De mayor muchos niños quieren ser políticos profesionales

Posted on febrero 15, 2012

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Muchas personas opinamos que la profesionalización de la política o las largas carreras en esta profesión son un rasgo feo de nuestras democracias. La profesionalización, la partitocracia y el bipartidismo son tres fenómenos muy vinculados.

El acceso a los cargos públicos parece imposible si no es por medio de los grandes o medianos partidos, salvo excepción, y la rotación en ellos no suele ser muy rápida. Me imagino que una vida apartada de los problemas de la rutina, con relaciones sociales de salón y constantes y determinadas influencias deben distorsionar la imagen de la realidad de los políticos profesionales, en los casos en los que  tuvieron alguna vez una imagen sencilla y clara. Sería interesante un estudio de las consecuencias de una vida profesional política en la personalidad de los políticos. Se ha llegado a hablar del Síndrome de la Moncloa.

Ellos (los imprescindibles) experimentan un cambio de la personalidad que les aleja de la vida de los gobernados (o de los principios que les elevaron al Gobierno: del NO A LA GUERRA de Zapatero a la Guerra de Libia) y los gobernados tienen muy difícil el acceso a esos cargos debido a las endogamias en el interior de los partidos y a la poca renovación de partidos en los sistemas políticos en los que vivimos. Los gobernados tampoco tienen abiertos muchos cauces de participación, con lo que también ellos pueden acabar con una sensación devaluada de la realidad política y de la calidad democrática. Un cisma.

Luego, el bipartidismo, nutrido de profesionales de la política, hacen las políticas a las que no terminaría nunca de acostumbrarme. Reformas de mercantilización de las relaciones laborales. Reformas fiscales regresivas. Pricatizaciones. Recorte de los servicios públicos. Inmutabilidad de la ley electoral. OTAN.

Ellos no piensan como nosotros. Sienten un gran apego, una gran aprehención por la posición. Atribuyen grandes dotes de liderazgo a los que esquivan todos los bolos que intentan tirar al que procura ascender o gran valor a la experiencia para el ejercicio de los cargos. Consideran que bastante democrática es la sociedad en la que cada cuatro años se deposita un voto en la urna o se puede salir a protestar en una manifestación cada tres meses.

Les cuesta largarse. Cuando lo hacen procuran tener unos medios privilegiados como ex. Es tan fuerte el endiosamiento durante las largas carreras políticas que la rehumanización parece una humillación excesiva. Lo de volver al ejercicio del magisterio en una escuela o de la limpieza (aunque el extracto social del político también excluye a obreros, salvo excepciones) en muchos casos no parece posible.

En el caso de los ex-presidentes podríamos comprender en el contexto de profesionalización política y la complejidad social la seguridad y algunas otros privilegios. Incluso se podría plantear una pensión digna para el cese de actividades durante el resto de sus vidas.

Los ex-presidentes cobran una indemnización de dos años cuando concluyen su labor de gobierno. Luego reciben protección, el apoyo de dos personas de administración (un técnico superior, un auxiliar administrativo), un coche oficial, escolta, viajes gratis, 80.000 euros. Cuando llegan a una edad, tienen una buena jubilación garantizada.

Dos expresidentes compatibilizan todo ese esfuerzo público con buenas retribuciones privadas en grandes empresas privadas con pasado  público (Gas Natural y Endesa). Además mejoran su renta y patrimonio con honorarios de profesores, conferenciantes, …

Si no se entiende bien la profesionalización de la política en una democracia ni la prórroga de privilegios cuando abandonan esa etapa, … Si nos cuesta aceptar un estatuto especial de protección y ejercicio del duro oficio de ex-presidente, … Ya resulta mucho más difícil de entender que se les pague a esos señores unos privilegios mientras ganan mucho dinero de otras formas. ¿Es tan difícil volver a la tranquila vida de discreción y sencillez con una pensión digna y unos servicios?. ¿No están haciendo fortuna privada con un prestigio público?. ¿No prostituyen una fama de todos ejerciendo de lobbystas?.  ¿Cómo es compatible que les paguemos los españoles unos medio millón de euros anuales en seguridad, apoyo administrativo, coche oficial, viajes, asignación, salario del Consejo de Estado ejerciendo una labor pública si lo quieren y que ellos se busquen actividades privadas para mayor abultamiento de su bolsillo?.

En el Congreso de Diputados se discutió estos días si era compatible el estatuto de expresidente con el ejercicio de determinados desempeños privados. Los dos grandes partidos se negaron a aceptar la incompatibilidad de lo que hacen González y Aznar.

El diputado del PSOE aprovechó para dividir el parlamento en dos categorías: los que han gobernado, que saben lo que es llevar el peso y la gravedad de la responsabilidad; los que no han gobernado, que hacen propuestas de este tipo sólo desde su levedad. Aprovechó para felicitarse por una Ley Electoral que algunos socialistas esquizofrénicos dicen que hay que cambiar. Para mayor irritación de quien lo escuche, oirá como expone que el estatuto del expresidente (establecido por Felipe González) evita casos como el del canciller socialista Schroeder, que se fue a la multinacional rusa Gazprom; como si meterse en las multinacionales españolas fuese muy diferente.

El diputado del PP dijo que la verdadera preocupación por el país es la suya, que se preocupan por los cinco millones de parados y no la de los grupos que sólo se preocupan por el estado de dos personas. Demagogia inaceptable. El paro les sirve de justificación para hacer una reforma que deteriora la posición del trabajador en la relación laboral y el paro sirve incluso para afrontar con valores la cuestión que otro grupo parlamentario le propone.

Recientemente, Javier Chicote ha publicado un libro sobre cómo los ministros del felipismo acabaron en lucrativos negocios. Leyendo la referencia pensé que ese libro venía a demostrar que el felipismo-zapaterismo ha aceptado su inclusión en este régimen monárquico sin discusión, confesional, capitalista neoliberal, subordinado al imperialismo, de democracia pobre porque el grupo de jóvenes políticos de Suresnes, con vocación de larga carrera profesional, tejían una vida, un patrimonio y un futuro más prometedor de la mano de los herederos del franquismo. O en la política o fuera de ella, han sabido hacer un buen negocio.

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Posted in: Política