La reforma laboral permanente y el péndulo que nos lleva a los extremos donde siempre hay unas tijeras

Posted on febrero 12, 2012

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No sé si les ocurre lo mismo. Pero cuando la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el ministro Celestino Corbacho han salido este viernes a explicar la reforma laboral he tenido la impresión de que “esto ya lo había vivido”. Sin embargo, en mi memoria la anterior reforma había sido presentada por Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez.

En los dos casos, se trata de reformas históricas y de larga duración, aunque no alcancen a veces ni el año de vida. Eso sí, aprobadas por decreto ley, que parece el medio normal para hacer las reformas laborales desde 1997.

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha asegurado que la reforma laboral aprobada hoy es la más importante de las emprendidas en los últimos 20 años. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, han asegurado que la reforma “marcará un antes y un después en la legislación laboral en España”, y pretende crear las bases que permitan crecer y crear empleo.

Los objetivos que el viernes 10 de febrero de 2012 enunciaron Fernández de la Vega y Corbacho son los mismo que el 16 de junio de 2010 habían expuesto Sáenz de Santamaría y Báñez: estabilidad en el empleo y flexibilidad interna dentro de las empresas para evitar la destrucción de empleo.

Corbacho también ha resaltado los tres objetivos de la reforma: mejorar la productividad, dar mayor estabilidad en el empleo y dotar de mayor flexibilidad interna a las empresas. La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha subrayado que la reforma pretende “romper con la rigidez del mercado de trabajo y con la dualidad de que los trabajadores temporales paguen las consecuencias de la crisis”. El objetivo a corto plazo, ha dicho, es “frenar la sangría de destrucción de empleo” y crear empleo estable cuanto antes.

Sin embargo, en los dos casos lo más destacable es el abaratamiento del despido. No sé qué tiene que ver el abaratamiento del despido con la mejora de la estabilidad o de la flexibilidad interna de la empresa para evitar la destrucción de empleo.

El caso es que las dos grandes reformas parecen clónicas. La única diferencia es que en todas las cuestiones a empeorar se apreta un poco más la tuerca. Un pesimista hoy siempre tendría razón.

Medidas contra el encadenamiento de contratos temporales. Lo modifican en 2010 exponiéndolo como un logro. Lo suspenden en 2011 por dos años. Ahora rebajan ocho meses la suspensión.

Los contratos más precarios. Los contratos en prácticas y para la formación y el aprendizaje han sido cambiados tantas veces desde junio de 2010, que en dos años ha pasado por cuatro procesos de degradación.

Objetivación de los despidos colectivos. Estos despidos tienen una indemnización de 20 días. Es una forma de abaratar el despido si las empresas encuentran una razón para el despido colectivo sin que tengan verdadera necesidad, sino más bien una intención de reducir costes para aumentar beneficios. En 2010 el lenguaje facilitó estos despidos diciendo con novedad que había que probar con los resultados de la empresa “una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo” y en 2012 más todavía con la fórmula “Se entenderá que la disminución es persistente si se produce durante tres trimestres consecutivos” y flexibilizándolo además con la eliminación del requisito de la autorización administrativa. Deja menos margen a la interpretación.

El depido objetivo individual por absentismotambién se ha modificado en 2010 y 2012. Antes de las reformas de estos años decía: “Por faltas de asistencia al trabajo, aun justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20 % de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos, o el 25 % en cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de doce meses, siempre que el índice de absentismo total de la plantilla del centro de trabajo supere el 5 % en los mismos períodos de tiempo“. En 2010 se bajó el absentismo del centro de trabajo al 2,5%. En 2012 al 0%.

Extensión del contrato para el fomento de la contratación indefinida. Este contrato indefinido con indemnización de 33 días por año y 24 mensualidades convivía con el ordinario con una indemnización de 45 días por años y un máximo de 42 mensualidades. En 2010 se amplió tanto su cobertura que parecía difícil encontrar a una persona que no entrara en alguna de las causas. En 2012 convierten el contrato indefinido de los 33 días y las 24 mensualidades en el único contrato indefinido, salvo una nueva modalidad de contrato para empresas de menos de 50 empleados, con un abusivo periodo de prueba de un año (el normal es de un mes) y otras medidas de fomento. Los salarios de tramitación (desde el despido hasta la sentencia) desaparece cuando el empresario elige indemnizar, por lo que ya no elegirá la readmisión. También en 2012 se visibiliza nítidamente la posibilidad de usar estos despidos en las Administraciones Públicas.

