La amnesia histórica es otra forma de derrota popular

Posted on enero 31, 2012

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Siguiendo con la reflexión sobre la memoria histórica del anterior artículo y el juicio a Garzón por declararse competente para la investigación en el juzgado de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, resulta llamativo que lo estén defendiendo precisamente los partidos de las actitudes primera y segunda (de las enumeradas en el anterior artículo), es decir, grupos que consideran que la recuperación de la memoria histórica no pasa por la exigencia de responsabilidades criminales a las personas dirigentes del golpe del estado o de la represión durante la dictadura, también EL PAIS y PÚBLICO. En sentido contrario, también llama la atención que los grupos de la izquierda extraparlamentaria que siempre se han quejado de que no se hayan exigido esas responsabilidades no hagan en general ninguna defensa del magistrado por desconfiar de su verdadera voluntad de investigar los crímenes (sospecha justificable en que la investigación no imputa a personas con vida) y por un memorial extenso de agravios contra ese juez. Por último, la acusación al juez es ejercida precisamente por quienes no toleran de ninguna forma que alguien se inmiscuya en ese pasado vergonzoso con ánimo de ánimo de averiguación.

Los dirigentes del PSOE o del PCE explican que en el momento de la Transición la correlación de fuerzas impedía ir más allá. Su explicación tiene lógica, ya que el franquismo no fue tumbado como el nazismo alemán o el fascismo italiano. En esos países las sociedades persiguieron el totalitarismo criminalmente. En España el franquismo participó con mucha fuerza en el proceso de democratización e impuso sus exigencias y sus tabúes.

Eso explica que las Leyes de Amnistía de 1976 y 1977 se pusieran como cortafuego para cualquier intento de víctimas, familiares o asociaciones de obtener justicia, denunciar, investigar, acusar, condenar y castigar a los responsables de los actos criminales. Las pocas personas de las nuevas generaciones que han escapado a la visión de idílica Transición han preguntado cómo es posible que se haya mantenido la Ley de la Amnistía incluso con grandes mayorías absolutas del PSOE o con combinaciones entre el PSOE, el PCE y otras fuerzas de la izquierda parlamentaria.

La Amnistía, la Monarquía, la Ley Electoral inconmovible, las dificultades para la participación política de los ciudadanos en política de la Constitución, el mantenimiento de los jueces de la dictadura, … Dan idea de que los pactos de la Transición suponían una línea de continuismo. El transcurso de los años han depurado al sistema de posibles riesgos de ruptura: se ha consolidado un bipartidismo aparentemente inquebrantable; la oligarquía económica y mediática se ha enrocado con las privatizaciones, concentraciones; se ha desarrollado un programa político de reformas laborales y fiscales de contínua regresión; la adopción del legado de Maastrich en los noventa se ha llevado finalmente a la Constitución con la Reforma de 2011.

El 20 de noviembre de 1975 moría el dictador. Vicenç Navarro nos insiste en que el dictador murió en la cama y la dictadura en la calle. Me parece cierto que la movilización ciudadana de aquella época podía crear incertidumbre a la dictadura, pero da la sensación de que la dictadura más que morir en la calle se disfrazó de democracia y con el silenciamiento de la calle ha ajustado la democracia. Han movido sus piezas con tanta inteligencia que al momento presente llegamos con un sistema mejor atado que el de 1978, lo que no quiere decir que el descontento social se pueda volver a convertir en una nueva incertidumbre histórica que se despeje de otra forma.

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Posted in: Historia, Política