Socialismo light

Posted on julio 28, 2011

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En 1848 los redactores del Manifiesto Comunista certificaron el nacimiento del socialismo. Durante su infancia esta ideología fue internacionalista y se debatió entre marxismo y anarquismo. Alcanzando la adolescencia empezó a organizarse en partidos y sindicatos, a presentarse a las elecciones, a reivindicar con la huelga… Ya de pivito, con el sacrificio de sus militantes (perseguidos, golpeados, encarcelados, asesinados), fue consiguiendo avances para las clases trabajadoras y populares. De joven alcanzó algunos gobiernos por la vía de la fuerza revolucionaria o por el camino de las elecciones. Su ocupación del poder no era el instrumento para el beneficio particular de los representantes del movimiento, sino la herramienta para hacer transformación social. En esas décadas se implantaron los socialismos reales, se instaló el estado del bienestar y se conquistó la independencia de las colonias expoliadas. Envejeció con una esclerosis del socialismo real, una desarticulación del estado del bienestar o el rediseño de un nuevo colonialismo.

Es una historia muy reducida del fenómeno. Ya lo sé. Sirve para lo que interesa, que es lo que sigue.

Hablaba con un compañero de la escasa formación ideológica que tienen muchas personas que se consideran progresistas, socialdemócratas, socialistas. En el analfabetismo político de nuestras sociedades los mercachifles venden sus ideologías milagrosas, en las que son compatibles por ejemplo 1. la regresividad fiscal con el sostenimiento suficiente de los servicios públicos; 2.  la alianza de las civilizaciones con las guerras de Afganistán o Libia; 3. la defensa de Garzón como perseguidor de Pinochet con la limitación de la jurisdicción penal universal para no irritar a Israel; 4. el aumento del gasto social con la prolongación de la edad de jubilación o la reducción de la cuantía de las pensiones; 5. la defensa de lo público con la privatización de AENA o las cajas; 6. la creación de empleo con el abaratamiento del despido; …

Se trata de un socialismo light, tan ligero que se parece demasiado al partido de los horrores, la antítesis en la dialéctica bipartidista. Ese “socialismo sin”  se distingue menos del partido de los horrores que del socialismo histórico, que tanto respeto merece en cualquiera de sus versiones, con todos sus errores. Ese “socialismo free” es muy socialista, versión propia, porque 1. es tan responsable que en un momento en el que “no hay alternativa” hace lo único que se puede hacer (eso sí, “con una sensibilidad social que el partido de los horrores no tendría”)  y 2. no es tan peor como el partido de los horrores, que da mucho miedo porque hará lo mismo pero sin sensibilidad social.

En los años anteriores al actual ejercicio de responsabilidad-rendición este socialismo favoreció fiscalmente a los dividendos e intereses con respecto a los salarios o perdonó a los grandes patrimonio un impuesto que ya era débil. También se redujo el impuesto de las grandes empresas. El superávit fiscal producido por la fuerte recaudación de una economía en crecimiento (a base de endeudamiento privado excesivo y construcción irracional y destructora) fue usado para perdonar ocho mil millones de euros anuales a los que más tienen. No fue usado el saldo positivo para mejorar los servicios públicos (con tanta abundancia se pudo incrementar algo el gasto social, en menor cantidad que la reducción tributaria a altas rentas) o para la inversión productiva, confundida muchas veces con la construcción faraónica (España es el país de Europa con más kilómetros de línea ferroviaria de alta velocidad, con sus atrasos sociales en pensiones o atención a la dependencia). En esos años de la burbuja, el socialismo light presumía de economía de Champion League, una traducción del “España va bien” del partido de los horrores, sin acometer con la debida diligencia la reorientación económica hacia otros sectores.

Es decir, el socialismo aparente participó en alimentar la burbuja. No hubo reforma fiscal progresiva para mejorar la igualdad social. Nunca promovió mayor control para al endeudamiento empresarial y familiar. Jamás promovió una armonización fiscal con Europa o instrumentos financieros de cohesión. Tampoco procuró que el Banco Central Europeo tuviera el objetivo de estimular el crecimiento y la cohesión, permitiendo el crédito a países en iguales o mejores condiciones que a los bancos privados (ocurre lo contrario). De ningún modo se propuso una limitación de los movimientos especulativos de capital, que han hecho tanto daño en las últimas décadas. Se gestionó la euforia sin los valores de redistribución, sostenibilidad y racionalización del sistema.

Más tarde llegó la crisis y el momento de presumir de responsabilidad. Se presentó con un programa de socialismo sólo de etiqueta, pero ha gobernado con el programa que le ha interesado otra vez a los señores que más tienen y a las grandes empresas. No tuvo la honestidad democrática de abrir un proceso electoral para preguntar a la población si aceptaban ese programa contradictorio con el que habían ganado las elección. Es como si ganar las elecciones fuese un cheque en blanco para los gobiernos. La responsabilidad de la que presume no es la responsabilidad de buscar un camino para repartir la contracción económica entre todos. Responsabilidad es equivalente a aceptar los designios de unos mercados que le orientan a hacer políticas de ajuste, reforma y privatización. Los fuertes de la sociedad ganaron durante la euforia y ganan todavía más durante la depresión, pues la crisis a fin de cuentas se ha convertido en una gran oportunidad para arrimar el ascua a la enorme sardina de los más ricos.

Ahora este socialismo free-volo nos dice que, como es muy socialista, va a hacer lo contrario a lo que ha hecho, o sea, más o menos, lo que prometió que iba a hacer cuando pedía el voto en 2008. Apelarán al voto del miedo (al partido de los horrores) y al voto útil, siendo posible que maquillen un poco su derrota. No se atrevería a adoptar las ideas del socialismo histórico y ponerlas en práctica. El socialismo de mineralización débil es una forma enmascarada de capitalismo con pocos escrúpulos.

En fin… Yo pienso que debemos formarnos ideológicamente todos para construir fuertes opciones de emancipación popular, trabajadora o ciudadana, sin que nos vendan socialismo por liebre. También debemos aprender a construir colectivamente esa asociación de ciudadanos indignados, propositivos, transformadores. En esa formación y en esa construcción tenemos que aprovechar las enseñanzas del socialismo histórico y auténtico y librarnos de insoportable levedad de la copia vacía por dentro.

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Posted in: Historia, Política