Huelga general y ley de la gravedad histórica

Posted on marzo 11, 2012

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Últimamente sólo pienso en la huelga general. Me levanto por las mañana canturreando: “Hacía falta ya una huelga una huelga; hacía falta ya una huelga general”. Veo las películas dedicadas al tema. Releo a Zola o a Rosa Luxemburgo. Empiezo a perder la cuenta de las manifestaciones previas a la huelga a las que he asistido. Converso con mis compañeros sobre el tema. Me acuesto viendo series históricas de estadísticas.

La necesidad de la perspectiva

Creo que ya he planteado o insinuado al menos que quizá lo más importante de la huelga general no sea manifestar la protesta merecida por la agresión a los trabajadores con la reforma laboral o los recortes. Tampoco obtener la retirada de la reforma laboral debería ser el objetivo más importante del momento histórico presente. La principal tarea para las generaciones a las que les ha tocado vivir este momento histórico debería ser la constitución de un sujeto popular capaz de gobernarse.

Las huelgas generales de 1988 y de 2002 consiguieron rectificaciones de las reformas laborales, no así las de 1985, 1992, 1994 ó 2010. Sin embargo, la fuerza de los promotores del programa neoliberal ha arrastrado esos pequeños muros de contención que lograron construirse. No ha habido forma de evitar las privatizaciones, las concentraciones, las reformas tributarias, las reformas de las pensiones de 1985 y 2011, los múltiples recortes, el urbanismo al servicio del interés particular.

Sería maravilloso volver a colocar un nuevo dique contra esta reforma laboral, pero podríamos ver como dentro de cinco años se tira, como ocurrió con la rectificación de 1988 o ocurriría ahora con la de 2002. Lo que conviene a las sociedades occidentales es la derogación de la ley de la gravedad histórica.

El gobierno de la Historia

El movimiento obrero constituído alrededor de la fábrica y la mina consiguió revertir el fluir de la Historia en sociedades analfabetas y socializadas en la inhumanidad de sus condiciones de trabajo. La burocratización de aquel movimiento obrero (partidos socialistas en el poder, sindicatos negociando-amagando) durante los años en los que ya no se trabajaba en la fábrica sino en las oficinas, centros comerciales, hoteles o con unas condiciones mejoradas… supuso la privatización de la vida del trabajador.

Se rompieron aquellos lazos de solidaridad entre los que sufrían unidos en la profundidad de la mina o en las largas jornadas de la fábrica. El objetivo del gobierno popular (en democracias burguesas o en dictaduras del proletariados) para el bienestar social se sustituyó por un modelo de vida de satisfacción y consumismo personal-familiar. Murió el afán de progreso para todos.

Dimitió aquel sujeto popular mientras vivía de las rentas de sus luchas pasadas. Se invistió a las grandes corporaciones como nuevos presidentes, con el programa neoliberal. Empezamos a constatar los efectos de su gobierno, con lamentos.

Hace un siglo el movimiento obrero creciente debatía acaloradamente si compartía el gobierno con la burguesía conciliadora con grandes exigencias de democracia y bienestar o si directamente se lo arrebataba. Ahora los movimientos populares menguantes lamentan como le birlan el gobierno de la Historia.

La pregunta sin respuesta

La gran pregunta que debemos formularnos es qué hacer para engendrar un sujeto histórico que recupere un gobierno que se preocupe por el interés de la Humanidad. La pregunta se formula cuando no tenemos el ambiente propicio [para el surgimiento de ese actor] que identificó el marxismo (que adivinaba en la socialización fabril la circunstancia objetiva y en la adquisición y extensión de la conciencia, la condición subjetiva).  La pregunta se lanza desde el mandato moral de incluir a los pueblos explotados en el programa y resarcirle por los siglos de expolio. La pregunta se propone cuando se vislumbra un futuro que nos sancionará por la extralimitación de nuestras generaciones occidentales en el abuso de los recursos naturales.

Cuando más necesario es el gobierno inteligente del pueblo, más ausente se siente. A Anguita le he escuchado varias veces decir que hay que llenar de buenas ideas las cabezas de las personas que llenan las plazas. No sé si el esfuerzo voluntarista de los que todavía no han claudicado será suficiente para ganar militantes en un mundo en el que el embrión de sujeto emancipador susurra en medio del griterío de los medios y la publicidad. Como sea, yo no dejo de murmurar.

Como Silvio, … “Si alguien sabe de esa respuesta, le ruego información. Cien mil o un millón yo pagaré”.

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Posted in: Historia, Política