no se compra.

El ejemplo más claro es el del controlador aéreo, que fue puesto en el punto de mira de la envidia nacional por el gobierno “socialista” y los medios de comunicación  por ganar unos pocos cientos de miles de euros a fuerza de renunciar a una vida personal o colectiva. Pero en las grandes empresas y en las Administraciones Públicas también se disfrutaba de los tiempos gloriosos del derroche.

Las empresas eran generosas en el reparto de las migajas, nunca las hubo en tanta abundancia. Las empresas acumulaban unos capitales con los que conquistar otras empresas allende los mares o repartían unos dividendos en un capitalismo popular (aparentemente). Los patrimonios personales y familiares de las personas y familias más ricas crecían al ritmo del endeudamiento de familias que no tenían otra vía para llegar al consumismo o al final de mes o de las empresas con delirio de grandeza.

Otra esclavitud contemporánea de aquella.

En otros puestos de trabajo el amo del trabajador no era su avaricia, sino la codicia de su empresario o de su empresa. En todas las épocas   siempre ha habido empresas que no han carecido de una legislación laboral “reformada” (“reforma” fue en un tiempo sinónimo de progreso gradual; ahora es sinónimo de retroceso) para abusar del trabajador, pues les ha sobrado el descaro y la sensación de impunidad. Ese mundo de sumersión o semihundimiento, tan extendido, la realidad supera a la imaginación más regresiva de cualquier gobierno. Allí sí que viven en las condiciones laborales anteriores a la acción correctora del movimiento obrero.

Las esclavitudes de ahora.

Se acabaron los efectos multiplicadores de la financiación. Ahora los esclavos de su ambición aprenden, son menos y tienen menos posibilidades. O han tenido que reciclar su proyecto de vida (más lento y con menos materialismo iluso) o siguen sometidos a fuertes ritmos y jornadas de trabajo, con menor recompensa.

Los esclavos de la codicia ajena empeoran sus condiciones a la par. Antes la explotación alcanzaba con fuerte intensidad en los recovecos a los que la vigilancia del estado no llegaba. Eso continúa para millones de trabajadores. Ahora, con la reforma laboral, servirá con el paso de los años para la debilitación de las relaciones individuales y colectivas de los trabajadores en la economía formal. La reforma erosionará con prisas y sin pausa unas relaciones de trabajo reguladas (derechos consolidados, estabilidad, negociación colectiva, tutela judicial) que costaron ochenta años e infinitos sacrificios obreros; que se han estropeado en los últimos treinta años y ahora se deteriora con brusquedad.

La esclavitud de la sumisión histórica.

Mientras ocurre el cercenamiento, deberíamos estar buscando fórmulas para impedir la perpetración de este plan y orientar a la sociedad hacia modos de vida menos consumistas, más solidarios y más participativos. Sin embargo, el desarme ideológico de las últimas décadas provoca un síndrome de Estocolmo entre quienes sufren la servilización.

Deberíamos proponer y ensayar maneras para organizarnos y luchar con eficacia y aceptamos con resignación el horizonte nocturno hacia el que nos arrastran. Deberíamos acudir a donde llaman a la lucha para aprender en ella las formas de luchar mañana y nos enredamos en nuestra confusión. Deberíamos dar la mano a cualquiera que levanta la voz en contra de la injusticia o con una propuesta de progreso y lo dejamos solo mientras manifestamos que de nada sirve. Deberíamos apoyar con nuestros medios las iniciativas populares con un pequeño sacrificio personal o familiar y regateamos cualquier contribución a lo colectivo, porque creemos que ningún recurso debe derrocharse fuera del egoísmo.

Estamos en el fondo de la conciencia, la organización y la lucha. En esos lodos podríamos crear una nueva persona, pero aceptamos con calma que el monstruo se aproveche de nuestra debilidad para devorar todo cuanto pueda y quiera. No deberíamos esperar a estar muy mal para emprender la rebelión.

Mañana jueves 29 de marzo de 2012, reintentaremos el proceso de rearme ideológico, organizativo, combativo. De la suma de muchas personas depende que ese día sea un paso por el camino hacia otro mundo. Arrima tu fuerza.

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Posted in: Política