La necesidad de un buen trabajo de oposición de izquierda de portavoces y diputados rasos

Posted on diciembre 14, 2011

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He visto en el Twitter muchos mensajes de decepción porque Llamazares no sea portavoz del grupo de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputado. Como si un episodio tan insignificante tuviese más importancia de la que tiene.

Crónica. Quizá Cayo Lara no debió ofrecer una portavocía imposible ni Llamazares tomárselo como una humillación, rehusando sin tanto amor propio en la justificación de que sería un cargo sin posibilidades de ejercicio. Gaspar Llamazares, en medio de su desaire, procuró que tornara la calma, pero ya la pequeña tormenta estaba desatada. Su corriente hizo declaraciones que dan sensación de poca asertividad en la gestión de los problemas de unidad. Finalmente PÚBLICO puso un foco demasiado grande para el tamaño de lo que había. Hubo muchas muestras de solidaridad con Llamazares y muchos gestos de desaprobación por relegar al diputado asturiano. Me gustó que Cayo Lara no entrara al trapo y procurase la dilución por sí misma de la cuestión. Alberto Garzón sorprende por su madurez de 26 años entre políticos de cincuenta, pidiendo que no se buscasen fantasmas donde no los había.

Sólo me interesa que por una nadería de este calibre no haya desapego hacia una opción de izquierda reformista que todavía no tiene graves pecados en su trayectoria, como otro partido que dice que es de izquierda. Lo importante es la defensa de un programa frente a los recortes y las reformas del PSOE y del PP. Lo que se haya podido hacer mal en la organización del grupo parlamentario tiene muy poca relevancia. A Cayo Lara le corresponde dirigir el grupo parlamentario porque los órganos democráticos de Izquierda Unida le dieron ese mandato. Todos los diputados tendrán su papel para hacer un buen trabajo parlamentario de grupo. No sólo tienen que hacer ese trabajo parlamentario, sino también una cooperación con la sociedad para que la edad de las tijeras no se extienda mucho en el tiempo ni cale profundamente. Es ese trabajo el que debería evaluar la sociedad y no los debates magnificados sobre los carguitos.

Todos felicitamos el trabajo de Gaspar Llamazares en la anterior legislatura, el llanero solitario. Nadie le reprocha que Izquierda Unida llegara a esa situación de bicicleta parlamentaria. Es una persona muy capaz. Pero el buen trabajo de una legislatura merece un aplauso y no un cargo vitalicio. No entiendo que personas que opinan que la profesionalización de la política es un déficit de las sociedades pretenda que Gaspar Llamazares siga recibiendo el foco que ya tuvo, cuando en su partido hay muchas personas igual de meritorias y lo importante no es la glorifiación de un diputado sino el progreso del partido, para que cumpla su deber de sacar del retroceso a la sociedad. Seguro que como diputado raso o en otros cargos parlamentarios que se le puedan asignar lo hará muy bien, pero tanto amor propio reforzado por quienes personifican la labor de oposición al neoliberalismo hacen daño al reto colectivo de encarar a una maquinaria enorme y compleja.

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Posted in: Política