Las huelgas de masa de los periodos revolucionarios y las huelgas de protesta

Posted on marzo 10, 2012

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Después de la revolución rusa de 1905, Rosa Luxemburgo escribió un libreto sobre la huelga de masas como instrumento de la clase trabajadora para hacer la revolución. Se trata de la Huelga de masas, partido y sindicatos. Es una lectura muy recomendable para quienes quieran comparar la pujanza del movimiento obrero hace cien años con la flaqueza de cualquier movimiento de emancipación en la actualidad. En los debates de los intelectuales de la Segunda Internacional ellos nos transmiten la fe en el horizonte del socialismo y ahora estamos desorientados.

El socialismo del siglo XIX fue conquistando derechos políticos y sociales con sus luchas y con el imparable crecimiento de la afiliación a los partidos, a los sindicatos, los votos, las manifestaciones, las acciones directas. El sufragio, la libertad sindical, la huelga, la reducción de la jornada, la protección frente a la invalidez y la vejez, como sabemos no fueron otorgados graciosamente por quienes dirigían las empresas y la sociedad. Se compraron a un elevado precio de cárcel, muerte, lesiones, acoso de una enorme cantidad de héroes sin rostro. Todo esa conquista se consolidó y creció durante buena parte del siglo veinte en la reforma progresiva.

La huelga, además de un derecho conquistado por esas luchas, fue una forma de ofensiva de la clase obrera, cada vez más consciente y mejor organizada. El mayor interés de la obra de Rosa Luxemburgo está en la contraposición de la huelga (sectorial o general) de protesta y la huelga de masa. La obra es un elogio a la huelga de masas por su capacidad revolucionaria. En la comparación la huelga de protesta del partido o de los sindicatos queda retratada como un disciplinado acto de quienes obedecen la convocatoria.

La huelga de protesta (o de exigencia) es entendida en aquel contexto como el medio del socialismo para progresar por el camino de la reforma, porque la situación de partida es objetivamente muy injusta y porque el sujeto histórico (la clase obrera) tenía una articulación capaz de exigir. Rosa Luxemburgo apostaba por la revolución y veía en la huelgas de masa (aquellas que espontáneamente era lanzadas por la masa socialista y no era convocada por el partido) la fuerza de la clase trabajadora en los periodos revolucionarios.

Como sea, en aquel tiempo histórico la huelga era un mecanismo capaz de obtener reformas positivas o de desmantelar el sistema capitalista por medio de una oleada de movimientos de masa en una ambiente revolucionario, creado por la situación histórica y la acción del socialismo.

Hoy ese planteamiento doble parece imposible. Hoy la huelga no tiene esa capacidad, porque el sujeto está debilitado. La huelga general del 29 de marzo es de esta época. Es una huelga de protesta contra la reforma regresiva.

Un heredero actual de Rosa Luxemburgo, James Petras, estimaba la necesidad de una huelga general indefinida para situar al sistema en una estado de shock equivalente al que sufre la clase trabajadora. Es una propuesta estratégicamente muy válida, pero, cuando escucho hablar a la clase trabajadora que se mueve a mi alrededor de lo mal que le viene participar en al menos una de la muchas manifestaciones que se convocan porque tienen otras cosas que hacer, la propuesta del sociólogo americano me parece más propias de un proletariado de otra época.

En esta perspectiva, ¿qué se puede esperar de la huelga de protesta y la manifestación del 29 de marzo más allá del seguimiento del 50%, del 40% o del 30%?. Puede ocurrir lo que pasó el 29 de septiembre de 2010, que los sindicatos den por hecho su trabajo y luego permitamos que se enfríe el enfado. Puede ocurrir que una gran participación anime a los sindicatos a mantener el envite. Parece más complicado que el Gobierno retire la reforma, aunque en el caso de una movilización elevada podría ceder en algunos puntos.

Importando el pensamiento de Rosa Luxemburgo a esta época creo que es deseable que la huelga haga recapacitar al Gobierno y en la tramitación desactive cargas explosivas de las reformas regresivas. Sin embargo, entiendo que lo más deseable es que seamos capaces de construir con la huelga, con las manifestaciones y con lo que sea un sujeto histórico que no se limite a llorar por los rincones. Lo más importante no es parar esta reforma laboral, sino convertirnos en los verdaderos rectores de la sociedad. Ese sujeto debería saber que no se trata de regresar al absurdo 2006 sino ir hacia un 2020 más que cohesione mejor a la sociedad, a los pueblos del mundo y a las generaciones presentes y futuras.

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Posted in: Historia, Política