La generación sobrevalorada de líderes como Mitterrand, Kohl, González, Delors, … redactó el Tratado de la Unión Europea cuando ya los principios neoliberales (Pinochet, Tatchert, Reagan) habían desplazado al consenso socialdemócrata de las décadas anteriores a los setenta. En ese Tratado de Maastricht se definió el sistema de desintervención pública en el sector financiero. Por ejemplo, se favoreció la libertad de movimientos de capital, se desregularon las entidades de crédito, se le dio independencia a los bancos centrales, se les prohibió la financiación a los estados, se creó la unión económica y principalmente monetaria, que en unos años significaría la llegada a la calle del euro.
Por aquellos años España se encontraba inmersa en una crisis de modelo. La integración en las Comunidades Europeas en 1986 había descubierto las debilidades de su economía para participar en el juego de la competencia en una economía abierta.
La España sin modelo coincidió con la Europa con excesos de capitales y la Europa de los movimientos libérrimos de capital. La España atolondrada abrió sus puertas al capital ávido por posar sus alas en prometedores negocios. Así fue como llegaron a España todos esos millones desde otros países europeos, principalmente Alemania. Más de un tercio de la deuda española (de las familias, de las empresas, del Estado) tiene acreedores externos, ya que los bancos españoles no encontraban ahorros suficientes en España para mantener el vertiginoso endeudamiento inmobiliario. Por el tamaño de la deuda exterior se explica tanto interés exterior por la solvencia española.
El Tratado de Maastricht al mismo tiempo que hiperliberaba-estimulaba el endeudamiento privado, como se ve en el gráfico, imponía un corsé al endeudamiento público. No más del 60%, una cifra que se ha considerado caprichosa. No es lo mismo un 60% de deuda para un país con una economía fuerte en el juego de roles de la economía mundo, un sector público potente y un sistema fiscal suficiente que para un país como España. No es lo mismo un 60% de deuda con unos intereses bajos que con unos intereses altos.
Alguna vez le he preguntado a economistas dogmáticos y a economistas críticos por qué a los poderes públicos se le ponía ese límite de endeudamiento y a la economía privada no se le ponía ninguno. Nadie nunca me dio una buena respuesta. En realidad, la respuesta es más ideológica que técnica: la deuda privada en el juego económico de especulación de 1993-2007 era un gran negocio para los grandes jugadores que participaban; ellos ponen las reglas.
La deuda privada fue un engañabobos. Demasiado grande y no fue usada para el diseño de un modelo válido para nadie con sensatez; ni para los capitalistas responsables, que buscarían un modelo de crecimiento y competitividad; ni para los socialistas, que exigirían un modelo social justo e igualitario. Se usó para fundar un modelo de pan (o ladrillo) para hoy y hambre para mucho tiempo. Un modelo de depredación del territorio, de subasta permanente con un derecho social mercantilizado recogido en la Constitución (vivienda), de euforia consumista y cortoplacista.
Se hizo demasiado grande por la facilidad de endeudarse. Era sostenible sólo mientras siguieran entrando nuevos postores en la subasta. Desde que se alcanzó la sobreproducción de viviendas, la retirada del juego de la especulación de los que sólo querían una casa para vivir porque los precios para ellos eran prohibitivos, la desconfianza interbancaria porque todos sabían que habían abusado y que se había rebasado el límite, la espiral crediticia-especulativa se convirtió en contracción.
Si la maquinaria en aceleración provocó grandes enriquecimientos, aberraciones como la de Seseña (caso que habría que estudiar bien para ver hasta dónde llegó la locura), derroches de una administración pública con ingresos tributarios extraordinarios por compra-venta de casas (esos aeropuertos sin aviones, esos puertos sin barcos, esos trenes de alta velocidad sin viajeros), … El sistema en contracción provoca ejecuciones hipotecarias con perduración de la deuda para las familias (más de 300.000 desde 2007, más de un millón de personas sin casa y con deuda), administración endeudándose no para acometer inversión sino para costear unos servicios públicos básicos en constante degradación.
