El conflicto social y la huelga en el cine

Posted on enero 5, 2012

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Últimamente he visto dos películas que me han devuelto a la emoción y la admiración por las viejas luchas de nuestros padres, abuelos y antecesores. En ellas, los trabajadores se atreven, en unas sociedades más precarias que las nuestras, a luchar contra la clase opresora sin otras armas que su unión y su sacrificio, para mejorar sus condiciones de vida.  Ese cine puede estimular la conciencia y la actitud de lucha social en estos momentos de derrotismo. Aunque sólo sea una aficionado al cine y no vaya a comentar mucho de esas películas me pareció una buena idea escribir esta entrada sobre películas, ya que hace mucho tiempo que no escribo sobre cine. Serían estupendas las invitaciones a otras películas que pudieran hacer en los comentarios.

La primera película fue “La sal de la tierra” de 1955. En ella unos mineros de Nuevo México se enfrentan a sus patrones por sus condiciones de trabajo en una mina. Lo más hermoso de la película es la alianza entre la lucha de clases y la lucha de géneros, pues las mujeres cobran protagonismo en la lucha de todos contra la pobreza a la que son sometidos.

La segunda película reciente que vi fue “Los compañeros” de Monicelli de 1963. En este caso los trabajadores de una fábrica también reivindican desde su fábrica, hacen huelga por las condiciones de trabajo. Es una comedia, pero permite también aproximarse a la realidad cruda de una huelga. Se ve el autoritarismo con el que el Estado ayuda a las clases propietarias.

Mientras me animaba a escribir este artículo busqué en mi memoria otras películas. Se me vinieron a la cabeza algunas. No sé si las recordaré ahora todas.

La fábrica. Como en “La ley del silencio” en “La clase trabajadora va al Paraíso” del Elio Petri el protagonista también adquiere conciencia en medio de una lucha contra el destajo, rodeado de posiciones de esquiroles, sindicatos reformistas, estudiantes comunistas, … en una fábrica de piezas que no se sabe para que obra final son necesarias y con la organización científica del trabajo.  También se localiza en una fábrica textil de Estados Unidos la trama sobre la creación de una sección sindical, con el impulso y liderazgo de “Norma Rae”. “La madre” de Pudovkin es del mismo modo una adaptación de una novela, de Gorki. En este caso, la novela me encantó y la película me pareció una adaptación alejada del centro de interés del autor de la novela. Otra película soviética sobre el tema es precisamente “La huelga” de Eisenstein.  De cine mudo las dos, ambas narran sucesos de la Rusia zarista.

La mina. También hace tiempo, vi “Germinal”, de Jean Claude Berri, basada en la novela, también leída, de Emile Zola. Igualmente hay romanticismo, una historia de amor platónico del foráneo con experiencia socialista que llega a una mina donde hay una incipiente organización sindical y una mujer que se ve obligada a convivir con el trabajador esquirol y machista, típico en esas comunidades obreras. Ocurre en una mina francesa. John Ford no se dejó atrás a los mineros en el relato que hace en “¡Qué verde era mi valle!”.

El puerto. En “La ley del silencio” vemos a un Marlon Brandon atravesando un dilema moral, desde posiciones de matón de la patronal hasta el liderazgo de la lucha de los estibadores contra sus patronos.

Una empresa de servicios. Recuerdo con especial cariño una de Ken Loach, “Pan y rosas”. Con ella lloré  de emoción pues se retrata la fuerza de la unión. La acción ocurría en el tiempo presente, en los Estados Unidos con unos sindicatos históricamente exhaustos en un país donde nunca hubo una afiliación fuerte, en una empresa de servicios. Hace tiempo desde que la vi, quizá debiera volver a verla, pero la recuerdo con nostalgia. Hay una mezcla de romanticismo y lucha social, inmigración ilegal.

El paro ha sido tema bastante común. Por supuesto, el autor de la versión cinematográfica de  “Las uvas de la ira”, John Ford, no deja atrás este aspecto humano. En la versión cinematográfica de la novela de John Steinbeck se observa el conflicto social detrás de la historia de la familia de emigrantes agrícolas desde Oklahoma hasta California en la depresión de los treinta, aunque no llegue a centrarse en la huelga.

La revolución española durante la Guerra Civil también nos dejó cine social y político. En mi repaso no exhaustivo me acordé de la “Aurora de esperanza”, que retrata muy bien el otro conflicto, no el que se produce en el interior de las minas, de las fábricas o en las empresas de servicios, sino en el paro, como también “Las uvas de la ira”. En esta película se narra la degradación de la vida del parado y se cuenta como finalmente se organizan para plantear al sistema insensible la existencia de un problema irresuelto.

En el cine de Ken Loach también encontramos también atención al problema del paro, como en “Lloviendo piedras”, en la que refleja la sociedad resultante de las primeras políticas neoliberales del tacherismo.

Excepto, “Pan y rosas” todas son películas basadas en los momentos de crecimiento o consolidación del movimiento obrero. Excepto esta y un poco “Germinal”, todas son películas con varias décadas. Parece que el cine social (que atiende la cuestión social) o socialista (que pretende contribuir al progreso socialista) han disminuido en paralelo con las renuncias sociales a la ofensiva y defensiva de los valores de igualdad y fraternidad (o a la libertad de las clases dominadas sobre las clases dominantes). Hay maravillosas excepciones (Loach, Gavras, Tavernier, De León y Aranoa, Mañas), pero la clase dominada, en proceso de debilitación sin tocar fondo, no tiene mucha capacidad de hacer cine social y socialista en la cantidad y calidad de las generaciones anteriores, como las generaciones actuales no tienne ni la conciencia ni la organización para mantener el pulso de la lucha histórica de clases.

Lamento el tono un poco pesimista del artículo. Salud en la noche del becerro de oro.

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Posted in: Cine