Los sindicatos, la huelga general y la confianza

Posted on marzo 22, 2012

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Los sindicatos nacieron con el movimiento obrero, en el siglo XIX.  Era una de las formas que adoptó la organización de la clase obrera, junto al partido, las cooperativas de producción o de consumo, la organización dentro de la empresa con comités o delegados, … Entre todos esos agentes se producían tensiones. Además hay que añadir la división de las diferentes familias de oposición al capitalismo creciente: anarquismo, socialismo democrático, comunismo, que también tienen un división interna.

En la clandestinidad crecieron. En la legalidad consiguieron grandes mejoras en muchos centros de trabajo. En España, la Unión General de Trabajadores (socialista) y la Confederación Nacional de Trabajadores (anarquista) eran las organizaciones con mayor fuerza. Los logros obtenidos por el sindicalismo y todas las organizaciones obreras se interrumpieron con el triunfo del golpe de estado de militares, falangistas, Iglesia, oligarquías en los años treinta y la política de exterminio seguida después. Se implantó el Organización Sindical Española o Sindicato Vertical, organización sin relación con la unión de trabajadores a la manera socialista o anarquista, planteada más bien para control social de los trabajadores.

En una nueva clandestinidad, surgieron en el interior del sindicato vertical las comisiones obreras (CCOO), vinculadas a la tradición comunista, capaz de obtener en pleno franquismo varios avances y una articulación de la clase trabajadora, antecedente de una de las piezas más importantes del sindicalismo del actual régimen político. No tardó en reaparecer la UGT, como marca del pasado. El sindicalismo anarquista en esta nueva fase histórica no ha obtenido la fuerza que tuvo en las primeras décadas del siglo XX. Germinó un sindicalismo a partir de los nacionalismos periféricos. Junto a estas piezas, se comprobará la existencia de sindicatos más sectoriales.

En general el patrón de sindicalismo ha sido en esta época más conciliador que exigente. La paz social, la negociación colectiva, el convenio colectivo, el conflicto ordenado, … han sido las pautas, lejos del sindicalismo animador de la conciencia, la organización y la lucha para contribuir a la participación de los trabajadores en el gobierno de los pueblos. Durante estos más de treinta años hemos observado las protestas rituales contra la reforma laboral descendente y continúa, por el control de los pensamientos y los hábitos políticos de los trabajadores y por la conversión de los agentes de la clase trabajadora (que fue el sujeto social más empeñado en una emancipación total) en interlocutores sin alma en los procesos deliberativos y de toma de decisión.

Estos días previos a la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios, escucho con mucha fuerza las antipatía que levanta este sindicalismo. Seguirán concitando el apoyo de muchos trabajadores, pero en la muestra del universo que se pasea a mi alrededor parece que la desconfianza hacia ellos es quizá más fuerte que su credibilidad. Ocurre algo parecido a lo que pasa en la política, en la que los partidos tienen una valoración muy pobre.

La huelga general se enfrenta a muchos obstáculos (el aturdimiento de la conciencia, el acomodamiento del consumismo, el miedo a las coacciones, …). También tiene un lastre en el hartazgo que han provocado los grandes sindicatos. Deberían hacer una profunda autocrítica sobre el comportamiento que han tenido durante estas décadas y medir si han usado bien las fuerzas retenidas.

Sin embargo, en quienes muestran este rechazo no observo un esfuerzo por rescatar a esos sindicatos del rumbo establecido por sus jerarquías, ni una intención de reforzar a los movimientos sindicales alternativos. Tampoco abunda la integración en ese 15M sindical que ha aparecido en las manifestaciones contra las reformas laborales, el “bloque crítico”. Es más común una crítica externa a los sindicatos sin propósito de enmienda personal.

Muchas veces me pregunto si el renacimiento que deseamos de los movimientos anticapitalistas llegará por la rehabilitación de los actores maduros o si vendrá de la mano de un nuevo soplo histórico. Por si acaso, muchas personas prestamos nuestro aliento a cualquiera de las posibilidades, porque el mundo dirigido por los poderosos ahora incontestados nos arrastra a infiernos sociales con residenciales celestiales.

En la huelga general estaremos todos. Debemos procurar ser cada vez más y estar cada vez mejor preparados, con la moral de que en los tiempos corrientes nadamos contra viento y marea. La recuperación de la confianza es algo fundamental.

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Posted in: Historia, Política