¿Salvar a la brigada Público?

Posted on enero 7, 2012

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Empiezo por responder a la pregunta. No. Público no es una división de nuestro ejército. Es el regimiento más piadoso del ejército enemigo, sus generales a veces confunden a algunos de los nuestros  y en su brigada hay infiltrados varios agentes de los nuestros, pero no deberíamos salvarlos.

Me alegraré si los capitalistas que pusieron el dinero lo salvan, porque se trata de un ejército que a veces dispara contra su clase. A veces debilita a algunas ideas con su propia pólvora. Eso me parece bien.

Sin embargo, no creo que los que queramos escapar de esta sociedad [liderada por bancos, corporaciones (grandes empresas) y enormes patrimonios en consorcio con un bipartidismo bien ingeniado en el que el debate se limita a los matices del sistema, pero no a sus fundamentos o al tipo de sistema que nos conviene] debamos sentir gran lástima por la posibilidad de su desaparición o invertir nuestras energías en rescatarlo.

No lo expreso con rotundidad. Tengo mis dudas. Pero en la balanza los argumentos de indiferencia me pesan más que las razones de afección.

La diversidad de medios de comunicación siempre es positiva en una sociedad. Prefiero que haya cinco medios de la clase dominante dividida a que haya sólo uno. Cuando el oligopolio informativo se aproxima al monopolio me parece que las fisuras para el ejercicio de la libertad de expresión y la crítica desaparecen.

Dentro de esos grandes grupos mediáticos (pocos) el que alberga a Público será el más tolerante y el que más voces de disenso acepta (Isaac Rosa, Juan Carlos Escudier, Vicenç Navarro, Miren Etxezarreta, Santiago Alba). A veces pienso que es positivo que en territorio adversario haya espacios para este tipo de críticos. Así las personas que nunca salen de ese territorio de pensamiento sumiso y que se acerquen a un medio como Público pueden abrirse al camino hacia otras formas de pensamiento. Esa posibilidad de reclutamiento siempre me pareció interesante.

Por supuesto, cabe y es muy principal la solidaridad con las personas cuyo puesto de trabajo depende de la subsistencia de ese medio.

Echaría de menos si se hundiera, algún reportaje que no estaba contaminado por el pensamiento único que todo lo corrompe. Es un periódico del que cabe esperar contenidos más limpios.

En mi opinión, Público se convirtió de alguna forma en un terreno de lucha de ideas. Por una lado, había un fuerte sector de su audiencia situado a la izquierda de la línea editorial del periódico. Ese sector protestaba contra los mensajes subliminales que intentaba transmitir la información. Por el otro lado, había un bando de lectores que se alineaba con la intención editorial. Siempre me dio la sensación de que el foro de debate, con los comentarios en la edición digital, era lo mejor que tenía el periódico, porque allí aparecía el sector de lectores a su izquierda para denunciar los intereses políticos de la línea editorial.

A pesar del filtro de los comentarios (que he sufrido en muchas ocasiones) se observa la intolerancia de muchos lectores con la moderación en la denuncia de las medidas regresivas del PSOE, el ensañamiento en comparación que se hace con las medidas similares del PP, el esfuerzo por inyectar amnesia hacia el pasado de tijeras del PSOE o la angelical ilusión que les embarga cuando el PSOE anuncia sus propósitos redentores.

Muchas veces me daba la sensación de que los Ignacio Escolar, Felix Monteira o Jesús Maraña, como representación de un nutrido grupo de prescriptores, eran los encargados por ese universo del PSOE para recuperar a los indecisos que se mueven entre el PSOE y la izquierda o la abstención progresista. Sus esfuerzos por arrastrar a esos electores divagantes hacia la casa grande de la izquierda aparente me parecen más grandes que los de intentar influir para que el PSOE se renueve de verdad con una señora de Palencia que nadie conoce de nada, pero que representa la indignación dentro del partido por los derroteros (y las derrotas) que ha tomado.

Si antes manifesté que las voces críticas de este medio podrían dar luces a alguien que no tiene al alcance de sus hábitos a los medios críticos, ahora expreso lo contrario. Todas estas voces progre¿sistas? que ablandan su crítica con los pecados mortales del lado izquierdo del bipartidismo de derechas hace mucho daño entre personas que tranquilizan la inquietud que les provoca el panorama social leyendo y absorbiendo este tipo de línea editorial. Al final, creo que es mayor esta resta que aquella suma.

Creo que los esfuerzos que se hacen o podrían hacer para salvar a Público se podrían reorientar para crear algo nuevo, sin los vicios que Público tiene, o para potenciar herramientas críticas que ya existen (como Rebelión, Kaos en la red y otros medios con los que me identifico más, que pueden encontrar en la columna de la izquierda referida a medios de comunicación alternativos). En definitiva, si lo salvan su propietarios, estupendo. Si tenemos que salvarlo nosotros, como se ha llegado a proponer, sólo me animaría si hay de verdad intención de quitar el centro de gravedad de las proximidades del PSOE insalvable y se acerca a las izquierdas reformistas (de verdad), revolucionarias, desconfiadas.

Posdata. No sólo Público sufre. Cualquiera de los medios críticos que leemos tiene la soga al cuello desde hace mucho tiempo. Quizá debamos atender más a esas dificultades.

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Posted in: Política