Orígenes y destinos de la sociedades modernas

Posted on febrero 12, 2012

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Hacía tiempo que no actualizaba el esquema de este blog, que es como decir el esquema de mi pensamiento. Ahora que la cuestión central es la reforma laboral, di otra vez con él. Se trata de un esquema pesimista de valoración de las fuerzas sociales que empujan a la Historia.

Me imagino que alguien en la postguerra europea, después de la barbarie vivida, podía pensar que la Humanidad había alumbrado una nueva era, de progreso definitivo. Se había derrotado al fascismo y la fuerza popular era capaz de tutear a las oligarquías. Esa fuerza del pueblo exigiría profundas reformas. Al otro lado del muro que se construía en Berlín se ensayaba también un nuevo modelo social con el optimismo socialista y el riesgo autoritario. En el tercer mundo se lanzaba un proceso de descolonización y de democratización también con muchas ilusiones.

Si en la Psicología el individuo después de un tropezón extrema el cuidado para no darse otro golpe en el pie o caerse, en la Historia las sociedades después de un choque brutal con sus mayores defectos procuran desenvolverse esmerando la virtud.

España participó en el desarrollo económico de los tiempos postreros pero se quedó fuera de la democratización y socialización de los beneficios por la fuerza devastadora de un régimen represor y desigualizador. La oposición clandestina que se formó dentro de la dictadura pretendió la democracia y el estado del bienestar que se disfrutaban en el entorno. Pero su fuerza tampoco debió ser determinante para romper e instaurar una democracia profunda y un estado del bienestar sólido. El consenso de la transición alcanzó a establecer una democracia dominada por un bipartidismo cada vez más derechoso, culminada por una jefatura del Estado sucesora de la dictadura, amnésica y amnistiadora, con una presencia excesiva de la Iglesia en lo público o con un pobre impulso de igualación social.

Se intentaba avanzar cuando en el resto del mundo se apreciaban las primeras sombras del anochecer. En los países occidentales había desfallecido el progreso empujado desde abajo por las clases populares, conscientes y organizadas. El socialismo real se derrumbó y abrió las puertas a capitalismos desaforados y mafiosos. El tercer mundo fue reconquistado por las potencias imperialista por nuevos mecanismos.

Los primeros años después de las buenas intenciones (limitadas y deudoras de las movilizaciones sociales procedentes de la lucha antifranquista) de la transición entre los dos regímenes dieron lugar a un reformismo de corta duración y con contradicciones, como la OTAN o la reforma de las pensiones. Pero el legado de aquella década de oro (leyes tributarias de los últimos setenta, Estatuto de los Trabajadores de 1980,  Ley General Sanitaria del 1986, Ley Ordenación del Sistema Educativo de 1990, …) (Hobsbawm llamó a las décadas del estado del bienestar como edad de oro) desde entonces ha sido sometido a un deterioro constante. Esa erosión fue bastante desapercibida porque se disfrazó tres lustros de crecimiento opulente, sostenido en un endeudamiento creciente de las familias y las empresas en torno a la construcción de viviendas, la especulación inmobiliaria y bursátil y la degradación del ambiente.

La situación actual de recortes y reformas sobre mojado son la continuación de todo este trayecto de una sociedad conducida hacia el abismo social. Sin la anestesia de un crecimiento ficticio la sociedad empieza a notar el dolor social en forma de paro, de trabajo precario, de modelos esclavos de vida, de imposibilidad de acceso para muchos bienes y servicios básicos de un número cada vez elevado de personas.

En los noventa de González, Solchaga y Solbes (primera parte) se atravesó otro bache, pero pronto se vio la aparición de una burbuja salvadora, de la que disfrutaron el Aznar, el Rato, el Zapatero y el Solbes, mientras privatizaban, bajaban impuestos a ricos, reformaban el mercado de trabajo, … Ahora no se ve ninguna burbuja o entidad de rescate.

Si en la Psicología el individuo que se olvida del tropezón vuelve a dar con la misma piedra, las sociedades que olvidan su pasado están condenadas a repetir antiguos fracasos.

Mirar hacia el futuro es ver por delante un proyecto de empobrecimiento desigual para las diferentes clases sociales. Una gran exclusión social supondrá una amenaza para la sociedad si se desatan sus frustraciones y no son canalizadas hacia situaciones dignas de vida, pues los medios de control social a través de la persuasión no podrán esconder una erosión fuerte de la igualdad en las sociedades. En el esquema del blog no sólo se advierte del retroceso en el estado del bienestar, la materialización social de esa frustración social sería la excusa para una degradación de una democracia pobre, acercándonos a un estado más autoritario, a la vez que desigual. No tardarán en influir en todo ese escenario las crisis energéticas y medioambientales.

Para evitar ese horizonte, muchas personas reformistas, comunistas, anarquistas, desconfiadas hacen esfuerzos de mentalización, organización y acción. Es conveniente unir fuerzas a todas estas dinámicas por un mundo más igual, menos consumista, más tercermundista, más democrático, más sostenible. Es posible que los tiempos que vengan no sean de lucha light (una manifestación aburrida durante un par de horas) sino de acciones determinantes como las huelgas generales indefinidas o de gran incertidumbre. Pero es la única forma de romper este trazado suicida.

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Posted in: Historia, Política