Súplica, resistencia, antagonismo, hegemonía de la izquierda en la sociedad

Posted on febrero 24, 2012

17



En los tiempos actuales, la izquierda tan debilitada se esfuerza en conservar un mundo que se desmorona por la acción erosiva de unos gobiernos que soplan a la voz de su amo.

Habría que repasar el recorrido histórico que han hecho las grandes empresas y la unión de los trabajadores para alcanzar una respuesta a la cuestión de por qué una diferencia tan abismal en este presente. Cada país tiene su Historia (por ejemplo en España tiene un enorme peso la derrota de la Segunda República y sus defensores (con diferentes entusiasmos) por la coalición de los enemigos de aquella (militares, Iglesia, riqueza, potencias fascistas europeas)), pero en términos generales se observa que el poder de las grandes empresas ha crecido en parejo con una bajada de guardia del poder popular en las tres últimas décadas.

El bienestar complaciente, el modo de vida esclavo del consumismo, el efecto de los medios de comunicación y de la publicidad, el crédito, la sensación de final de la Historia con un final feliz (en los países imperialistas, perspectiva a la que me resulta difícil escapar), el abandono de los proyectos comunes, el individualismo, … son causas de un adormecimiento popular. Por el otro lado, las grandes empresas han crecido, han comprado las empresas públicas privatizadas, se han globalizado, han absorbido a las grandes empresas de los países neocolonizados, han tejidos fuertes lazos con los partidos con capacidad de gobierno, …

En otros momentos de debilidad, la concentración de fuerzas podía servir tal vez para la exigencia o la resistencia. En los ochenta una huelga general ritual pero con fuerte seguimiento fue capaz de tumbar el primer plan de empleo juvenil del “gobierno socialista”. Supuso un retraso de un años, pues en 1994 el gobierno de Felipe González lo consiguió. En 2002, otra huelga general (en su versión simbólica de un sólo día, la modalidad más combativa en el imaginario sindical del presente) logró echar atrás el proyecto del “gobierno popular” de eliminar los salarios de tramitación, algo establecido en la reforma laboral de 2012. En estos casos, se ve como la concentración de fuerzas de los sindicatos era capaz de frenar incluso en un periodo ya de debilidad.

Es interesante decir que en otras épocas en las que el movimiento obrero no tenía mucha fuerza acumulada, pero crecía y se partía de una situación social peor, se iban conquistando algunos progresos políticos (como el sufragio universal, el derecho de asociación) o sociales (la instrucción, los seguros sociales, la sanidad).

En estos momentos, tiendo a pensar que las fuerzas no son suficientes, ni en una complicada concentración, para que la resistencia consiga retrasar las ansias demoledoras del pobre edificio que el esfuerzo, el sacrificio, las luchas y la represión de las generaciones anteriores nos dieron en herencia. Más que una actitud de resistencia parece una posición de súplica o de lamento. Es tal la percepción de fortaleza que sienten los interesados en la involución social que pueden apisonar casi cualquier movimiento de imploración de piedad que se les formule.

Me disgusta sentir que en lo que me alcanza la vista no vislumbro al actor que provoque el optimismo. Por eso, muchas veces creo que debemos plantearnos el rumbo que le queremos dar a la sociedad (con el vuelco climático o el agotamiento de energías fósiles, el desequilibrado orden internacional, el hambre, la exclusión social dentro de nuestras sociedades todavía opulentas tenemos problemas suficientes sobre los que reflexionar), pero, sobre todo, debemos idear las fórmulas con las que reconquistar una fortaleza con la que plantear un horizontal antagonismo contra el poder antipopular.

Podrían plantearse modalidades nuevas de construcción, pero creo que los historiadores deberían rescatar las técnicas que en el siglo XIX sirvieron a los movimientos de emancipación para crear unas capas populares preparadas para exigir el progreso social. Adaptándolas. La educación fuera de los cauces normales (los ateneos o las casas del pueblo), las asambleas, la convivencia, un sindicalismo no burocratizado, las cajas de resistencia, la solidaridad con las resistencias de otros pueblos, las cooperativas de producción o de consumo que rompan los circuitos que alimentan al enemigo, …

Ese manual me resulta muy necesario. Pienso que las generaciones actuales hemos desaprendido todas esas cosas y nos hemos atado fuertemente a un modo de vida en el que la protesta en una manifestación es un oasis en nuestro desértico comportamiento cívico.

Pudiera ser que ya exista un manual así de creación de contrapoder. Si así fuese, me encantaría que fuese revelado.

Entiendo que del dicho (del manual) al hecho (de su puesta en marcha) hay un trecho, pero podríamos apuntar derroteros que podemos ir tomando, ya no para dirigir la sociedad desde ahora, sino para preparar al antagonista que primero se oponga al actual dirigente y segundo pueda ejercer en el futuro el timoneo de la sociedad (una gran movimiento). Crear el contrapoder ciudadano necesario para reconquistar el poder con un programa alternativo al mismo tiempo que el contrapoder por sí sólo actúa en favor del progreso.

Por ahora, resulta muy difícil hablar de un futuro de hegemonía de los bloques de progreso, ya que ni siquiera somos capaces de ofrecer resistencia. Pero además de trabajar en la construcción del resistente y del antagonista, ¿por qué no soñar un poco?. Lo que de verdad es horrible es la pesadilla de pensar que la hegemonía antipopular seguirá siendo dueña de la humanidad, sin que podamos salir de este nivel del lamento.

Anuncios
Etiquetado: ,
Posted in: Historia, Política