Uso malintencionado de la palabra austeridad

Publicado en diciembre 13, 2011

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La “austeridad” se ha convertido en una de las palabras más utilizadas de nuestro tiempo. Llenan la boca de patronales, políticos, periodistas. Se desparrama por el cuerpo social.

Para la RAE, la “austeridad” es la cualidad de la persona austera, a saber:

austero, ra.

(Del lat. austērus, y este del gr. αὐστηρός).

1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral.

2. adj. Sobrio, morigerado, sin excesos. En esa época, llevaba una vida austera, sin lujos.

3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto.

4. adj. Retirado, mortificado y penitente.

Detrás del uso que hacen actualmente los prescriptores sociales hay bastante impropiedad semántica. Sólo se le podría pedir austeridad a quien practica en algún grado el exceso o el lujo. Nadie puede argüir la palabra austeridad cuando se le recortan derechos sociales y básicos a capas de la población con pocos recursos. Eso no es austeridad, sino empobrecimiento .

Usando la palabra austeridad con esta acepción se estaría mortificando y exigiendo penitencia a quien no tiene responsabilidad social para recibir esos tormentos. Se le impone mortificación y penitencia al pobre, mientras no se le limita al rico el exceso o el lujo.

Me pregunto por qué la austeridad insolidaria es tan importante para la nueva Europa, como para eclipsar cualquier otra palabra. Si intento responderme encuentro que detrás de esta austeridad hay insolidaridad de los que más tienen, en las sociedades que practican la austeridad contra los que menos tienen. Deberíamos pensar que esta austeridad es antónimo de distribución.

Para verlo con mayor claridad dibujemos un escenario sin complejidad. En una sociedad de cien personas los diez que más ganan reciben once veces más que los que menos. En esa sociedad, en general se satisfacen las necesidades básicas (alimento, techo, educación, cuidados de la salud, seguridad en el futuro, …). Los que menos ganan tienen que apañárselas lo mejor que pueden para acceder a un alimento suficiente en calorías pero pobre en otros nutrientes; viven bajo un techo que no ataja el frío en invierno, no está perfectamente cerrado a la entrada de plagas, está lejos de todo; reciben una formación gratuita que paga la comunidad y su salud también es protegida por el servicio público; su futuro es incierto. Los que más ganan, en cambio, disfrutan de una alimentación que no atiende sólamente a las necesidades nutricionales, sino que se convierte en territorio de exploración gastronómica; su techo tiene todas las comodidades y estéticas imaginables y se sitúa cerca de las residencias de sus semejantes; aprovechan algo de los servicios públicos de educación y salud, pero para garantizar la calidad, la comodidad o la prontitud usan también los atajos que les da su poder adquisitivo; el futuro se presenta tranquilo; pueden destinar una parte de su renta a la ostentación o a la satisfacción consumista de tener el coche con el que siempre soñaron o a ganar dinero mientras duermen en inversiones y especulaciones.

En la actualidad se le está pidiendo sacrificios a los primeros. Les estamos pidiendo que renuncien a lo poco que la sociedad les hace llegar. Normalmente en esa sociedad simple las prestaciones para que los menos pudientes puedan comer, la ayuda para reparar un poco el humilde hogar, el servicio público de educación o de salud o la paz que significa saber que la sociedad siempre te echará una mano son sufragadas por aportaciones que hacen las otras decenas. En los tiempos históricos que vivimos las decilas superiores observan con la conciencia tranquila como sus patrimonios y sus lujos crecen mientras las condiciones mínimas de vida de sus conciudadanos menos agraciados decaen. La marginación está socialmente muy lejos de la ostentación.

¿No es inmoral esta austeridad contra los desamparados?. ¿Hay alguna justificación moral (mérito, incentivo y otras patrañas neoliberales) para premiar a aquellos con sus lujos y castigar a los otros con las miserias (por debajo de la dignidad)?. ¿De verdad merecen tanto unos y tan poco los otros?. ¿Es concebible tanta desigualdad en sociedades compasivas?. ¿No convendría que los que más tienen desciendan a los infiernos como Ingrid Bergman en Europa 51 para sentir vergüenza por su amasamiento de dineros o que los que menos tienen entren en las mansiones de los ricos como en Viridiana de Buñuel para que sientan la rabia?.

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Posted in: Ética