Valoración de la Transición por alguien que nació en ella

Posted on octubre 27, 2011

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En España, la fuerza influyente en política de las grandes empresas, sus medios masivos de comunicación, la trampa de la ley electoral, la tendencia histórica, … han forjado un bipartidismo en el que se alternan dos partidos políticos con un programa neoliberal, aunque en su presentación ante los ciudadanos y electores declaran con hoquedad los objetivos de bienestar, subrayan alguna pantomima en la que aparentan dar pasos en el buen sentido (ejemplo del impuesto de patrimonio), justifican sus medidas contrarias a la equidad, …

Con el transcurso de los años y las continuas reformas laborales, financieras, fiscales, políticas, presupuestarias, … la fuerza de las grandes empresas, la influencia de los mayores grupos de comunicación y los partidos mayoritarios adquieren preponderancia, hasta el punto que la sociedad española se ha amarrado a ese bipartidismo instalado y muchas personas nos preguntamos como librarnos de esta red tan bien urdida. Las grandes empresas son propietarias de los grupos mediáticos que crean la opinión pública, que encierra el espectro político entre las dos facciones del bipartidismo, que en el poder hacen las políticas que convienen a los dirigentes de las grandes empresas, de las que son los principales propietarios como accionistas personales principales, cerrando el círculo.

El enorme y sacrificado trabajo, sobre todo en la clandestinidad, de muchas personas de las tradiciones históricas del comunismo (principalmente), el anarquismo, el socialismo, tejió una red de movimientos sociales, sindicales, vecinales, estudiantiles, con gran fuerza durante el periodo de la Transición. Allí se levantaron tras décadas (ominosas, autoritarias y socialmente insensibles) de retraso y en unos pocos años las piezas de un incipiente Estado del Bienestar. En los gobiernos de la UCD se aprobó el Estatuto de los Trabajadores que ha sido paulatinamente recortado por reformas del PSOE y del PP o el sistema tributario también destartalado por los gobiernos posteriores. Todavía con ese eco de la calle se aprobaron ya en la primera época socialista las pensiones no contributivas [con unas cuantías insuficientes], la ley general sanitaria o la escuela comprensiva jamás financiada y liderada debidamente. Seguramente, después de la frustración de la Segunda República ese es el periodo más progresivo de la Historia de España, conquistado por una organización social capaz de obtener rendimientos de gobiernos de UCD o de un PSOE que con ministros en materia económica como Boyer o Solchaga ya mostraba hacia donde irían al mínimo despiste de la sociedad.

La desmovilización social trajo consigo una deconstrucción de la obra levanta de prisa y corriendo en los años de la Transición. Sucesivas reformas, como el pistoletazo de salida de las pensiones de 1985 o la de los contratos temporales de 1988, las diferentes oleadas de concentración bancaria, las privatizaciones desde el plan de privatizaciones de Solchaga, la incorporación a la OTAN a mediado de los ochenta, fueron formando la sociedad actual en la que prevalece un poder económico de las grandes empresas (las principales de origen público y malprivatizadas), que controlan de forma eficiente el pensamiento social e institucionalmente hacen uso de ese bipartidismo en el que cambia el gobierno, pero no cambian notoriamente la políticas.

Cuando se valora todo este periodo histórico, como un amable comentarista de otra entrada me expresó, se llega a veces la conclusión de que hubo una traición del PCE a los trabajadores. Recuerdo la teoría de un compañero de las movilizaciones sociales en Las Palmas. Insistía en que no hubo transición, sino transacción. Yo estaba naciendo en esos años, pero viendo el indicador electoral del PCE, un 10% del voto válido, creo que bastante se consiguió desde una posición de resistencia débil.

El error no estuvo en mi opinión en el momento en el que se hizo la Constitución (yo también prefiero la de 1931, más militante y adelantada a su tiempo, frente a la actual, más consensuada con unos poderosos dispuestos a ceder los mínimo y recopiladora de los avances de constituciones previas), sino en la posterior evolución. Los movimientos sociales no fueron capaces de mantenerse y la incógnita del PSOE se despejó de forma decepcionante. Es por eso que desde el punto de partida, imperfecto pero mejor que el punto de llegada actual, de la Constitución y la legislación de aquellos años no conseguimos mejorar, hacer mejores leyes laborales o fiscales o hacer una banca pública a partir de la concentración en Argentaria. Todo lo contrario.

Nunca es tarde, pero ahora estamos débiles. Unámonos a los sujetos de la izquierda sincera (histórica, como Izquierda Unida, o de nueva creación) y creemos un poder de confrontación contra el enemigo de la humanidad, el virus capitalista.

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Posted in: Historia