En otra entrada del blog se estudian tres actitudes verticales en la vida política. Hablábamos de los políticos profesionales, personas que practicamente no han tenido otra profesión en sus vidas que los cargos públicos en el partido o en las instituciones. Estos profesionales de la política son muy frecuentes en los regímenes autoritarios, donde determinadas personas tienen hasta cargo vitalicio, pero las democracias no han sido inmunes; quizá se pueda afirmar que la calidad democrática es inversamente proporcional a la profesionalización de los representantes y magistrados. En segundo lugar, se identificaba el grupo de los hinchas por un principio de obediencia o lealtad a las siglas o a la organización, muchas veces militantes, a veces simpatizantes, que defienden al partido cumpla o traicione gravemente los principios de inspiración.
Fuera de esas organizaciones con ánimo de alcanzar el poder, se reconocía la existencia de las personas aficionadas a la política, que se preocupan por ella sin indentidades o fidelidades y participan en ella sin más compromiso que sus ideas. Por último, las personas desafectas eran definidas como ciudadanos que han perdido toda esperanza en la política, tienen mala opinión de la política debido a un mal concepto de los políticos, se apartan, no participan, se consideran muchas veces apolíticas sin saber que su abstención es una forma de debilitar a quienes se oponen a esa forma de hacer política.
Hoy quería analizar diferentes actitudes políticas ya no en la integración o no en un movimiento político sino en la posición ideológica de izquierda; sólo de ella. Por supuesto, es un análisis personal, que puede ser compartido o no. Será interesante el debate de posiciones.
Empiezo por los despistados. Los despistados son personas que tienen sensibilidad social con los problemas que preocupan a la izquierda y también se congratulan con los progresos en la solución de esos problemas: la desigualdad, la pobreza, el desamparo social, la tolerancia de las minorías. Sin embargo, tienen un nivel de implicación y participación débil y aceptan con resignación los apartamientos de la doctrina de las personas que ejercen liderazgo en el partido etiquetado como izquierda dentro del bipartidismo. Muchas veces la débil participación procede de una preparación igualmente ligera. En una ocasión califiqué esta actitud como de socialismo light.
Son simpatizantes del PSOE, al que creen en la izquierda porque para ellos es izquierda lo que está más o menos a la izquierda del PP, incluso UPyD es una opción de izquierda. Es obvio que actualmente con el PSOE no se avanza en el camino de progreso (estado del bienestar, solidaridad con otros pueblos, sostenibilidad, democracia), aunque enciendan alguna antorcha de evolución con la que en la oscuridad encandilan y animan a este grupo de despistados. Como mucho, con este partido retrocederíamos a menor ritmo que con el polo de atracción de la derecha en el bipartidismo, el PP.
En una política con débiles movimientos sociales, individualización, influencia de los medios de comunicación, este grupo de despistados, que se alegran en la fase socioliberal de oposición y se resignan en la fase neoliberal de gobierno, es el más numeroso dentro de una izquierda social. Algunos de los despistados siente tanta pertenencia a las siglas que actúan muchas veces como los forofos.
Antiguamente, con anterioridad a 1974 (Congreso de Suresnes) ó 1982 (victoria de Felipe González), precisamente el PSOE representaba a los reformistas y socialdemócratas. Actualmente creo que ninguno de estos dos atributos le corresponden. En mi opinión este espacio del reformismo y la socialdemocracia ha sido ocupados por el PCE y por la coalición en la que se integra, Izquierda Unida. Yo siempre me he considerado socialdemócrata (un socialdemócrata revisionista, pensando en un contínuo ajuste de la legislación para la implantación de un socialismo dinámico, con enormes espacios para la autonomía por la inspiración enriquecedora de los anarquistas, fuente principal de mi revisionismo) y nunca he sentido que el PSOE fuese mi hogar. En cambio, si nos fijamos en el programa de Izquierda Unida encontramos los principios de aquella socialdemocracia clásica que languideció: la progresividad fiscal, la importancia del sector público fuerte, el bienestar social sostenido sobre sólidos sistemas de salud y educación y sobre las pensiones, el pacifismo antimperialista, ahora más conciencia ecológica, …
Tras el 20N, se produjo un debate entre el PCE-IU y el KKE (Partido Comunista de Grecia), porque el KKE consideraba que IU no tenía el planteamiento de un partido comunista, sino más bien una posición capitalista, proponiendo una mejor gestión (no neoliberal) del capitalismo. IU negaba los cargos. En mi opinión es cierto que el PCE-IU abandonó la posición revolucionaria y su lenguaje mucho tiempo atrás. Igual que en el PSOE persisten las voces aisladas de socialdemocracia, en el PCE quedan personas con una tradición, un método de análisis y un planteamiento más revolucionario, pero las líneas oficiales son reformistas y socialdemócratas.
