El gobierno se empeña en que los ricos no paguen más impuestos (I)

Posted on agosto 28, 2011

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Hoy, domingo 28 de agosto de 2011, hemos escuchado a José Blanco, del Partido Socialista Obrero Español, retar al Partido Popular a incluir un impuesto para los ricos en su programa, como lo hace el candidato Rubalcaba. Les reconozco que he sentido otra vez un enorme desagrado y rechazo hacia esa promesa de Rubalcaba y ese reto de Blanco, porque recuerdo perfectamente como el partido del candidato que ahora hace la promesa como si tal cosas y del portavoz del Gobierno han diluído las propuestas de impuestos a los ricos durante esta legislatura. Por eso he escrito este artículo entre tres partes.

En el verano de 2009 todavía teníamos en España un gobierno socioliberal. Estos gobiernos se caracterizan por querer agradar a los ricos y a los pobres al mismo tiempo.

No se crean que es difícil si hay abundancia. Habiéndola, como en el periodo 2004-2008, se pueden hacer leyes progresistas en materia de libertades civiles (matrimonio de personas del mismo sexo, divorcio exprés) que no tienen consecuencia económica, aumentar unos cientos de millones las becas, aumentar igualmente las pensiones mínimas, crear el cheque bebé (para la hija de Botín también, en lugar de guarderías públicas a las que no llevarían a la nieta del banquero) o el cheque vivienda para que los jóvenes se emanciparan (teniendo en cuenta el fracaso de las políticas de vivienda pública), regalar cuatrocientos euros IRPF antes de las elecciones (“¡qué cara más feliz pondrán los electores cuando vean ingresados 30 euros más en la nómina!”), poner en marcha un nuevo sistema de atención a personas dependientes (mal financiada a juicio de todos)… alguna más. Los socioliberales estaban contentos viendo la felicidad de los humildes receptores de sus limosnas, por unos pocos miles de millones.

Sin salirse del sagrado superávit había igualmente margen para mantener intocada la reforma de Rato del IRPF de 1998, tan duramente cuestionada cuando se hacía la correspondiente oposición, no se hacían innovaciones en progresividad, se hace una reforma de rebaja fiscal muy severa en 2006, se desactiva el Impuesto de Patrimonio en 2008, no se persigue el fraude fiscal conservando bolsas de decenas de miles de millones, según los técnicos del Ministerio de Hacienda y sus organismos autónomos. Todo merecía la pena con tal de ver igualmente ufanos a los elegantes destinatarios de estas recompensas, con un coste de unas cuantas decenas de miles de millones.

En épocas de escasez es un poco más complicado mantener satisfechos a unos y a otros y presumir de gestor capaz de alcanzar el bendito superavit. Por algún lado hay que cortar. Por eso, en el verano de 2009 el gobierno decía que los que habían provocado la crisis (la verdad es que no recuerdo cómo la llamaban en ese momento: desaceleración, reducción de la velocidad porque vienen curvas, recesión), “los que más tienen”. “¡Oh, oh!” – pensaron los ricos – “los socioliberales se han convertido en socialdemócratas”.

Pero no… Tranquilos. En la ley de presupuestos de ese año descubrimos sin alborozo que todos somos unas de las personas que más tienen en este país, porque la mayor parte del aumento de la recaudación para reducir el déficit procedía de la eliminación del donativo de 400 euros del IRPF (manteniéndola en el umbral de 12.000 euros, en el que difícilmente es operativa) y del aumento del IVA. Dice el manual de manipulación política en alguno de los capítulos que, cuando el gobierno anuncia algo y hace todo lo contrario, conviene introducir una pequeña acción en el sentido de lo notificado, para subrayarlo y convencer de que todo lo que se hace se encaminó a lo avisado. Veamos: se introdujo un pequeño aumento en la tributación de las rentas del ahorro del IRPF, tres años antes disminuida en una proporción mucho mayor.

Todavía el gobierno no había descubierto su verdadera personalidad y todavía tenía algún gesto para los desempleados, el PRODI, una ayuda a los desocupados que se habían quedado sin prestación o subsidio de desempleo. Una ayuda que semestralmente se ha renovado con rebaja y a fuerza de ruegos, de sindicatos y partidos de izquierda.

Hasta aquí el relato del primer episodio, en el que el gobierno neoliberal se obstina en no irritar a los millonarios, para ayudar a “sostener los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”, como reza la Constitución, si recientemente no la han reformado en sentido neoliberal en esta materia. Continua

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Posted in: Economía, Política