Sola en el año 2050 (Utopía)

Posted on noviembre 27, 2011

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Vivía sola. No era muy agraciada y nunca nadie supo encontrar en ella el tesoro que guardaba su corazón.

Había valorado la inseminación anónima o la adopción, porque le atraía la maternidad y era consciente de que los progresos en las políticas de igualdad (bajas de maternidad, permisos de alimentación y guarderías públicas) le permitirían armonizar su vida profesional y la opción de ser madre, sin menoscabo en su carrera profesional, porque en las últimas décadas muchas mujeres habían accedido a puestos de influencia y ya ni siquiera era necesaria la discriminación positiva porque la igualdad se había integrado en la nueva cultura. Aplazaba la decisión de ser madre dos años porque sentía mucha realización profesional y personal en sus actividades; todavía tenía margen.

Su madre había podido estudiar en la universidad, porque en la época de ella había una universidad ya asequible y una ayudas al estudio que lo posibilitaban. En la generación de su madre se había producido un punto de inflexión. Cuando ella nació, el sistema educativo estuvo en riesgo por una ofensiva de los más ricos de la sociedad de rebajar su contribución al sostenimiento de los servicios públicos, pero finalmente triunfó un movimiento de indignación y rebelión contra todo aquello. Ella pudo estudiar no sólo una carrera sino también un postgrado y dos idiomas, pues la gratuidad de los estudios universitarios se fortaleció y alcanzó el postgrado que en los años de acceso de su madre a la actividad laboral distinguía a los más pudientes pues había postgrados prohibitivos para las clases populares y medias.

Su trabajo por tiempo indefinido de psicóloga en un centro de atención a personas dependientes le permitía sostener sus gastos de alquiler de un pequeño y cómodo apartamento en un residencial bien comunicado la ciudad a través del carril bici o del carril-bus (ya no había coches), transporte, comida. No precisaba muhco más. Le gustaba su vida sencilla. Lo mejor de esa etapa histórica era el cambio de mentalidad: ya no precisaban de una renovación del móvil cada vez que una compañía sacaba una versión nueva, de un flamante coche porque el vecino había comprado uno de gama mayor o de un viaje lo más lejos posible y exótico que alcanzara el bolsillo. La formación profunda de cuatro décadas había provocado un avance en los hábitos de consumo: más crítico, más inteligente, más discreto, más justo, más ecológico. Había perdido importancia la adquisición del último invento tecnológico, pero había aumento la necesidad de compartir tiempo con otras personas: deporte, ocio, sexualidad más libre.

El consumismo había retrocedido, pero la implicación ciudadana con el devenir había crecido. Las asambleas ciudadanas como escenario de compartir problemas eran una institución ordinaria. Se reunían, hablaban, se ayudaban a comprender la realidad, debatían, exponían problemas, los priorizaban, exigían a los poderes unas soluciones a esos problemas, tutelaban la gestión.

No tenían tantos artefactos inservibles en casa (pulseras milagrosas, zapatos curativos, electrodomésticos que no usaban, varios coches por familia, vestidos de temporada a la moda, …), pero tenían garantizada el cuidado de la sociedad en cualquier situación de vulnerabilidad: la vejez, la enfermedad, el desempleo. Ella misma trabajaba en un centro de atención a esas personas, que no sólo recibían un servicio público sino que también recibían el calor de la sociedad civil que destinaba parte de su tiempo a apoyar voluntariamente a quien tenía alguna laguna.

No enfermaba jamás. Era muy saludable. La salud depende mucho de la satisfacción laboral y ella estaba muy contenta con su función. En la nueva organización social la sanidad era muy potenciada a través de la prevención. Una vida más sana, con más deporte, con una alimentación más prudente, con una jornada laboral reducida, … Pero sabía que el sistema sanitario había aumentado el catálogo de servicios y que la atención era de calidad por si alguna vez lo necesitaba, como cuando encontró un quiste en su pecho y no tardaron dos días en tranquilizarla después de hacer las pruebas diagnósticas. Recordaba que había coincidido en la consulta con la presidenta del gobierno, que tenía hora después de ella, quien le contó que ella venía a una revisión periódica.

Desde su etapa escolar le había gustado leer. Recordaba que en sus primeros años de lectora había bastantes libros por casa. Con el tiempo desaparecieron porque los libros también se habían migrado al soporte electrónico (había buenas bibliotecas electrónicas) y por que la sociedad había realizado un movimiento de cesión de sus libros a las bibliotecas públicas, que se habían convertido en un centro clave de la actividad cultural de las ciudades.  Ella conseguía libros en las bibliotecas en línea, pero se acercaba a la biblioteca presencial a las reuniones de lectores, a los talleres de escritura, a la escritura colectiva, a las conferencias con personas muy interesantes.

En su tiempo de ocio, además de la participación comunitaria y la asistencia a las actividades culturales, había deporte ( le gustaba subir a las montañas con sus grupos de senderismo o hacer natación en la piscina municipal, junto a su amiga Carmen, invidente, que le hablaba de lo positiva que había sido la asunción por parte del Estado de la labor social que antes hacían las asociaciones de personas discapacitadas). También tenía una pequeña huerta en la que cosechaba sus propios productos que compartía con su red de productores agrícolas, siempre presumiendo de que ese años su zanahorias o sus lechugas eran las mejores del grupo.

Le gustaba estar informada y para ello atendía a la información que le llegaba por los diferentes medios. Sin embargo, su forma preferida de informarse era la asistencia a las asambleas donde el grupo le daba cuenta de noticias que se le habían escapado. Anotaba aquello que le merecía mayor abundamiento y al llegar a casa se informaba. Era menos usual que la información le llegara de forma unidireccional y pasiva por la televisión, aunque la televisión había mejorado con los años en pluralidad, alejándose no sólo del monopartidismo sino también del pensamiento único.

Su vida social era intensa y apasible al mismo tiempo. Tenía relaciones con todos sus grupos (de trabajo, de debate político, de lectura, de deporte, de producción agrícola) o con sus seres queridos, destacando a su madre, pero no llegaba a sentirse agobiada por tantos vínculos, porque tenían una afecto bastante positivo. Había mucha confianza social en el tipo de sociedad que habían construído con el propósito de incluir a todo el mundo y eso transmitía mucha serenidad.

No llegaba a ser una sociedad totalmente igualitaria, pero al mismo tiempo que se construían y mejoraban las instituciones de participación política, consumo responsable, producción más local, preferencia de lo público, integración comunitaria, extensión del ocio, seguridad social para todos, sanidad sostenidad, educación comprensiva, … la sociedad había demandado con más fuerza el cumplimiento del principio de progresividad fiscal y de que más contribuye quien más tiene. El cambio impuesto por la movilización social de indignación y rebelión de hacía unas décadas había instalado un círculo virtuoso: cuanto más progresaban, más amaban el tipo de sociedad que estaba en marcha. Los grandes patrimonios acumulados en los tiempos de la somnolencia social habían decrecido y habían sido convertidos en un perfectible sueño.

Olof Palme: “¿Estamos satisfechos de lo que se ha logrado? ¿Nos podemos retirar ya? ¡Claro que no! Lo que se ha logrado hasta ahora no son más que incipientes tentativas en el gran proyecto de la sociedad que debe propagarse. No es difícil encontrar todavía situaciones insatisfactorias e injusticias en la sociedad”.

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Posted in: Ética, Historia