La izquierda es ese sembrador que no sabe si tendrá cosecha

Posted on febrero 8, 2012

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José Manuel Corrales ha escrito estos días un artículo titulado “38 Congreso del PSOE ¿y ahora qué?“.  Esaú Hernández me la envió porque en un par de ocasiones hemos ciberdebatido sobre estas cuestiones. A los dos les dedico estos comentarios de debate amistoso. Es una reflexión entre canarios, pero creo que sirve en general.

Para empezar, debo decir que yo no miraba al Congreso del PSOE porque este partido “tiene el apoyo de una parte significativa de la base social de izquierdas”. De hecho casi ni me fijé en él. Cuando llegaba de correr por las montañas apareció casualmente Carme Chacón en mi televisor. Sólo la escuché unos veinte minutos para recordar por qué me indigna tanto el tono chillón sin contenidos del PSOE.

Con todo el respeto, creo que entre los siete millones de su suelo electoral o los cuatro millones que se mueven entre el suelo y el techo la proporción progresista o socialista es escasa, al tiempo que pienso que esas bases se componen más de partidismo que de socialismo o socialdemocraticismo. Entiendo que hay unas personas desencantadas y desanimadas que han intentado atraer a su partido a posiciones más decorosas.  Pero dentro de su militancia es apreciable la debilidad de la corriente de Izquierda Socialista o la de otras voces similares. Entre su “simpatizancia” el peso del pensamiento crítico y del programa alternativo es más insignificante, en mi opinión.

Sé que sólo son percepciones personales, pero no creo que las imágenes más positivas tengan mayor sustento empírico. En la encuesta preelectoral del CIS la indecisión más grande era la que dudaba entre PSOE y PP, que multiplicaba por cinco la indecisión entre PSOE e IU.

Parece que algunas personas de la izquierda tienen la esperanza de que esa enorme maquinaria de movilización social en la oposición, votos y reparto de cargos en los gobiernos se aproxime, incluso se integre en la izquierda o hasta lideren la protesta y la alternativa. Me pregunto cómo es posible esa esperanza teniendo en cuenta que entre sus fieles (militantes, simpatizantes, electores) es mucho más fuerte 1. la justificación de todo lo que han hecho mal los gobierno socialistas o 2. la desorientación melancólica que no sabe a dónde ir que 3. la determinación de echar fuera a todos los mandamases del partido que quieren ganar a Fraga en antigüedad en las instituciones y que han acumulado todos los pecados conocidos. ¿Dónde podemos sujetar esa esperanza si la militancia se mueve como rebaño y los pastores han adoptado un programa de revisión regresista de la socialdemocracia, cunado la nueva era clama por una revisión progresista?.

Además de esa esperanza de espontánea redención socialista, algunas personas de la izquierda consideran que el problema del zapaterismo fue su giro de 2010.  Es un error. Como he escrito en otros sitios, los logros sociales del zapaterismo eran muy fáciles, pues accedió al gobierno con la burbuja en su cresta y con unas administraciones con superávit de caja. Él presume hasta las cejas de haber subido más que nadie las becas, las pensiones, el salario mínimo interprofesional o de haber aprobado la ley de dependencia. Pero lo hizo en un contexto económico desquiciado, pero abundante. No planteó una transformación profunda del modelo económico capitalista consumista. Ni siquiera hizo por racionalizarlo moderando políticas de crédito para que la burbuja, la construcción o el endeudamiento privado no siguieran inflándose. No derivó la abundancia a quienes están peor en la sociedad, sino que repartió banquetes para ricos en su reforma tributaria y migajas para las clases populares con medidas más populistas que redistributivas.

En cuanto las cosas se pusieron mal no fue a buscar rendimientos a los grandes bolsillos a los que había perdonado impuestos en 2006 y 2008. La primera fase con PRODI y Plan E fue común en todos los países y no duró nada. Desde 2009, antes del trágico 2010 se acumularon las medidas antisociales, con mínimos guiños. Es decir, cuando no había abundancia para costear los grandes logros de los que ha presumido hasta la saciedad, las miradas iban al IVA, al sueldo de los funcionarios, a las pensiones, a la negociación colectiva, al abaratamiento del despido, a la privatización de las cajas, a eliminar sus medidas populistas, …

El PSOE forma parte fundamental de ese consenso de la transición, en el que se aliaron el poder económico y el poder político del franquismo con unas fuerzas procedentes del exterior del sistema que tenía la finalidad de desactivar las fuerzas rupturistas que había en la sociedad española. Su monarquismo o juancarlismo, sus concesiones a la Iglesia, su asunción de la Ley Electoral, sus mínimos esfuerzos por instaurar una memoria histórica, su política económica neoliberal, su otanismo o su europeísmo para mercaderes, … dejan bastante claro el papel que le corresponde a ese partido en el sistema. La diferencia con el Partido Popular es de matiz en lo social y de disputa en el terreno liberal-conservador. No hay mucho más.

La izquierda organizada en partidos políticos, la izquierda que hace esfuerzos en el mundo sindical, la izquierda de los movimientos sociales o la izquierda que individualmente va acumulando indignación no deben esperar a un primo del Zumosol. Deben reconocer las dificultades para quebrar la hegemonía de los poderosos y, partiendo de ahí, liberar a militantes y simpatizantes de los partidos-de-la-opresión del yugo del pensamiento único, organizarse, promover el pulso. Lo contrario me parece a mí amarrarse  a una hueca ilusión mientras la Historia camina hacia atrás.

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Posted in: Política