En España hay varios partidos que representan mejor el planteamiento revolucionario y comunista que el PCE. Quizá el PCPE sea el que tiene más apoyos y más tradición. Para mí estos grupos son muy sugerentes. El debate con ellos es muy enriquecedor y su actitud más combatiente es digna del mayor de los elogios. Sin embargo, muchas veces no entiendo cómo plantean ellos actualmente la toma y gestión del poder, elemento distintivo del reformismo. Pienso que un reformismo exigente puede ajustar suficientemente el capitalismo hasta subvertir las claves de su caracterización. Ambas actitudes precisan de la concienciación, organización y confrontación de amplios sectores de las clases populares. Entiendo que los reformistas-parlamentaristas transformarían esa fuerza en lucha política y sindical y en progreso legislativo. Sin embargo, no sé muy bien y tendré que estudiar cómo conciben ellos la toma del poder cuando rechazan la estrategia reformista. ¿La revolución puede ser como la proclamación de la Segunda República Española, como el acceso al poder de algunos gobiernos actuales en Latinoamérica?. ¿Vale la revolución a la manera cubana?.
En el adormecimiento social en el que el PSOE abandona la socialmocracia, el PCE al comunismo, el apoyo al comunismo y a la revolución tiene un espacio social muy reducido, ahora mismo. También hay pequeños grupos que en el presente se declaran herederos del anarquismo histórico, como la CNT, la CGT, Solidadirdad Obrera y libertarios que trabajan por fuera de esas asociaciones. Cuando expreso que su dimensión es limitada, lo hago con el mayor de los respetos que me merece su esfuerzo y la potencia teórica de sus postulados. El tamaño de sus asociaciones no depende del mérito de estudio y acción que emprenden, sino más bien del contexto social donde el pensamiento crítico se ha arrinconado al final de las esquinas. En Canarias, son estas banderas, las del independentismo de izquierda y las de otros sindicatos pequeños las que coinciden con el brío de los cartones del 15M.
Junto a estos despistados, reformistas y revolucionarios, después de un trabajo bien hecho de desideologización y desorganización de la sociedad por los grupos dominantes, diagnostico que se refuerza una actitud disconforme y desconfiada hacia las tres formas definidas, que proceden de la segregación histórica del movimiento obrero desde la segunda parte del siglo XIX. En España estas tres corrientes fueron aplastadas en la Guerra Civil y la represión franquista. La situación hubiese variado mucho sin ese genocidio en la Historia. En la resurrección de esas ideas y organizaciones hemos comprobado que latía la devaluación.
El 15M acoge una gran diversidad de actitudes e incluso se integran personas descontentas con el sistema que no tienen una exacta definición ideológica de izquierdas. Sin embargo, en mi observación del fenómeno tan esperanzador, encuentro bastante rechazo hacia esas instituciones históricas de la izquierda (el sindicato, el partido) y sus actitudes (el socialismo y el anarquismo, el comunismo), pero unas apuestas ideológicas de izquierda cada vez más nítidas. Algunas de las voces que construyen el cuerpo teórico de esta actitud desconfiada tienen una calidad y un valor que consiguen todo mi respeto, individuos que se formaban por solitarios o en pequeños grupos y coinciden ahora en unos grupos mayores. En algunos sitios este movimiento desarrolla una actividad de formación que puede provocar en un futuro de color verde un aliento.
En el momento presente se observa una prolongación del desfallecimiento social de las izquierdas tradicionales, al mismo tiempo que el movimiento consigue demostrar que puede ir a más. No hace falta la referencia a las fechas claves del 15M. 19J y 15O. En la pobre manifestación de reacción a la reforma constitucional se podía ver como los sindicatos convocantes carecían de energía en su protesta, como si lo hicieran de mala gana. El grupo del 15M era menos numeroso, pero traían la indignación a flor de piel. Aquella diferencia de viveza me pareció ilustrativa del momento presente de la izquierda.
En una circunstancia histórica tan pesimista como la actual, cambio de paradigma histórico del capitalismo (pasamos en occidente del capitalismo pactista al capitalismo de imposición y regresividad), todas las resistencias (reformistas, revolucionarios, desconfiados) son convenientes. Por no alargar más este artículo, sólo quería plantear la posibilidad de que el descontento social creciente puede confluir en una casa común como el 15M, aunque cabe la posibilidad de que, como en el análisis que se ha hecho de los sucesos de Latinoamérica, la mayor energía no venga desde los viejos movimientos sino desde el descontento que desconfía de las legendarias banderas.

Juan L. Pérez
diciembre 26, 2011
Fin del paréntesis navideño con lectura por partida triple.
Tanto si gobierna el PP como si gobierna el PSOE nos encontramos con una falacia. Atendiendo que ambos partidos ‘representan y defienden los derechos de todos los españoles’, no hacen tal cosa.
