Aficionados, profesionales, hinchas, desapegados en la política

Posted on noviembre 11, 2011

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Me gusta correr. No soy ningún Zersenay Tadese, plusmarquista de la media maratón, pero me lo paso bien y me procuro salud. En el universo del deporte hay aficionados que se lo pasan bien, ponen ilusión, hacen esfuerzos por superarse, disfrutan un rato de su tiempo libre, como yo. También hay profesionales que entrenan en sus jornadas laborales, que cobran por su trabajo, que tienen enfermedades profesionales deportivas o accidentes (lesiones). Una parte de los profesionales alcanzan un estatus donde ya la profesión no es una rutina con unos momentos de cosechar resultados, sino un espectáculo, donde cobran más que cualquier trabajador de cualquier actividad y tienen una popularidad muy extendida, a veces se dopan para conquistar más altas cotas, contribuyen al consumismo usando su influencia en la recomendación de un reloj o de un coche. A estos profesionales geniales del deporte les siguen los hinchas, que aplauden sus goles o sus canastas, sus adelantamientos o su subida al podio mientras escuchan el himno y se alza la bandera del país en el que, en muchos casos, no pagan sus impuestos.

Como se critica en la última novela de Isaac Rosa, La Mano Invisible, en la mayoría de los trabajos esto no ocurre. Nadie se hace rico y popular por colocar ladrillos mejor y más rápido, por resolver expedientes sin errores de tramitación o por enganchar con unos adolescentes a los que se imparte clases de Literatura.

Me temo que el mundo de la política se parece cada vez más a la política-espectáculo, alejándose de la política de las personas que se interesan por ella. Debería ser terreno de los aficionados que se implican, ilusionan, estudian, asocian por afinidad, disfrutan de la intervención en la decisión y gestión de la cosa pública. Como el modelo representativo es inevitable en sociedades nacionales o plurinacionales, tiene que haber alguna profesionalización, pero la experiencia empieza a indicarnos que hay que ponerle techo a esa profesionalización. En cambio, vemos como se consolida la tendencia de profesionalización.

Muchas de las personas que se meten en los grandes partidos buscan allí una fuente de beneficios personales: trabajo, renta, poder, popularidad, divinidad (recuerden el auto de imputación a Jaume Matas indicando su endiosamiento, pues no había nadie que le recordara que era mortal), … Algunos encuentran la profesión que no saben abrir por otros caminos. Conozco casos. Serían incapaces de superar los procesos selectivos de los puestos de trabajo privados o públicos, pero en su acción de trepar por los laberínticos meandros de las redes clientelares se saben mover muy bien.

Desde que se convierte en una profesión de larga carrera, la política se divide entre aficionados y profesionales que ven en los aficionados un intrusismo profesional. La desafección social por la política acompaña a la profesionalización, muchas personas que no son ni del Madrid político (PP) ni del Barcelona político (PSOE)  ni algún otro equipo como el Levante ni les interesa practicar política pues muchas veces creen que la sociedad no es un proyecto colectivo sino una jungla en la que se salva quien puede. También se produce en este modelo político la figura de los forofos de cada partido, que no se esfuerzan en saber, pero por favores o fidelidad a unas siglas aplauden o aceptan los resultados de sus partidos (ya sea la puesta en marcha de un hospital necesario, la apertura de un aeropuerto sin aviones o la guerra contra un país con excusas evidentes), justificando las derrotas (unos malos datos del paro, una elevación de la prima de riesgo), ovacionando a su Messi (Rubalcaba) o a su Cristiano Ronaldo (Rajoy). Los aficionados a la política, aquellos que se interesan, se implican y participan [en los recónditos espacios que la política de los profesionales deja abiertos], quizá sean una pequeña porción de la sociedad.

¿Cómo convencer a los profesionales de que la política y los cargos desde los que se toman las decisiones no son patrimonio suyo?. ¿Cómo hacerles ver que no son imprescindibles, que muchas personas lo harían tan bien o mejor que ellos?. ¿Qué tiene esa teta que no la quieren soltar, como decían en mi pueblo?. Pregunta a dirigida a Manuel Fraga, a José Miguel González (Pelopincho), a Jerónimo Saavedra, a Miguel Zerolo, a Casimiro Curbelo, …

¿Cómo hacer para que los hinchas abandonen sus fidelidades al alcalde que les permitió construir sin licencia, al seguidor que vota al PSOE para evitar que el PP venga a hacer lo recortes que ya empezó a hacer el PSOE, al animador del PP que quiere un cambio pero sólo cambia el partido y no cambia ni el modelo económico ni las políticas?. ¿Como conseguir que se anime a pensar fuera de los cauces y desborden el dogmatismo de partido?.

¿Cómo enganchar a la gente que piensa que la política no va con ellos aunque le bajen el salario, le recorten la pensión, le alarguen la vida laboral, le hagan esperar cada vez más por una intervención quirúrgica o sus hijos nunca aprendan ni certifiquen lo suficiente para poder competir con los hijos de los que viven mejor, que estudiarán en colegios privados, universidades del extranjero y másteres prohibitivos?.

¿Cómo agradecer a las personas aficionadas a la política que nunca dejen de luchar aunque la sociedad se mueva en el sentido contrario al de sus desvelos?. Dedicado a ellos.

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Posted in: Política