La democracia es también sacrificio y responsabilidad

Posted on marzo 14, 2012

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Seguimos conversando en la sociedad sobre la huelga. Dentro del esquema de actitudes contrarias a la huelga, la de la comodidad debe ser la principal. Es común encontrar personas que opinan que la reforma laboral o los recortes sucesivos y venideros son una canallada a los trabajadores y quienes menos tienen. También consideran que el motivo para protestar enérgicamente es suficiente. Pero… piensan que la renuncia a un día de salario es un sacrificio muy grande.

Sé que hay casos en los que el margen económico familiar dificulta mucho la posibilidad (las estadísticas hablan de la pobreza de muchos trabajadores con salario, que se suma a la pobreza de las familias con prestación-subsidio de desempleo o sin ingresos, para llegar al 22% en todas las formas de pobreza), pero en general tengo la sensación de que esta falta de atrevimiento es muchas veces un indicador de esclavismo asumido.

No quiero decir que nos esclavice la empresa o el sistema, pues en muchos casos no ahogan tanto. Nos esclavizamos nosotros mismos. En 1848 se gritaba que los trabajadores de la fábrica sólo tenían las cadenas que perder en la lucha. Ahora los empleados de las empresas adoptamos un modo de vida con cadenas más ligeras y de oro, con televisiones de doscientas pulgadas, móviles de última generación, ordenador, tableta, viajes al exotismo, modas, créditos de consumo, coches flamantes… En cambio, no encontramos en nuestra hucha cincuenta-cien euros para mostrar que nos queda dignidad. La vendimos por un bajo precio.

Nos lamentamos cuando nos hacen esperar dos años por una operación o cuando pasan las semanas y no llega el profesor interino de nuestro hijo… Nos disgustamos cuando nos rebajan el sueldo o cuando nos despiden porque la empresa ha tenido nueve meses con reducción de ingresos. Nos duele que los requisitos académicos para la obtención de una beca de estudio se eleven presionando más al joven estudiante. Nos lastima la subida de las tasas universitarias… Pero somo incapaces de decidir por nosotros mismos una pérdida y no por gobiernos al servicio de plutócratas.

En los tiempos en los que algunos de nuestros abuelos consiguieron los derechos que ahora disfrutamos, para luchar, pasaban hambre de verdad, sufrían represión. Pero formaban parte de un pueblo deseoso de su libertad. Ellos compraban libertad y derechos con su hambre; nosotros vendemos derechos y dignidad a cambio de un cachito de consumismo que todavía no nos han quitado, pero que ya nos quitarán.

Detrás de esta falta de sacrificio está la privatización de la vida. Parece que toda la energía de los individuos y las familias deben ser destinadas a que el individuo y la familia se adapten mejor en la selva y vivan más cómodos en el salón de estar. Ninguna energía para unirla a las energías de otros individuos y otras familias y formar una gran energía colectiva orientada a los proyectos comunes.

El mundo y el futuro no son horribles tan sólo por la avaricia infinita de unos pocos. Ese mundo y ese futuro (oscuros) deben mucho a la complicidad de las masas atomizadas, que refunfuñan en sus nidos y no se arriesgan a ofrecer su fuerza a la esperanza.

La democracia no es sólo libertad, es también responsabilidad. Responsabilidad para informarse, responsabilidad de participación un sábado por la tarde mientras dan el partido de tu equipo de fútbol, responsabilidad de mirar hacia el nosotros, responsabilidad para no ansiar el móvil más espectacular y no guardar el más pequeño rinconcito a la ayuda a un medio de comunicación crítico con problemas sociales, responsabilidad de saber cómo viven los que peor están en la sociedad, responsabilidad para echar una mano a desconocidos porque pudiste ser tú quien la necesitó, responsabilidad. Sin responsabilidad tenemos una democracia sin demócratas.

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Posted in: Ética