Lo que le ocurre a los despistados no es, a mi juicio, otra cosa que el síndrome de Estocolmo. A fuerza de mantenerlos apartados de cualquier otra fuente de conocimiento, se ha conseguido que acepten, como ciertos y justos, hechos que van contra ellos mismos y que en absoluto son ciertos ni mucho menos, justos.
El ostracismo ideológico es manifiesto. La cultura del miedo paralizante se impone y los derechos de los representados son escandalosamente olvidados. La aportación sesgada del conocimiento, los fanatismos ‘made in market square’, lavado de cerebro incluído, forman una clase votante de nula o muy ligera concepción ideológica: Ecologismo=inutilidad económica; Comunismo=colapso nacional (en claras alusiones a la caída de URSS); Socialismo=Socialdemocracia=Social-liberalismo (firme debacle de los procesos sociales en aras de la economía); Derecha=sumisión (asunción final del síndrome de Estocolmo). Con ésas premisas bien implantadas en la conciencia colectiva, el resultado de unas elecciones no puede ser otro que el ya conocido.
A todo esto, se solicita del pueblo su pacifismo mientras se le abofetea. Pues es normal y lógico que en tales circunstancias un sector del mismo se rebele. El primer derecho que se trata de pisotear es el derecho del pueblo a defenderse de una casta política sin escrúpulos. Para ello, se persigue la política del ‘menor de los males’. El alejamiento del pueblo que se produce es de tal envergadura que, ante una derrota, y lejos de replantearse su relación con el electorado, algunos partidos se vuelven contra sí mismos, como perros disputando un mal trozo de carne. Se han olvidado del ciudadano, lo demuestran día a día.
‘Al pueblo, pan y circo’, decían los romanos. Se ha acabado el pan, pero seguimos con el circo. Malabaristas varios, payasos de colorines y algún que otro domador en apariencia bien fornido. Le toque el turno a quien le toque, la función debe continuar, en espera del aplauso del respetable. Pero el respetable no es respetado. La función resulta un fiasco, los payasos dan tristeza, el domador resulta ser un canijo sin dotes de mando y los malabaristas pierden los platos destrozándolos contra el suelo. Sin embargo, esbozan sonrisas, ‘lo hacen lo mejor que pueden’ y piden del respetable un caluroso aplauso, su comprensión, y que, por favor, deje pagadas al salir las localidades de próximas funciones. Hasta ahí podíamos llegar.
¿Y la izquierda tradicional? La izquierda tradicional se ha quedado atrás, pero muy atrás. No han desarrollado (o continuado desarrollando) aquella transmisión de los valores marxistas que tanta fuerza otrora les dio. Se acabó la comunicación, de vez en cuando podemos encontrar, en algún lugar recóndito, a algún teórico, a algún crítico, tratando que alguien le haga caso. Las iniciativas de difusión ideológica se han difuminado entre los seguidores de la doctrina marxista, frenando la expansión del conocimiento ideológico. Los sindicatos han arrebolado su fuerza en torno a un poder que a nadie impresiona y hasta que se detesta, despojado ya de toda lucidez y autonomía, y han perdido, a su vez, la fuerza moral que les otorgaba la clase trabajadora. Ya nadie cree a nadie.
Es la gran victoria del capitalismo a ultranza (o neoliberalismo, como queráis llamar) que ya empieza a ser celebrado. Celebran su próximo ejército de esclavos, listo para derrotar al nuevo gigante asiático que se cierne sobre las maltrechas economías occidentales. Al fuego con el fuego, deben pensar. China maneja esclavos, nosotros también, así igualamos fuerzas. ¡Qué gran pensamiento por parte del capital! ¿Aún hay quien no se dé cuenta de lo que pretende?
¿Qué hacemos ahora? Todo pasa, como jamás me cansé de repetir, por el conocimiento. Desde los manifiestos ideológicos hasta el libro de la guerra, desde la vida familiar a la profesional, es la educación lo que nos hará fuertes, libres y conscientes de cuanta amenaza se cierna sobre nosotros. Sólo un paso hace falta para levantarse contra la injusticia. Y es un paso verdaderamente corto.
Espero que tras todo esto no se les indigeste el escaldón.
Saludos.
Samuel García Arencibia
diciembre 26, 2011
Hola, Juan L.
Hay gente formándose en todo momento. Pero la manipulación se aprovecha de la pereza. Es posible que la cruda realidad desnude la mentira y que muchos emprendan el rumbo hacia la verdad que les han ocultado. Espero que no dure mucho el movimiento pendular del bipartidismo y los desafectos, despistados y engañados se libren de las cadenas con las que han trancado su pensamiento. Allí tienen que estar los que en los años de la mentira mantuvieron la lumbre de la crítica encencida.
Juan L. Pérez
diciembre 26, 2011
Así lo espero yo también. Que ‘Vini, vidi, vinci’ de paso a ‘Alea jacta est’.