Sólo los partidos pequeños disputan el voto del señor Cayo

Posted on noviembre 6, 2011

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Las primeras elecciones después de la larga dictadura encabezada por Franco se celebraron en 1977. En el contexto de ese acontecimiento, basa Miguel Delibes el argumento de una de sus novelas: el disputado voto del señor Cayo.

El protagonista es un candidato del partido socialista en una provincia castellana al Congreso de Diputados. El jefe de campaña decide que en su recta final hay que visitar aquellos pueblos que todavía el partido no ha hecho acto de aparición. Es de este modo que deciden que el candidato a diputado vaya con dos compañeros a unos pueblos de la montaña de la provincia. Para acceder a ellos tienen que transitar por unas pistas en mal estado.

Se encuentran pueblos abandonados durante el éxodo rural del campo castellano. En un pueblo se encuentran al coprotagonista, el señor Cayo. Los tres políticos se acercan a él para hablarle de política, de las elecciones y de su programa, pero en el intento descubren a un señor que los embelesa por su conocimiento de la naturaleza, sobre todo al candidato a diputado. Pasan las horas de aquella tarde de junio sin que el diputado tenga ninguna prisa por volver.

Al final del día llegan al pueblo los militantes de un partido de la derecha. Tratan de burlarse del señor Cayo. El candidato a diputado sale en su defensa y recibe una tunda. Después, huyen. Los tres miembros del partido socialista se despiden del señor Cayo y vuelve a la ciudad con la noche y con una gran tristeza de Victor, el candidato.

Hoy me acordé del señor Cayo cuando he visto las banderolas que los partidos grandes cuelgan en lo alto de las farolas, fuera del alcance de cualquier ciudadano que intente la contrapropaganda, poniéndole unos cuernos con rotulador o una pegatina que exprese la repulsa que producen. Me pregunté quién pudo colocar esos anuncios o quién pega los enormes carteles de los grandes partidos que vemos desde la carretera.

Me temo que son compañías de publicidad. Comparé estas campañas electorales. ¡Qué diferencia con 1977!. Militantes comprometidos versus compañías de publicidad; ilusión de partido versus dinero de créditos bancarios, subvenciones electorales mal distribuídas y vete a saber tú qué más; políticos que van a un pueblo recóndito a convencer a un elector versus políticos alérgicos a los ciudadanos, con escoltas como antihistamínico; políticos permeables a lo que un “paleto” de un pueblo pueda mostrarles versus políticos disfrazados de burgués que se lo saben todo.

Ya nadie se acuerda de acercarse a los señores Cayo del mundo para llevan una sana comunicación con ellos. Ayer me llevé una alegría con Gaspar Llamazares, que contaba que en un mitin en un pequeño pueblo asturianos se le había acercado un señor a contarle que había sobrevivido a un intento de fusilamiento durante la guerra civil desencadenada por el franquismo golpista. Un candidato a diputado recorriendo los pueblos de su provincia y escuchando a un señor Cayo.

Son ya tres los días de campaña: en la calle sólo aparecen los carteles de todos los tamaños de los tres grandes partidos (PP, PSOE, nacionalista), en la radio sólo aparecen cuñas de esos partidos; no veo tele. Se nota qué partidos tienen el dinero. Es indicativo de que el proceso abierto en 1977 en una hermosa incertidumbre se ha ido cerrando de manera que parece bien amarrado.

En 1885 los socialista, los republicanos, los anarquistas podían tener la misma percepción de dificultad durante la consolidación de la Restauración Borbónica…

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Posted in: Política