Sociedades inmisericordes con los más vulnerables: relato de una emigración. Huida y erosión del sueño

Posted on diciembre 29, 2011

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¿Han oído hablar de Niamey?. Es una ciudad de Niger.  En ella viven alrededor de un millón de personas.

Allí vivía yo. Trabajaba en un taller de reparación de coches. Mi vida no era como la de un jugador famoso del fútbol europeo pero comprobarán que tampoco era la vida de los desplazados por el hambre en Somalia, que es una imagen muy extendida de África en Europa. Digo esto porque yo jugaba al fútbol. Mi entrenador siempre aplaudía mis cualidades y se lamentaba de que ningún ojeador internacional pasara por allí.

Mi hermano Mukela era muy dado a los sueños y había intentado ya la emigración a Europa. Él iba a verme en los entrenamientos. Un día me convenció para intentar llegar a Europa, donde abrirme hueco con mis cualidades. Me decía que no sería la primera persona que escapa de una vida gris en un país pobre por medio del fútbol. El vendió su moto y los dos nos aventuramos.

Atravesar África no es como cruzar Europa. Supone el uso de medios de transporte informales, de enlazar con improvisación puntos que no tienen conexión de viajeros, paso de fronteras (Niger, Argelia, Marruecos), controles de inmigración en esos países que colaboran con Europa a levantar el muro a cambio de convenios de indignidad, incertidumbre, robos, miserias, incomunicación en unos países donde no entiendes el idioma y te ven con recelo, … También se encuentra generosidad, piedad, caridad, solidaridad entre la gente que vas encontrando por el camino (que te rescata de una situación complicada, que te ofrece una bebida o un alimento cuando lo necesitas).

El viaje está expuesto a vicisitudes incomprensibles en una mentalidad europea común. Se experimenta el hambre, el frío, el calor, el miedo, el dolor, la desconfianza, la soledad, … En algunos momentos es difícil saber de dónde procede la voluntad que se impone a los obstáculos o al desaliento.

En el tránsito del Desierto del Tenere murió mi hermano Mukela, que no soportó la sed, el hambre, el calor del día y el frío de la noche. En la tumba de mi hermano nació la compañía de Violeta. Violeta huía de un matrimonio de conveniencia en una aldea cerca de Mopti, en Mali.

Nos vimos por primera vez en una pensión donde ella se había visto forzada a ejercer la prostitución para poder avanzar en su carrera hacia la liberación que creíamos que se situaba en Europa.

El viaje desde Niamey hasta Asilah duró diez meses, un tiempo en el que las dificultades, la inhumanidad, el rechazo, la lejanía de la partida, la añoranza de los seres queridos, … erosionan el sueño, que se ha convertido en un tozudo empeño, sin esperanzas ni ilusión. En esa ciudad del norte de Marruecos nuestros destinos dependen del ánimo de enriquecerse de negociantes desalmados, que nos venden la otra orilla a cambio de todo lo material que nos queda y nuestra humillación.

Le siguen las esperas y las sospechas de que todo es un engaño despiadado. Pero por fin das el último paso en el continente que se hunde y entras en la patera de la Medusa. Nadie puede imaginar el encogimiento del corazón que se siente cuando toda tu vida pierde el pie sobre el suelo firme y flota en la zozobra de la fría y oscura noche del Atlántico.

Continúa…

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Posted in: Ética