Otro grave problema, el endeudamiento de las grandes empresas y sobre todo de las entidades de crédito. Los bancos privados y las cajas, gestionadas generalmente por los otros miembros elevados del sistema (miembros de partidos políticos convertidos en padrinos). Ellas empezaron el juego. Lo enardecieron. Lo prorrogaron hasta más allá de los límites. Los gestores y grandes accionista (coincidentes en muchos casos) aumentaron sus patrimonios inmoralmente. Después de la constatación de que el jueguito había terminado escondieron el problema. Los medios de comunicación han distraído a quienes quieren saber por qué el feo mundo aumenta su fealdad señalando pesadamente al déficit y a la deuda pública. Ahora que el problema es demasiado evidente como para esconderlo con balances ingeniosos o hablando de la deuda pública, comprobamos la determinación de los grandes partidos en las instituciones de salvar al sistema financiero y a sus propietarios sin pedir responsabilidad.
La mejor respuesta a mi pregunta de si los economistas no han teorizado sobre el exceso de endeudamiento de las familias y los bancos me la dieron los inspectores de entidades de crédito del Banco de España. En 2006, le enviaron una carta a Solbes indicando que las entidades de crédito se desenvolvían irresponsablemente, que la deuda privada había engordado demasiado y que sólo se estaba usando la arriesgada deuda para crear un sector inmobiliario monstruoso. La advertencia no fue tenida en cuenta.
Cuando la burbuja pinchó y los bancos empezaron a tragarse unas promociones de vivienda y unas viviendas procedentes de ejecuciones hipotecarias, toda la labor política consensuada por los grandes partidos ha consistido en ayudar con dinero público, permitiendo la venta fraudulenta de acciones o permitiendo la ocultación de los agujeros con reglas de contabilidad propiciatorias de la opacidad. Era tan grande el problema creado que los muchos parches improvisados no han servido y se hacen necesarios nuevos favores, con un Estado incapaz de afrontar el estropicio.
A los altos gestores de este sistema no les vamos a pedir que nos conduzcan a un modelo de verdadera austeridad material de todos, garantizando los derechos materiales básicos y desarrollando aspectos no materiales de la vida. Sin embargo, ni siquiera se les puede pedir responsabilidad para diseñar un modelo económico basado en sus palabras (crecimiento sostenible, productividad, competitividad). Ellos están ahí más bien para que sus negocios les reporten grandes rentas, importando poco cualquier consecuencia social o medioambiental nociva, la inestabilidad. El mundo está diseñado a imagen y semejanza de sus intereses.
Serían los pueblos conscientes e inteligentes (¿de Utopía?) los únicos que pudieran pretender modelos sin drenajes de patrimonio hacia unos pocos y sin irresponsabilidad infinita.


Jesús
junio 7, 2012
Con tensiones, con matices en sus variadas vertientes, los hombres de la política están para adaptar ésta al devenir del sujeto autónomo que es el capital, su rentabilización como fin superior. Los juicios de valor son secundarios, dado que no es la ética quien preside su devenir. El capitalismo no es un sistema de asepsia generalizada, fundamentado sobre una construcción de ontología ética, que sirva de referencia para establecer una escala de valores, es una maquinaria cuya historia se ha escrito, y se sigue escribiendo, con “sangre y fuego”.
Se sabe cuales pueden ser las consecuencias de una determinada política económica, pero la naturaleza del capital, al igual que la del escorpión que mata a la rana que lo transportaba en medio de la charca ocasionando el ahogamiento irremediable de los dos bichos, se impone sobre todas las demás consideraciones. Pensar en un capitalismo curado de sus vicios es más que una utopía, es una quimera. Es un defecto que lastra el pensamiento emancipativo.
