Vidas paralelas: Zerolo y Curbelo

Posted on julio 21, 2011

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Plutarco escribió varias biografías comparativas, relacionando a un griego con un romano. Zerolo y Curbelo no son griegos ni romanos, pero sus vidas tienen algunos paralelismos que he querido subrayar.

Zerolo y Curbelo tienen vidas parecidas. “Políticos profesionales” desde muy jóvenes, que en los parlamentos se caracterizan por su inactividad. Ahora ambos tienen algún proceso penal abierto, pero no es de esto de lo que voy a hablar.

Curbelo tiene 56 años. Desde los 28 ejerce su profesión, “político”. La cuenta continúa en el Cabildo de La Gomera.
Zerolo tiene 53 años. Desde los 21 ejerce su profesión de “político”. La cuenta continúa en el Senado del aforramiento.

Según el Parlamento de Canarias, el ahora senador Zerolo, en la anterior legislatura como diputado, sólo tuvo una iniciativa y colectiva. Recordarán esa iniciativa porque era la vergonzosa propuesta de crear una comisión sobre El caso de los niños desaparecidos en Canarias. Cuatro años “ocupando” un cargo en el que no aportó nada. El premio a su inactividad es la designación como senador, “aforrado” supremamente.

Según el Senado, Curbelo pugna con Zerolo en inactividad. Se ve como Curbelo en tres años no ha tenido ninguna inciativa; sólo una intervención, para jurar el cargo.

Si Zerolo y Curbelo no creen en su utilidad, deberían ceder sus puestos a senadores trabajadores.

Estos datos nos describen la política fea que a muchas personas no nos gusta. La política debería ser de los ciudadanos, a través de una profundización en las vías participativas o con una limitación (ética mejor que jurídica) de la detentación de cargos representativos, de gobierno o de alta administración, y no de políticos profesionales, visibles incluso en los partidos con más sensibilidad democrática.  La profesionalización crea alejamiento de los problemas de los ciudadanos, ya que aquellos viven en sus burbujas de coches oficiales, palcos, (¡atención!) meaderos diferenciados de los de los otros empleados públicos, puertas privadas, privilegios (fueros, inmunidades, pensiones, indemnizaciones, complementos de destino 30, prestigio en sus ambientes), aparición en los medios de comunicación, amistades glamurosas y peligrosas, tratos de favor en el uso de servicios públicos, … Como dijo el juez José Castro de Jaume Matas, se crea entre estos políticos un endiosamiento. En psicología política se acuñó la patología del síndrome de la Moncloa.

Los políticos profesionales se convierten en una casta cerrada en la que no se ingresa por medio de oposiciones, sino más bien por una redes clientelares dentro de los partidos con ambición de ocupar el poder, muchas veces sólo con la aspiración de disfrutar el estatuto olímpico. Ellos se pueden ver a sí mismos diferentes del populacho y el pueblo los ve diferentes, fuera de los problemas de la realidad del parado, el precario, el dependiente que no recibe servicio de atención, la persona con discapacidad motora que no puede acceder a un edificio, la viuda con una pensión mínima que vive sola en un piso de Madrid, …

Se ve como nuevos políticos se abren camino en la profesión, como Guacimara Medina o Gustavo Matos. La primera fue alcaldesa, candidata al Cabildo cuando se olía que no podría repetir como alcaldesa, viceconsejera. El segundo fue candidato a alcalde, renunció a su concejalía porque su partido pactaba con otro partido con el que él, como cabeza de lista, se comprometió a no pactar y en el plazo de un mes lo vemos nombrado como director general, en el gobierno en el que están su partido (que pactó contra su criterio) y el partido con el que se negó a pactar en el ayuntamiento. Cuando veo la llegada de políticos jóvenes a las instituciones me pregunto si sus carreras durarán tanto como las de Zerolo o Curbelo que empezaron a esas edades; a muchos se les ven esas maneras.

El caso opuesto a estos jóvenes lo vemos en Jose Miguel González Hernández, nacido en el año 1934, con setenta y cinco años en el cuerpo y tropecientos en las instituciones. Decían en mi pueblo que algo debe tener esa teta (la política) cuando la pillan y no la quieren soltar.

En el caso de Zerolo y Curbelo, no sólo hay largas carreras sino también ubicuidad; lo que demuestra la divinidad. Quieren multiplicidad de cargos, algo que tampoco debería estar bien visto socialmente. En el caso de Zerolo se ha entendido como una estrategia procesal para evitar los órganos judiciales ordinarios por medio de los aforamientos del diputado regional y del senador estatal, pero son muchos los políticos que concentran varios cargos, haciendo dejación de ellos.

FUENTES:

http://www.senado.es/legis9/senadores/163_index.html

http://www.parcan.es/composicion/diputado.py?ID_MIEMBRO=07021

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Posted in: Política