Movilidad geográfica y modificación de otros aspectos. Suspensión de los contratos por razones objetivas. Movilidad funcional. A estos aspectos es a lo que se refieren cuando hablan de flexibilidad interna para evitar la destrucción de empleo. Lo que ocurre es que en cada reforma se le da más fuerza a la empresa para unilateralmente haga las modificaciones que le interese, con la posibilidad de modificar unilateralmente el contrato en los casos objetivizados para el despido colectivo o con las medidas que se ven a continuación.

Desenganche de convenios y atomización de la negociación colectiva. Con el desenganche la empresa que alegue razones en los términos del despido colectivo puede desvincularse de un convenio colectivo. Por otro lado, las empresas procuran que el ámbito de la negociación sea lo más reducido, ya que normalmente significa una menor fuerza de los trabajadores. Hace falta ser muy conocedor de la materia para apreciar las sisas que se han hecho progresivamente en 2010, en 2011 y en 2012 en un punto que venía claramente estipulado en el Pacto del Euro.

Subvención de los contratos para el fomento de la contratación indefinida. En casi todas las reformas laborales se han dado subvenciones y bonificaciones en la Seguridad Social. Las modalidades de ayudas que el decreto ley de 2012 son aumentadas con la incorporación de una deducción de la mitad de las prestaciones de las prestaciones por desempleo del trabajador, si el contratante es un emprendedor y el contrato es indefinido, con lo que se motiva la contratación de empleados que no son de larga duración, con respecto a aquellos, que habrán perdido en muchos casos su prestación. Se trata de puestos de trabajo con respiración asistida. Una vez pregunté al Ministerio de Trabajo por las cantidades de subvenciones, bonificaciones, deducciones para el fomento de la contratación indefinida. Nunca obtuve respuesta. Pero son miles de millones para que luego nos asusten con la insostenibilidad del sistema de pensiones.

En esta reforma de 2012 también se reforma la jurisdicción social, regulada en una ley de 2011.

La reforma es tan inabarcable que faltan muchas cuestiones en este breve repaso. Pero el objetivo del escrito era contemplar el continuísmo de la Reforma Laboral, que es permanente y que siempre se hace en el mismo sentido, por los dos partidos del poder.  Es importante vislumbrar esta doble responsabilidad para llamar a la ruptura de este péndulo en el que a cada lado hay unas tijeras que nos trasquilan.

Desde que se aprobó el texto refundido en 1995, el original era de 1980, el texto ha pasado por 40 versiones. Desde los ochenta (desde la huelga general del 88) se percibe la misma presión: la gran reforma de 1994, la reforma pacta de 1997, la reforma controvertida de 2002, la reforma psocialista de la crisis en 2010. Normalmente los cambios han venido en el sentido de flexibilizar: crear contratos con menos derechos, abaratar y facilitar el despido, aumentar las capacidades de decisión unilateral de la empresa, también con la atomización y desvinculación de los convenios, debilitar la posición de la representación de los trabajadores y de los sindicatos, la moderación salarial.

No hay que olvidar la trascendencia de la reforma del marco regulador de las relaciones de trabajo en nuestras sociedades, ya que los mecanismos principales para la distribución de la renta ocurren en el contexto de la actividad económica (salarios y beneficios). Nuestras economía según las estadísticas oficiales están estancadas o decrecientes, pero con reformas de este tipo no es extraño que la participación de las rentas del trabajos disminuyan mientras las rentas del capital aumentan. Con ese aumento se produce una concentración de riqueza que alimenta las tendencias de desigualación social, las grandes rentas se hacen partícipes del nuevo capital o del patrimonio que produce rentas de alquiler, intereses financieros, … Como el proceso devaluador de la legislación laboral ha estado acompañado de reformas fiscales igualmente regresivas las rentas de capital no se produce el efecto correctivo de los impuestos y las políticas sociales sostenidas por aquellos. Camino espiral hacia la desigualdad.

Parece que todavía no duele socialmente o que los medios de comunicación son eficaces en la sedación popular. Pero las avaricias sedientas pueden estar creando un descontento social de incierta transformación. La tarea de la izquierda es canalizar esa frustración hacia modelos más igualitarios, dignos, justos, tercermundistas, decrecentistas, …

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