El por qué en unos países el déficit se centra en el sector privado y en otros en el público (secundario desde la perspectiva de la economía política), atiende probablemente a factores de diversa índole que no sé precisar en todas sus variables técnicas, aunque hay que retener que la dinámica auto-expansiva del dinero busca el mejor terreno donde realizarse, privado, público o la combinación de ambos. Sin embargo, el desarrollo del capital ficticio una vez agotada la veta del capital industrial como revalorización del valor, ha sido suficientemente explicado desde mediado del siglo diecinueve. Factores que no existían en aquel entonces han permitido hoy una generalización y extensión acelerada del proceso. El sector secundario evacuaba un personal que ya solo tenía salida en el terciario, para ello había que facilitar las posibilidades de consumo. Sin la deuda de las familias el crecimiento en la zona euro hubiese sido nulo desde 2002, y Gran Bretaña hubiese entrado en recesión severa desde mediados de 2001. Para garantizar beneficios colosales al accionariado, el neoliberalismo necesitaba estructuralmente cada año un endeudamiento privado cada vez mayor. Para analistas como Maurizio Lazzarato, se produce una mutación en la que el “hombre económico” se transforma en “hombre endeudado” triplemente desposeído: son poder político, sin activos sociales y sin futuro.
Leída la carta a Solbes que nos aportas debo remitirme, de nuevo, a la fábula del escorpión y la rana. Ningún gobierno que se mueva en la lógica del dinero es capaz de frenar esa maquinaria de destrucción humana.
Samuel García Arencibia
junio 7, 2012
En el caso de España, sin esos caudales millonarios canalizados a la construcción residencial no hubiésemos tenido este ciclo de crecimiento (para orgullo de gobernantes: de Solbes decían los suyos que había puesto las primeras piedras; Aznar presumió con su “España va bien” hasta el hartazgo; Zapatero no le fue a la zaga). Sin esos millones, el sistema se las hubiese visto a solas con su incapacidad para crecer (sé que no te gusta la palabra pero a ellos les parece fundamental), para crear empleo (relacionado con lo anterior) o para que la población activa tuviese ocupación (lo que puede ocurrir teóricamente de otras formas). Ahora volvemos a ver en aquella situación, con el enorme lastre de una deuda colosal: sin modelo y entrampados . Nadie (del sistema) tiene una idea de un modelo de economía hacia el que dirigirse, que no sea el abaratamiento de la producción para exportar y ganar por ahí. Por ahora, aprovechando la debilidad popular aprovechan para desapalancar cambiando derechos sociales por recuperación de la solvencia bancaria.
Entiendo lo que dices de la autonomía del capital y de sus leyes. Quizá mi análisis no le de la importancia debida. Pero creo que no se puede descartar el subjetivismo. Si los poderosos fuesen indigentes o mileuristas, tal vez pensaría que sólo son funcionarios de las instituciones del sistema. Se podría pensar que el capitalismo crea una ética, que la ética consolida al capitalismo, que ambas se retroalimentan. Creo que no son funcionarios sino directores de unas instituciones que se ven arrastradas por unas leyes condicionantes. El sistema es autónomo pero se compone de personas que lo sostienen; unas con más responsabilidad, otras con menos.
¿Tal vez un gobierno sometido a un pueblo que no delega y que controla intensamente a su gobierno representativo y le libera de las malas influencias hubiese hecho algo?.
Raul Aguilar Cestero
junio 8, 2012
Muy buen artículo Samuel. Lo comparto en facebook.
antonio
junio 9, 2012
El rescate ha llegado para.. quedarse. 2ª fase de liquidación del Estado Social. M. Draghi declaro desvergonzada y publicamente hace 2 meses que el estado social europeo estaba terminado. El ex-Goldman Sachs, el ex-banquero incompetente rescatado, es ahora el que impone las reglas del juego en Europa. El y la oligarquia centro-europea que lo apoya. O cambiamos la clase politica (aqui y en el resto de Europa) de manera radical o las elites nos achicharran en los próximos años seguro. Otra cosa, das en el clavo al señalar la incongurencia de exigir un limite de deuda (60%) al Estado y no a las empresas, banca y familias. No existe ninguna razón tecnica para ello. Si se exige rigor financiero (que yo comparto, aunque no en una fase de recesión) debería ser para todos los agentes económicos. No sólo para el Estado. La única razón pausible es la que tu sugieres como ideologica, y que P.Krugman se ha cansado de señalar con detalle, y que yo suscribo al 100%: la razón de fondo es la simple y pura demolición de estado social. Saludos,