La responsabilidad de todos en la anatomía del sintentido

Posted on marzo 19, 2012

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Desde hace unos días habito fuera de mi casa y mi rutina. También me he ausentado con más lejanía de la ansiosa actualidad.

Armando Tejada Gómez y César Isella escribieron que “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Debe ser porque tienen razón que yo vuelvo con recurrencia a mi pueblo infantil, en el que me sentía como el Mochuelo de la novela Camino de Delibes.

Mi Ítaca se compone de familiares octogenarios y otros más jóvenes, de los paisajes, los libros, los cassettes, los discos de vinilo. Es un mundo que desde hace décadas se descompone. Se mueren los viejos, el campo se descuida, la vida nos aleja. Sobre mi Juncalillo he escrito más de una vez, siempre con el sentimiento nostálgico de quien es consciente de que jamás volvemos a la patria de la infancia.

En mi casa de niño encontré los viejos libros que iluminaron mis sombras. Casi siempre reojeo alguno de ellos. Esta vez cayó en mis manos un libro de conferencias de Manuel Sacristán.  Es estimulante el reencuentro con personas que como él, como André Gorz o Iván Illich, adivinaron desde los setenta la insostenibilidad del coche. Manuel Sacristán lo consideraba como un objeto esencialmente incompatible con el socialismo. Explica que no es un objeto de consumo permisible para los cuatro mil millones de habitantes (de aquella época) del planeta. Añadiría yo que tampoco es permisible para muchas generaciones de las naci0nes occidentales. Por su parte, Gorz descubre el efecto que los coches producen sobre las ciudades diseñadas a su servicio. O Ilich investiga la servidumbre que crea esa posesión.

El coche es el más claro de los iconos del capitalismo del consumismo de las últimas décadas. En el capitalismo anterior el carbón y la máquina de vapor habían mejorado los transportes de servicio público (el barco y el tren), junto a otras industrias como la textil. En el capitalismo de petróleo y la electricidad todo se individualiza: el transporte (el coche), la comodidad del hogar (la lavadora, la nevera, la cocina de gas o de electricidad). El capitalismo de la electrónica ha añadido el entretenimiento digital a los regalos materiales de las épocas anteriores.

Creo que no es difícil alcanzar esas conclusiones si el ejercicio de reflexión sobre el coche es sincero. En cambio, se observa como un pensamiento de este tipo es inconcebible en la sociedad occidental actual. Al contrario, la idea insostenible es importada por los países que pretenden dejar atrás el maldecido subdesarrollo.

En el estado actual de la conciencia en occidente el apego al coche y a los otros objetos del deseo consumista es tan fuerte que a corto plazo parece imposible la ruptura con hábitos que los individuos del sistema hemos ido contrayendo, reclamando del sistema la satisfacción a cambio de las jornadas de trabajo. Parece poco importante en nuestra moral que para sostener este modo de vida haya que condenar a los pueblos empobrecidos con guerras anti-gobernantes-anti-occidentales, oligarquías explotadoras y asociadas con el imperialismo, expulsiones de sus regiones y comunidades, … Igualmente parece poco importante en nuestra moral que para sostener este modo de vida haya que condenar a las generaciones futuras de los pueblos actualmente enriquecidos con unos recursos agotados, unos residuos molestos, un medioambiente envenenado, …

Es evidente que las clases trabajadoras y populares de las naciones ricas periféricas (en mayor medida que en los países centrales) sufren un empujón excluyente de su modo de vida acomodado. Un empobrecimiento progresivo que afecta a sus salarios directos, pero también a los servicios que les ofrecía el estado o a la seguridad de que la sociedad les socorrería en caso de una circunstancia de desamparo social. Sin embargo, esta exclusión del club de los privilegiados de las clases trabajadoras y populares no supone la mayor de las contradicciones históricas del modo de producir, intercambiar y consumir que hemos contribuído a construir con nuestra forma de vida.

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Posted in: Ética, Historia