No es el Gobierno, es el Régimen

Posted on febrero 14, 2012

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Cuando era joven, en 1912, los socialistas, los republicanos, los anarquistas teníamos claro que de los liberales y los conservadores poco podíamos esperar por su oligarquismo, dinastismo, centralismo, confesionalismo, militarismo, … Con los liberales de Canalejas se podían identificar las primeras piezas de un estado social, una mínima separación de Estado e Iglesia, las leyes de Mancomunidades. Sin embargo, sus reformas de respuesta a las demandas sociales cada vez más fuertes distaban mucho de lo que se exigía desde el movimiento obrero y los partidos republicanos. El asesinato de Canalejas en noviembre de ese año por un anarquista lo aclaraba con dramatismo.

En 1912, en medio de una analfabetismo de la mitad de la población, el pensamiento crítico era capaz de abrir un hueco creciente entre obreros, campesinos y clases liberales. Ahora con una población alfabetizada el pensamiento crítico languidece en escondidos rincones de la sociedad.

Me extraña que un siglo después, la sociedad española se haya atado a un nuevo régimen de doble partido, al servicio de unas minorías: oligarquías económicas, monarquía, amnesia hacia la Historia reciente, privilegios para la Iglesia a pesar de una honda secularización social. La sociedad española no es una sociedad abierta como cabría esperar de una democracia real. Es una sociedad resignada con sus cadenas.

Como vivimos una época en la que el capitalismo se reajusta para mejorar, acumular, concentrar rentas ante un futuro con energías fósiles menguantes o potencias emergentes, objetivamente se observan los recortes y las reformas profundas y perjudicadoras de una forma de vida asentada. Durante un tiempo esas reformas eran ocultadas por el encandilamiento cegador de las burbujas financieras, inmobiliarias, constructoras, bursátiles. Ahora los pueblos empiezan a sentirla en sus carnes sin los efectos anesteciantes de consumismos, medios de comunicación, crecimientos sin rumbo, …

El 20 de noviembre de 2011, cambió el Gobierno dentro del régimen. El partido sustentante del anterior Gobierno perdió la mayoría y los poderes políticos con una fuerte desacreditación. El partido sustentante del Gobierno entrante alcanzaba el poder anhelado sin olas de entusiamo y con el empuje de un número constante de fieles electores.

En teoría, ahora le toca el desgaste de las reformas al otro partido. Sus recortes y reformas de retroceso social, a pesar de los medios para disipar el descontento (los medios de comunicación, los entretenimientos deportivos, la simulación de una buena voluntad), provocarán una pérdida progresiva de confianza y un rechazo social en aumento.

Con uno de los partidos desacreditado socialmente, podríamos pensar que la desaprobación del otro significa el desapego a ese régimen en el que estos dos partidos han ocupado el poder político con la condición de agradar y no molestar a los otros poderes. Pero se corre el riesgo de que en paralelo a la debilitación del apoyo a este Gobierno opere la rehabilitación del partido ahora desahuciado, por efectos del olvido, de la canalización de la frustración social por los medios favorables aquel y de un encuadramiento de los posicionamientos políticos en nuestras sociedades. Se trata del horizonte continuista del régimen (en el que sólo se puede elegir al Gobierno, con escasas diferencias, que se magnifican para dar una sensación de libertad de elección) que deberíamos evitar.

Sólo han transcurrido dos meses del nuevo Gobierno y ya escucho mensajes en los que ha desaparecido el pasado. Es como si antes de este Gobierno no se hubiesen producido subidas de impuestos, recortes en partidas sociales, contrarreformas laborales. Los que apreciamos que el problema no es causado por aquel o este Gobierno sino por el Régimen político o el Modelo socioeconómico en la medida de nuestras posibilidades en nuestros análisis deberíamos subrayar que el fallo es en realidad el Sistema. O rompemos con todos los Gobiernos de este Régimen y el Régimen mismo o nos empujarán a un Modelo social que nunca creímos cuando habíamos llegado a lo alto de la campana del Capitalismo del Bienestar Consumista, Imperialista, con Libertades, …

¡Pesoe, Pepé: la misma mierda es!. Así como todos esos partidos nacionalistas colaboracionistas, los medios de comunicación generales, los grandes patrimonios y las grandes empresas, la Iglesia, la Monarquía, las alianzas internacionales para hacer guerras contra otros pueblos por intereses mezquinos, …

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Posted in: Historia, Política